Jantour

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Los olivos enmarcan una vista del pueblo navarro./Patxi Uriz
Los olivos enmarcan una vista del pueblo navarro. / Patxi Uriz
Gastroturismo

La cuna de la variedad de aceituna Arróniz y las conservas enriquecen la visita a la comarca próxima a Estella

ELENA SIERRA

Conservas, desde luego. La huerta navarra es famosa, y no solo por los espárragos. O por los pimientos. La nómina de verduras y hortalizas es amplia y quien más quien menos es capaz de decir unos cuantos nombres. Pero lo que no todo el mundo sabe es que el aceite de oliva imprescindible para cocinar o aliñar todas esas cositas también puede provenir de la misma comunidad. O mejor dicho: que el aceite de oliva virgen extra también se produce en Navarra, la zona más al norte de Europa en la que se hace el oro líquido.

Tierra Media

Cómo llegar
Arróniz se encuentra a 16 kilómetros al sur de Estella.
Webs
www.arroniz.org y www.turismo.navarra.es.

Y que además se hace, en algunos casos, con una variedad de aceituna de la Zona Media, que los expertos dicen que «posee un ciclo vegetativo corto, ya que se produce en olivares de floración tardía y maduración media. Es una variedad que ofrece, además, un alto rendimiento graso y que se caracteriza por la presencia de un gran número de antioxidantes vegetales que permiten una larga vida al producto final. Su aceite es frutado medio alto con notas amargas y picantes, muy equilibrado y aromático».

La olivita se llama Arróniz y en el Trujal Mendía, que está situado en el pueblo del mismo nombre, muy cerca de Estella, se puede realizar una visita de las instalaciones, hacer algunas preguntas para satisfacer la curiosidad y comprar algunas botellas. La cooperativa, que es la asociación de 22 antiguos trujales de la Zona Media, ha cumplido ya los 25 años y con sus más de cuatro mil socios –y con la elaboración de la mitad del aceite navarro– presume de ser el 'molino' más representativo de la Comunidad Foral. Lo que tiene de interesante de acercarse al aceite de Mendía es además que, al cruzar la carretera, hay un pabellón en el que las conservas son las reinas. Conservas Iturri, una conservera de corte familiar y artesanal, es un paraíso para adquirir a buen precio todo tipo de productos de la tierra.

Edificios blasonados

Allí están los espárragos y los pimientos, pero también el cardo, los guisantes, las pochas envasadas solitas o con verduras; las alcachofas, los puerros, las acelgas, los hongos... Hay mermeladas y confituras, zumos, encurtidos, de todo y todo natural, porque comer de lata o de bote no tiene por qué hacerle daño a la dieta. Allí pueden encontrarse también los productos de la marca Ékolo, para los que están acostumbrados a buscar el certificado ecológico.

Del pueblito de Arróniz, la villa que fue señorío nobiliario, hay referencias escritas desde el siglo XI y su parroquia, la de San Salvador, es de dos siglos más tarde. El paseo sirve para descubrir algunos edificios blasonados y algunas callecitas con encanto, para subir y bajar algunas cuestas y ya en las afueras, para ver un yacimiento arqueológico en el que se ha encontrado cerámica de la Primera Edad del Hierro.

Si lo que se quiere es hacer un poco de monte, ahí está el camino a la ermita de San Ciprián de Montejurra, un recorrido de algo más de dos horas que parte de la ermita de Mendía, bordea la facería (terreno de aprovechamiento comunal) de Aranbeltza, llega hasta la fuente del Toro de Arellano y, pendiente mediante, sube para tener unas buenas vistas de la zona.

Palacio del pacharán

A menos de un cuarto de hora en coche, la localidad de Dicastillo tiene también su conexión con Montejurra y su pasado medieval y merece una visita, pero si se trata de unir excursiones y comida (y bebida) hay que hablar del pacharán. El palacio neogótico que la condesa de la Vega del Pozo mandó construir en el siglo XIX siguiendo modelos de las mansiones inglesas es desde hace tiempo bodega de este líquido rosado y dulzón (el del Zoco). Las endrinas con las que se trabaja son cien por cien navarras, no de importación; han desarrollado sus propios arbustos –injerto de endrino y ciruelo– y los han repartido por la comunidad para obtener el mejor fruto.

Un paseo por las instalaciones, un taller de cata y unas nociones de coctelería son los ingredientes de una visita que dura cerca de dos horas y para la que hay que reservar hueco a través de su página web: pacharanzoco.com/visita-la-destileria.

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