Érase una vez

Érase una vez
TINO REY

Érase una vez en el año 1941 un Campeonato de Parejas que se inició a regañadientes por las empresas que concentraban el mercado manista y bajo la indiferencia de la familia pelotazale. Muy pocos llegaron a creer en su poder de convocatoria y hubo muchos medios de comunicación que mostraron su rechazo a una competición novedosa y que venía a romper la rutina programática carente de aliciente alguno.

Sin embargo, los frontones se llenaron y los partidos constituyeron un auténtico éxito. Los primeros campeones fueron Onaindia y Urcelay, que hicieron doblete en 1943. Dionisio Onaindia, nacido en Gernika y al que los aficionados le apodaban «Nerón» y el «Virtuoso», era un delantero con duende y de sus manos salían jugadas armoniosas.

Dos años más tarde lograron las txapelas Txikito de Iraeta y Urcelay. Y hasta 1961 no se volvió a disputar el campeonato. Los hermanos de Arrasate, Arriaran III y Arriaran II, se impusieron a Ogueta y Etxabe X en un partido capitalizado por varios incidentes, como la lesión que sufrió el «ciclón» alavés, que lo tuvo apartado de las canchas durante casi tres años.

Fue el punto y final. Empresas Unidas, que ejercía un monopolio flagrante, mandó el Parejas al baúl de los recuerdos diecisiete años. En 1978 se despertó de su largo sopor y volvió a relumbrar en las canchas para disfrute de los pelotazales, que abarrotaron los frontones.

Aquel año, Antxon Maiz y Elías Piérola se impusieron con contundencia (22-14) a Retegui I e Iñaki Aldazabal. La humedad, dicen algunos, benefició a los vencedores, que supieron nadar y guardar la ropa en un escenario encharcado en el que nunca se debió jugar el partido. Ese día el guardaespaldas de Aranaz se erigió en un baluarte infranqueable en los cuadros largos.

Antxon, que cerraba su tarjeta muchas tardes sin acusar un solo saque, hincaba las rodillas en el suelo de la cancha para restar cuando la pelota se metía en pared y errar dos pelotas como máximo. Se convirtió en un auténtico seguro de vida para sus compañeros. Se le puso como mote «Gigante de Aranaz» por su enorme estructura corporal ya que le colgaban dos brazos de grandes dimensiones. Cuatro títulos más subiría a su palmarés, erigiéndose como el mejor zaguero de la historia del campeonato.

Con otros cinco entorchados se encuentra la leyenda viva, Julián Retegui, que en sus emparejamientos siempre llevó a jóvenes promesas que aún estaban en proceso de formación. El de Erasun mientras estuvo en pleno vigor el «atxiki» hacía estragos, aunque siempre sostenía que «el Parejas no es santo de mi devoción, mi objetivo es el Manomanista».

Con otras cinco txapelas se encuentra otro navarro más, Martínez de Irujo, que en la primavera de 2016 anunció su adiós por una grave dolencia cardíaca. Nadie ha llenado su ausencia. Su juego incendiario, solvente, rompedor y transgresor, se lo llevó para siempre. Mandaba a la lona a sus rivales con un soplo de inspiración. Dando siempre lo mejor de sí mismo. Siempre te echaremos en falta, Juan.

Estos son los tres pelotaris más distinguidos del Campeonato de Parejas en su versión moderna. Antxon Maiz, Julián Retegui y Martínez de Irujo. Con encomiable arrojo deleitaron a la afición con un juego total y de riesgo que convulsionó las gradas. Todas sus actuaciones fueron pura vibración. Cada uno con su forma particular de entender la pelota se ha ganado por derecho propio un sitio en la historia de oro del campeonato.

 

Fotos

Vídeos