Con gran sabor de boca

Cécile McLorin./
Cécile McLorin.

Un fabuloso recital de Cécile McLorin Salvant puso la guinda al festival, tras un intenso dúo de Pat Metheny y Ron Carter

NATXO ARTUNDO

Con una buena entrada, aunque no un lleno absoluto, el polideportivo de Mendizorroza acogió la útima velada del cuadragésimo Festival de Jazz de Vitoria. La doble propuesta, como el resto del programa, prometía mucho sobre el papel. Y no hubo lugar para la decepción.

El dúo de gigantes jazzísticos formado por el guitarrista Pat Metheny y el histórico Ron Carter al contrabajo salió al escenario con autoridad. Buscaron una sonoridad jazzística al 100%, con una guitarra eléctrica de caja hueca y un contrabajo que Carter amplificaba con un altavoz situado a la altura de su cabeza. De esta manera, el mismo cono servía como monitor para el veterano artista, de 79 años.

Dentro de un concepto de protagonismo compartido, el amplio vocabulario y el largo recorrido musical de ambos les permiten una enorme gama de matices, lo que se reflejó en piezas tan diversas como el 'James' de Metheny, el clásico ' All The Things You Are' de Jerome Kern, en el inicial 'Manha de Carnaval' el tema de Bonfá que evidenció el amor del guitarrista por Brasil, en el ' Eighty One' de Carter o en el conocido 'Down Here On The Ground'.

En cada momento, los jazzmen se escuchan y se cuentan cosas que, desarrolladas, llegan a un público que escucha con atención. Atenta, la luthier que acompaña a Metheny desde hace años, está dispuesta a sacar una guitarra tipo Ovation con cuerdas de nylon, una acústica de escala larga o la llamativa Pikasso, con un total de 42 cuerdas. En ella, algunos juegos suenan por simpatía o se pueden pulsar como si de un arpa se tratase. Y el músico de Missouri consiguió de nuevo impactar con esta pieza única y su sonido.

Por su parte, Carter es un gran maestro que permite apreciar cómo un contrabajo puede tener a la vez peso y sutileza en su sonido. No faltaron las interpretaciones de temas como el 'Freddie Freeloader' de Miles Davis, el 'Little Sunflower' de Freddie Hubbard o el magnífico 'St. Thomas' donde Sonny Rollins subrayó los orígenes caribeños de su familia. En el concierto, fue uno de los temas más celebrados por muchos de los asistentes.

Más tarde salió a escena Aaron Diehl, al piano, con el bajista Paul Sikivie y el batería Lawrence Leathers. Enseguida, apareció ante el respetable la joven dama del jazz Cécile McLorin Salvant, con un colorista vestido, zapatos de tacón bajo y fino, de una azulón acharolado, y sus exclusivas gafas blancas de diseño de EK, con un cierto toque retro.

La dimensión de esta vocalista excede las escalas, y así lo demostró la joven artista, de 26 años, ante un público que aplaudió con ganas y satisfacción. No sólo a ella, sino a unos músicos que conocen a la perfección a la cantante, con quien trabajan desde hace años. Y además, son unos instrumentistas tan inspirados como colaboradora es McLorin, que no ejerce tanto el papel de diva como el de una pieza más del grupo, aunque sea la solista.

Desde la ópera contemporánea de Kurt Weill y Langston Hughes, con 'Somehow I Never Could Believe', o el toque más clásico de 'Devil May Care', el repertorio incluyó el 'What A Little Moonlight Can Do' de Harry Woods o el 'Wives And Lovers' de Burt Bacharach, incluido en su último disco. McLorin, que también diseñó la portada del álbum, incorporó composiciones propias como 'Underling', que en directo gana muchos enteros. Como el resto de temas, que no apunta a estándares previsibles, sino a vehículos para la expresión de un gran jazz vocal, dentro de un listado ecléctico al que la interpretación de los cuatro artistas dota de una coherencia única.

Y con detalles como 'Alfonsina y el mar', una canción de terrible trasfondo pero de una emotividad tremenda, que solía cantar Mercedes Sosa y que aborda la historia de la muerte de la poeta Alfonsina Storni.

Pero este otro final, el del XL festival jazzístico de la capital alavesa, quedará también en la memoria de muchos.

 

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