Francisco González se echa a un lado y rebaja la presión sobre la junta de accionistas de BBVA que se celebra hoy

El expresidente del BBVA, Francisco González, en una de sus últimas comparecencias en público./reuters
El expresidente del BBVA, Francisco González, en una de sus últimas comparecencias en público. / reuters

Advierte que lo hace con carácter «temporal» mientras avanza la investigación sobre el 'caso Villarejo'

Manu Alvarez
MANU ALVAREZ

El expresidente de BBVA Francisco González ha decidido echarse a un lado y renunciar «de forma provisional» a los cargos de presidente honorífico de la entidad financiera y de la fundación del banco, según anunció él mismo en una carta que remitió ayer al actual presidente, Carlos Torres. González ha tomado esa decisión, asegura en la misiva, para «evitar que se utilice mi persona para dañar a la entidad», que se encuentra inmersa en una complicada situación desde que trascendieron los supuestos espionajes encargados por el banco sobre altos cargos del Gobierno de Zapatero, instituciones de supervisión y empresarios que eran considerados 'hostiles'.

La decisión de González, que cree ser víctima de «una agresión mediática derivada de las investigaciones policial y judicial, sobre un caso de gran repercusión periodística», tiene un efecto decisivo. Puede establecerse el paralelismo con una olla a presión, en la que empiezan a surgir dudas sobre su resistencia cuando ya ha alcanzado una alta temperatura y alguien levanta la válvula de seguridad. Hay un ligero estruendo, pero evita el riesgo de que la olla salte en mil pedazos. Ayer, Francisco González levantó la válvula.

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El escándalo estalló a principios de año, después de que se filtrasen las supuestas actuaciones del excomisario José Manuel Villarejo, contratado por el BBVA entre los años 2004 y 2018, para unos trabajos que no han sido suficientemente aclarados. Entre los hechos admitidos ya por la entidad figura que estos encargos supusieron el desembolso de algo más de seis millones de euros por parte del banco, que fueron a parar a sociedades controladas por Villarejo.

Argumenta que con su renuncia quiere evitar que se utilice su persona «para dañar a la entidad»

En manos de los jueces

En su carta, González rechaza cualquier actuación ilegal por su parte y apunta que «la existencia de una investigación judicial abierta es un elemento adicional muy importante en la averiguación de lo ocurrido, que nos ayudará a conocer la verdad». Así, da a entender que su renuncia «provisional» a los cargos que aún ostentaba en el BBVA está ligada precisamente al desenlace de las investigaciones judiciales, en las que espera que su nombre quede completamente al margen de cualquier sospecha.

Fiel a su estilo directo y muchas veces alejado de la diplomacia, el expresidente envió ayer varios 'recados' en su escrito, dirigidos precisamente a quienes más le han atacado en los últimos meses. Así, al hacer un catálogo de las «situaciones difíciles» que ha tenido que superar al frente de la entidad, recuerda los primeros compases teñidos por «las cuentas secretas del año 2000», en una alusión directa al antiguo consejo de administración del BBV. Tampoco ahorra dardos al criticar las presiones de las que fue objeto para participar en la privatización de Bankia y en la constitución del 'banco malo' inmobiliario, Sareb. Y con la mira telescópica puesta en la diana del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero -alguno de cuyos miembros fueron objeto de escuchas telefónicas-, González recuerda el «intento de Sacyr de apropiarse del banco, con la colaboración inexplicable de una parte del Gobierno, que no salió en defensa de la institución como era su deber».

Carlos Torres se resistía a tomar decisiones antes de que culminase la investigación

Desde numerosos sectores se había criticado la pasividad del consejo de administración de la entidad, a quienes se reclamaba un gesto para desligar la imagen del banco de hipotéticas irregularidades cometidas por González. Sin embargo, la cúpula de la corporación y en especial su presidente, Carlos Torres, están convencidos de que no deben variar su hoja de ruta. Esto es, que deben respetar el proceso de investigación interna encargado a las firmas Garrigues, Uría y PWC, antes de adoptar cualquier decisión. Torres ya llegó a mojarse en público en una comparecencia ante los medios de comunicación, al señalar que había hablado con el expresidente del banco y que éste había negado cualquier actuación ilícita durante su mandato. «Yo le creo», dijo el actual presidente, para justificar que el consejo haya optado por la prudencia.

