Ciguatera, otra amenaza llegada del mar

Ciguatera, otra amenaza llegada del mar

Sanidad alerta sobre el aumento de una nueva intoxicación alimentaria provocada por el pescado, la ciguatera, rara en los mares de Europa, pero en plena expansión

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Si cree que vamos a desaconsejarle comer pescado, se equivoca. Los peces deben formar parte de la columna vertebral de nuestra dieta y cuanta más variedad de especies ingiera, mucho mejor para usted. Ahora bien, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), un órgano dependiente del Ministerio de Sanidad, ha lanzado una nueva alerta sanitaria en torno a una nueva intoxicación procedente del mar, la ciguatera. Como siempre, hay una buena y una mala noticia.

La buena es que se trata de una intoxicación poco común y más propia de bichos que viven en aguas templadas como las del Caribe o el Océano Índico. La mala es que la alerta en Europa se justifica por la aparición de cada vez más casos, especialmente en las capturas procedentes de las islas Canarias y el archipiélago de Madeira. Si compra género en lugares de confianza, no tiene nada que temer, pero si se mete para el cuerpo cualquier cosa, sepa que pueden surgir complicaciones.

Los peces causantes de la intoxicación por ciguatera acumulan unas toxinas resistentes al frío y al calor que no hay manera de acabar con ellas. Ni sometiéndolas a las altas temperaturas del cocinado ni con las bajas del mejor congelador. Es por ello que a día de hoy, la única manera de evitar la contaminación por este tóxico es evitándolo. No hay más, según confirma el médico nutricionista Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). No hay olor, sabor, ni color que alerte de su presencia, salvo que se practiquen exámenes de laboratorio.

Síntomas paradójicos

Por desgracia, los comensales suelen saber de ella cuando el bicho que la causa ya ha invadido su organismo. Una mala experiencia, sin duda, porque la ciguatera se manifiesta con vómitos, mareos, diarrea y, lo que es peor, síntomas cardiovasculares y neurológicos tan desagradables y tramposos que pueden llevar al especialista a sospechar erróneamente que se trata nada menos que de una esclerosis múltiple. «Existen tres variantes de toxina, pero las tres tienen la capacidad de dañar el canal del sodio de las células, que facilita la contracción y la relajación de los músculos. La situación que provoca es por ello muy similar a la de un ataque epiléptico», detalla Aranceta.

La toxina tiene además efectos paradójicos. Hay personas a las que les produce taquicardias, de tal modo que su ritmo cardiaco se acelera con el consiguiente riesgo de muertes súbita, y en otros braquicardias, que es el fenómeno contrario. El ritmo del corazón se ralentiza y uno tiene sensación de síncope, de debilidad, mareo, pérdida de conocimiento... Otro síntoma curioso de esta enfermedad es la llamada sensibilidad paradójica, en la que las sensaciones se invierten. Uno se quema al contacto con el hielo y tiene la sensación de quedarse helado al tocar algo caliente.

El número de afecciones, por suerte, es limitado. El mundo, en función del ejercicio, registra de 10.000 a 50.000 casos al año, de los que sólo unos 250 terminan en muerte. Lo que sí existen son los suficientes controles en las lonjas de pescado como para prevenir la enfermedad. El ejemplar de la pescadería está revisado, libre de toda contaminación. El gráfico que acompaña esta artículo, elaborado con información del Gobierno de Canarias, indica las especies en las que hay que tener más precaución y a partir de qué peso, un dato que es también importante.

Enfermedad recurrente

La normativa vigente, en las zonas endémicas, obliga a vender los pescados sospechosos sin cabezas ni vísceras, las partes donde más toxina se acumula. También pueden aparecer en el músculo, pero resulta menos probable. ¿Cómo llega hasta los humanos? Muy fácil. El microbio de la ciguatera parasita algas de los arrecifes de coral. Esas plantas sirven de alimento para los peces más pequeños, que a su vez son devorados por pescados más grandes. ¡Ya está!

Por eso, si se va de viaje es importante saber qué se come y dónde se come. La ciguatera tiene tratamiento y se supera. Pero a veces, restos de ese microbio tan rebeldemente fuerte se acantonan en los músculos de las personas y, pasado el tiempo, vuelven a dar guerra. Es para pensárselo.