El tamaño del Sky empequeñece al Tour

Geraint Thomas ganador del Tour de Francia 2018./AFP
Geraint Thomas ganador del Tour de Francia 2018. / AFP

Thomas le da el sexto triunfo en siete años y confirma una hegemonía que rebaja la emoción de la carrera

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAParís

El Sky invadió París. Otra vez. Junto al galés Geraint Thomas, ganador de esta edición, estaba en el podio final su compañero Chris Froome, tercero. Sólo el holandés Tom Dumoulin, segundo en el Giro y segundo en este Tour, ponía otro color. La edición 2018 ha tenido ciclistas de entidad, como los del Sky, Dumoulin, Roglic, Kruijswijk, Bardet y Mikel Landa, séptimo al final. Ha disfrutado con el atrevimiento de Alaphilippe, rey de la montaña, y con las mil versiones del corredor más espectacular, Sagan, vencedor de tres etapas y por sexta vez maillot de la regularidad. Ha sido un Tour de nivel, pero sin apenas emoción.

Cuando al Sky le titubeó Froome, recurrió a Thomas, al que nadie ha puesto contra las cuerdas. El Sky manda en la ronda gala desde 2012. A su antojo. No se puede culpar al equipo británico por ser más poderoso, más innovador y más rico, ni por ser más eficiente. Pero el Tour se resiente. Tanto cálculo, tanto control y tan poca pasión. La carrera se ha convertido en una cuestión casi privada del Sky. Y sin pelea, sin incertidumbre, el público se aburre y se aleja. Sin él, no queda nada. El ciclismo, un deporte que cala en la gente, se puede permitir casi todo, hasta recaer cada poco en escándalos de dopaje. Siempre sale a flote. Lo que tiene prohibido es defraudar al público. El aburrimiento duerme. Hora de la siesta. Bajan las audiencias. Se apagan los ojos y la televisión.

¿Y si Thomas no corriera en el Sky? ¿Habría ganado el Tour? ¿Habría vencido a otro líder del equipo británico? Dave Brailsford, mánager del Sky, recogió las cenizas de ciclismo en pista de Gran Bretaña y arrasó en los Juegos Olímpicos de 2008, en Pekín. Creó un modelo, aplicó un método, se rodeó de los mejores especialistas en cada área, obtuvo más financiación que nadie, contrató a las estrellas de hoy y a las de mañana, y se fijó una nueva meta. La más elevada. El Tour. Nunca un británico lo había conquistado. Hoy no lo sueltan.

Equipo SKY
Equipo SKY / AFP

El Sky de Brailsford lo cambió todo. Desde 2012, desde la victoria de Bradley Wiggins, el equipo británico se ha quedado con la ronda gala: Chris Froome venció en 2013, 2015, 2016 y 2017. Ahora el elegido ha sido Thomas, el clon de Wiggins, otro dorsal que se ajusta a la perfección a la escuela británica basada en el velódromo. El Sky ha pasado de dominar la pista, mundo horizontal, a mandar en el mundo vertical, en los Alpes y los Pirineos. De los siete últimos Tours, seis son suyos. Froome vino a esta edición condicionado por su resultado adverso en un control antidopaje en la Vuelta a España 2017. Días antes de la salida en la isla de Noirmoutier fue absuelto. Parte del público no le perdona. Duda de él y del Sky. Thomas, de rebote, también ha sido abucheado. Molesta esa absolución y también su dominio. A Wiggins le relevó Froome, ahora está Thomas y viene el colombiano Egan Bernal, pletórico con apenas 21 años.

Froome, que parecía imbatible tras ganar el Tour 2017, la Vuelta 2017 y el pasado Giro, no ha podido con el doblete Giro-Tour en la misma temporada. Ni el Sky ha conseguido subir tan alto como Pantani en 1998. Eran otros tiempos, más veloces, más adulterados. «Nuestro palmarés resistirá el paso del tiempo», decía Froome y dice ahora Thomas. El Sky cuida como nadie los detalles. Ha dado un paso gigante en preparación, higiene y estructura. Merece el éxito que cosecha. Pero su deporte se resiente. Si un equipo de fútbol gana siempre por goleada, la Liga pierde interés. ¿Hay que imponer un techo de gasto en las escuadras?

Una victoria sin fisuras

La de Thomas ha sido una victoria sin fisuras. Al Sky le vino bien hasta la caída inicial de Froome, trompicado en la primera etapa. Ese día perdió 51 segundos. Thomas tomaba el mando, aún en voz baja. El cuarto día tropezó el gran rival, Dumoulin. Cuando se le partió una rueda entró en pánico camino del Muro de Bretaña. Se puso a rebufo de un coche para enlazar. Maniobra irregular. En la meta cedió 53 segundos, más 20 de sanción. Paso atrás. De alejar a Primoz Roglic, una de las sensaciones de la ronda, se encargó la contrarreloj por equipos. El Sky batió al Lotto-Jumbo por 1 minuto y 11 segundos. De Mikel Landa se ocupó aquella caída entre tramos adoquinados. Ese día, el alavés no perdió tiempo, pero llevaba la cornada dentro. Lo pagó en los Alpes. Landa y Bardet, que no ha estado a su mejor nivel, son de los pocos con agallas para atacar a la antigua, de lejos. Se atreven al todo o nada. Sin ellos, el control del Sky fue mucho más sencillo.

Geraint Thomas celebra con su esposa, Sarah Elen Thomas
Geraint Thomas celebra con su esposa, Sarah Elen Thomas / EFE

Y algo más: Thomas lo hizo todo bien. Entre los favoritos fue el único sin un fallo. Y el que más bonificaciones sumó. Se mostró superior en los Alpes: ganó en La Rosiere, con 20 segundos sobre Dumoulin y un minuto sobre Roglic. Repitió en Alpe d'Huez. Victoria de amarillo. La mejor imagen. El anuncio de su triunfo final. Quedaban los Pirineos, menos elevados que los Alpes. La etapa breve, la del tremendo Portet, acabó con victoria de Quintana, en su único día grande, y con Thomas pegado a la chepa de Dumoulin. Y en el último combate en la montaña, Landa y Bardet salieron a dinamitar la carrera en el Tourmalet. Pero estaban lo suficientemente lejos en la general como para que al Sky no le temblara el pulso. Fue el compacto Lotto-Jumbo, el equipo de Roglic, el que apretó para cazar a Landa. Luego, Roglic sí estiró hasta el límite la resistencia de Thomas en el Aubisque, cuesta final del Tour. El galés pedaleaba sobre la oportunidad de su vida. No la soltó.

Ha manejado esta edición. Incluso frenó en la contrarreloj final para cederle el triunfo a Froome. Fue lo único que no le salió al Sky como tenía previsto. Por su segundo se les adelantó Dumoulin. «Volveré más fuerte», avisa el holandés. Eso dice también Roglic. Y en eso confían escaladores como Landa y Bardet. No saben quién será su rival en el Tour 2019, si Froome, Thomas o ya Bernal. Lo que tienen todos claro es que para conquistar París tendrán que batir al imbatible Sky, el maillot que ocupa tanto que ha empequeñecido al mismísimo Tour, la carrera que puede con todo menos con la monotonía.

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