Las vaquillas suben la temperatura en el Iradier

Un joven corre delante de una vaquilla en el Iradier. /Jesús Andrade
Un joven corre delante de una vaquilla en el Iradier. / Jesús Andrade

Numeroso público aprecia el buen hacer de los recortadores y disfruta con las carreras y algún revolcón de los aficionados más valientes

María José Pérez
MARÍA JOSÉ PÉREZ

Los toros tienen que ser a las cinco de la tarde, con sol y moscas, afirman los puristas entre los puristas. Que se sepa, no se pronuncian sobre el resto de los festejos taurinos, como las vaquillas. Aquí en Vitoria, en el día de Santiago, la tradición las coloca en horario matinal. Y eso no ha impedido que en el Iradier nadie se atreviera a sentarse en los tendidos de sol y que los abanicos fueran un gran aliado para aliviar el sofoco en los graderíos de sombra, bastante nutridos en el anillo inferior. Alrededor de tres mil personas se fueron animando y disfrutando con el festejo, a medida que los jóvenes se decidían a participar en la cita.

Ha habido incluso quien se ha colocado en el ruedo con un capote. Parecía que iba a emular a los mejores matadores del escalafón, pero se ha quedado en poco más que pose. Ha sido más una cuestión de atrezo que de uso porque los capotazos han sido con una sudadera y una cazadora que, si no ha acabado con algún jirón, sí ha terminado bastante ajada. El 'trapo' ha sido arrastrado en un par de ocasiones por el suelo al ver su dueño demasiado cerca a la becerra.

Tan cerca como querían ver al animal los chavales que cada vez que se anunciaba la suelta de una res de la ganadería guipuzcoana Marqués de Saka la esperaban a 'porta gayola'. Aunque la valentía se les acababa rápido. Era intuir que aparecía por el callejón de toriles y salir corriendo hacia el centro del ruedo los más decididos y en busca de un burladero los más conservadores. Como las escasas neskas –sobraban dedos de las manos para contarlas– que se atrevieron a aceptar la invitación de bajar a la arena.

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