NBA

La final que impiden las normas

El entrenador de Golden State Warriors Steve Kerr habla con el jugador Stephen Curry. /PETER FOLEY
El entrenador de Golden State Warriors Steve Kerr habla con el jugador Stephen Curry. / PETER FOLEY
Línea de pase

Houston y Golden State demuestran que deberían de protagonizar la lucha por el anillo pese a pertenecer ambos al Oeste

ÁNGEL RESA

Después de tres cuartas partes de competición, la NBA muestra las cuentas claras y el chocolate espeso. El primer apartado del dicho popular lo certifican cuatro equipos, dos por conferencia, que sacan muchos cuerpos de ventaja a los que lucirían la medalla de bronce. Los sólidos Raptors con fondo de armario y los orgullosos Celtics lideran el Este sin dejar opciones a que Cleveland los alcance. Al otro lado de ese país de tamaño continental dominan Houston y Golden State, inalcanzables para un pelotón que los divisa con prismáticos. La densidad de la que habla la segunda parte del refrán se debe a un embotellamiento, en ambos sectores geográficos, propio de las carreteras atestadas en la operación salida de vacaciones.

El lío por ganar la posición es tal que hasta los Cavaliers del rey LeBron han de vigilar por el retrovisor incluso a Miami, que cierra el acceso a las eliminatorias a una distancia de cuatro triunfos y medio. Vamos, que el vigente subcampeón aún puede encarar el primer cruce con el factor cancha en contra. Washington, Indiana y unos Bucks que deberían de rendir mejor pretenden abrirse huecos bajo el aro a codazos. Lo mismo cabe mencionar sobre el Oeste, donde cinco victorias y media separan a Minnesota (tercero) del defensivo Utah, fuera ahora de los ‘play off’. Se prevén mordiscos entre ellos, San Antonio, New Orleans, Oklahoma City, Clippers y Denver en el mes y medio que resta para concluir la fase regular.

El aparente despegue de las franquicias orientales al comienzo de la campaña advirtió sobre una posible corrección del enorme desequilibrio reinante durante demasiadas campañas. El ‘retorno’ de clubes como Pacers, Milwaukee y Sixers, unido a la decadencia de Memphis por ejemplo, contribuían a nivelar la balanza mediante un incremento de poderío en el Este. Pero con el 75% del torneo ya celebrado no hay argumentos que soporten el embuste. Es cierto que Toronto, Boston y unos Cavaliers un paso por detrás que otros años disputarían con absoluta dignidad la final de la NBA. Pero los datos no engañan. Hasta diez conjuntos del Oeste, todos con posibilidades de acceder a la postemporada, presentan balances positivos. Mientras que sólo ocho del Este pueden presumir de lo mismo.

De hecho, si el inquieto comisionado de la Liga fuese adelante con algunas de las propuestas que ha enviado a la nube, tal vez la pugna por el anillo habría de corresponder a Warriors y Rockets. Adam Silver ha apuntado la idea de que disputen las eliminatorias los dieciséis mejores equipos del torneo y no, obligatoriamente, ocho de cada conferencia. En el caso de aprobar algún día tal modificación y de trasladar la tabla actual a mediados de abril, a la batalla por el título de 2018 ingresarían diez clubes occidentales y sólo seis orientales. Sencillamente porque, salvo esas sorpresas que el deporte siempre recibe bien, cuesta intuir adversarios que rivalicen con el potencial del campeón californiano y el candidato de Texas.

Houston lo tiene casi todo al añadir una mejorada defensa colectiva a su asombrosa fe en el baloncesto lejano y a Golden State nada le falta. Los Warriors juegan como ningún otro grupo sin la pelota por el movimiento continuo de sus hombres, su amor al pase y la conversión en arte de las puertas atrás. Si montan una carpintería se forran. Tiradores de calidad extrema, veteranos con la sabiduría táctica embutida en la cabeza, bastante equilibrio entre el ataque y la defensa cuando los guerreros se empeñan atrás y hasta la mala leche de los líderes en técnicas: el incorregible ideólogo defensivo Draymond Green y el cada vez más picajoso Kevin Durant, tal vez el ‘tres’ certero más elegante sobre la tierra. Y, por encima de todo, el cuadro que ha vencido dos de las tres últimas Ligas es único desguazando partidos, con el relativo permiso también de los Rockets. A Golden State le bastan suspiros para romper bisagras y derribar portones, como demostró recientemente en la visita de Oklahoma City. Un parcial demoledor de 42-14 en los últimos dieciséis minutos hizo añicos el jarrón de los Thunder que se creía recio y era de porcelana.

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