Desde diversos sectores se reclamaba al consejo la retirada de los cargos honoríficos de González

No hay pruebas

Fuentes consultadas por EL CORREO aseguran que, al menos hasta ahora, la investigación interna no ha arrojado datos concluyentes. Esto es, no hay forma de acreditar que el expresidente de la entidad hubiese ordenado realizar los trabajos de espionaje y ni siquiera que tuviese un conocimiento real de lo que Villarejo hacía para proporcionar informes al banco. Un contexto, añaden, en el que Carlos Torres se resistía a tomar cualquier decisión que sembrase dudas sobre la gestión de su antecesor. El anuncio realizado ayer por Francisco González supone un claro alivio para Carlos Torres y le permite estirar la estrategia de máxima prudencia que ha elegido. Las voces más críticas reclamaban un gesto claro del consejo y, en concreto, la retirada de la presidencia de honor que le había sido concedida a González a mediados del pasado diciembre.

El presidente del BBVA, Carlos Torres.
El presidente del BBVA, Carlos Torres. / ignacio gil

Pese a todo, incluso con esta leve descompresión que supone la renuncia de González, la junta que reunirá hoy en el Palacio Euskalduna de Bilbao a miles de accionistas del BBVA, estará presidida por la sombra del excomisario José Manuel Villarejo, que se encuentra en prisión provisional en la cárcel de Estremera. Todo apunta a que serán numerosas las intervenciones que, dentro del capítulo de 'ruegos y preguntas', estarán centradas en el escándalo que rodea al banco, en las supuestas irregularidades y también en la gestión del consejo de administración.

Uno de los puntos que hoy se someterá a votación en la junta será precisamente el de la reelección de Carlos Torres como consejero del banco por un periodo adicional de tres años. Nadie duda de que se aprobará con un amplio margen de votos, aunque ese recuento se convertirá en uno de los focos de atención. La sospecha es que puede concitar un número de votos en contra inusualmente elevado para una reelección que, inicialmente, estaba planteada como un mero trámite.

BBVA estudia unificar la marca en todos los países

BBVA Francés, en Argentina; BBVA Bancomer, en México; BBVA Compass, en Estados Unidos; o BBVA Continental, en Perú. Son algunas de las denominaciones que la corporación presidida por Carlos Torres tiene en muchos de los países donde se encuentra instalada, pero cuya marca comercial podría ser única, sin el apellido nacional correspondiente: BBVA. A secas. Como ocurre en España. Esa es la intención que tiene el grupo, tal y como ha reconocido ante el regulador bursátil argentino. En ese caso, BBVA Francés ha remitido una comunicación a la comisión de valores de ese país en la que explica que «como consecuencia de la decisión del holding, en BBVA Francés se ha iniciado una transición a la marca global 'BBVA', lo que implica que todos los activos identificados con marcas locales pasarán a ser identificados con la marca única 'BBVA'». En cualquier caso, BBVA estudia en estos momentos «país por país» la mejor fórmula para desarrollar esta nueva estrategia, que mejora la reputación al tener el respaldo de la matriz, pero que puede conllevar la propagación de riesgos en caso de crisis en uno de sus países.

Arenillas, exnúmero dos de la CNMV, se suma a las querellas

La vertiente judicial en torno a los supuestos trabajos de espionaje financiados por el BBVA adquiere una mayor dimensión. Ayer se supo que el exvicepresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, CNMV, Carlos Arenillas, ha presentado una querella relacionada con este asunto. Él es uno de los altos cargos que supuestamente fue vigilado en 2004, dentro de las operaciones que se realizaron para detener el asalto de Sacyr al accionariado y también a la cúpula del banco. En aquellos momentos se interpretaba que Arenillas estaba dispuesto a facilitar la operación que patrocinaba Luis del Rivero, para acumular un paquete de acciones significativo del banco.

La querella que ha presentado Carlos Arenillas está dirigida contra el excomisario Villarejo, también contra el exjefe de seguridad del banco, Julio Corrochano -que actuaba de enlace entre el policía y la entidad-, y el expresidente Francisco González.

En el escrito presentado en el juzgado de la Audiencia Nacional que investiga la causa, se apuntan los posibles delitos de intervención de las comunicaciones llevada a cabo por un funcionario público, apoderamiento de secretos de empresa, delito contra el honor y coacciones. Esta iniciativa judicial se suma también a las demandas que, en una línea similar, ya han presentado en la Audiencia Nacional el exministro Miguel Sebastián; el expresidente de Sacyr, Luis del Rivero; el exvicepresidente de BBVA, José Domingo Ampuero; y el exdirectivo de la entidad y consejero de Sacyr Vicente Benedito.