Artiach, la galleta de Bilbao

Galletas de Artiach, ilustración extraída de un anuncio en prensa de 1928./
Galletas de Artiach, ilustración extraída de un anuncio en prensa de 1928.

Esta empresa nacida en 1907 ha endulzado a varias generaciones con creaciones como las María, Chiquilín o Artinata

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

En 1907, un vendedor de una panadería bilbaína se encuentra en un apuro. Lleva tiempo dándole harina a crédito a uno de sus clientes, el señor Isasa, y teme que se enteren su padre y su primo, propietarios de la tienda. Siente la obligación de estar a la altura de una familia dedicada a la fabricación y comercio de harinas desde mediados del siglo XIX. ¿Qué hacer? ¿Quedar como un pardillo y confesar a su padre que ha perdido dinero o intentar darle la vuelta a la situación? Dicho y hecho, este comercial veinteañero decide asociarse con el moroso y al menos, participar en su negocio para encauzarlo. Se dedicará a elaborar galletas y la sociedad, creada el 5 de abril de 1907, se llamará Isasa y Artiach.

111 años después es irremediable no asociar el apellido Artiach al dulce sabor de las galletas, pero esta unión fue tan fortuita como la falta de liquidez del dichoso Isasa. Los Artiach se habían dedicado siempre a la molienda y la panadería, una actividad alejada del mercado galletero, mucho más delicado y dependiente de un público con elevado poder adquisitivo.

Con lo que tenían les iba muy bien, tal y como atestigua el hecho de que en 1902 los hijos y sobrinos del patriarca, Juan Cruz Artiach, crearan Harino Panadera S. A. con tres fábricas de harina en Bilbao y Arrigorriaga y varias panaderías, entre ellas una en la calle Tendería y otra en la plaza de la Encarnación de Atxuri.

Nuestro protagonista, Gerardo Joaquín Artiach Gárate, nacido en Begoña en 1884, trabaja en ese último despacho cuando se le ocurre de asociarse con su arruinado cliente galletero. No sabemos si su padre, Gumersindo Artiach Echevarría, le echó la bronca ante semejante ocurrencia o no, pero sí que la idea de introducirse en la fabricación de galletas le debió de parecer bien, porque en diciembre de ese mismo año absorbe la empresa de su hijo y crea G. de Artiach con Isasa ya desaparecido del mapa.

El poder de las galletera

La pequeña factoría de la calle García Salazar, 84 metros cuadrados y cuatro trabajadores, pronto se queda pequeña y Gumersindo, ayudado por sus hijos Gerardo y Gabriel, se traslada a unos locales de Bilbao la Vieja, entre las calles Cantarranas y Urazurrutia. Con el rótulo de La Vasconia, Fábrica de galletas y bizcochos de G. de Artiach, la planta será capaz gracias a sus modernas máquinas de producir hasta 800 kilos de galletas al día. Una cantidad necesaria para cubrir la demanda del mercado local, cada vez más refinado gracias al auge de la burguesía bilbaína, e incluso del internacional.

Uno de los libros de recetas publicados por la firma galletera.
Uno de los libros de recetas publicados por la firma galletera.

Los Artiach, y con ellos numerosos productores de alimentos y cereales del País Vasco, se pondrán las botas exportando a ambos bandos durante la I Guerra Mundial. Con el aumento de la producción aparecen los primeros conflictos laborales, protagonizados por quienes serían la principal mano de obra de Artiach: las mujeres. En 1917 las galleteras montan la primera huelga contra los desmanes de Artiach y compañía y piden la reducción de jornada a nueve horas diarias y un aumento de sueldo. En esa época eran pocas más de 10 las mujeres en plantilla, pero en 1924 (después de otra dura huelga) serían ya 63 y en los años 40 más de 400, las dos terceras partes del total de trabajadores.

Artiach fue una de las primeras industrias vizcaínas en ofrecer puestos de trabajo femeninos y sus galleteras pronto fueron famosas en todo Bilbao y especialmente en Deusto, donde se trasladaron las instalaciones en 1922 y donde estuvieron hasta 1985, año en que pasaron a Orozko.

María y Chiquilín

Durante los años 20 Artiach comienza su expansión por toda España. Publicará anuncios en prensa proclamando las virtudes de sus productos que, gracias a la producción en masa, cada vez son más asequibles para el consumidor medio. «También la mesa del hogar modesto se ve alegrada por la presencia de la exquisita galleta María Artiach. Inmejorable y económico desayuno, María Artiach ocupa un lugar preferente en la mesa de toda persona de buen gusto», reza la publicidad. María, sinónimo de galleta redonda y dorada, será el mayor éxito de Artiach hasta después de la Guerra Civil. Una vez copado el mercado con una galleta barata y sabrosa, hacía falta algo más especial. Ese hueco lo llenará Chiquilín (a base de coco, mantequilla, miel, harina y huevos) como alternativa de lujo. En el catálogo de la empresa aparecerían más de 100 referencias: la Carlton Tea Biscuit, la Petit Beurre, Cocochu, Lilí, Digesta con harina integral, Fry Crackers y Ritz de aperitivo, Coki, Artinata, Artichoco... Estas diferentes clases de galletas son utilizadas como ingredientes en los recetarios publicados por Artiach que, con fórmulas enviadas por consumidoras, aparecieron desde los años 40 hasta los 60.

 

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