El surf parecía muy hippie y tolerante, pero ha dejado a las chicas de lado hasta hace poco

Garazi se ha proclamando campeona de España de surf en los dos últimos años. /EL CORREO
Garazi se ha proclamando campeona de España de surf en los dos últimos años. / EL CORREO

Las mujeres llevan mucho tiempo surcando las olas, aunque en la liga profesional, donde muchas aspiran a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, han cobrado la mitad que ellos durante muchos años

Itsaso Álvarez
ITSASO ÁLVAREZ

Hace más de 90 años que el surf comenzó a ser practicado por mujeres. «Unas pocas valientes, como Marge Calhoun, madre de surf moderno, han pasado a la historia por abrir las puertas a millones de amantes de este deporte», señala Laura Vilchez, surfista, social media manager y miembro de la International Surfing Association (ISA). Calhoun llegó a ser incluida en el denominado, como un símil al hollywoodiense, 'Paseo de la fama del surf' en Hunfington Beach (Los Ángeles, California), por su aparición en diferentes películas ligadas a este deporte. Esta californiana empezó en el mundo del surf en Malibú en 1955. Trabajaba como doble en películas de acción en los años 50 y 60 y apareció en películas vinculadas al mundo del surf. En 1958 ganó el Makaha Internacional y en el 2003 fue incluida en el paseo de la fama de Surf en Huntington Beach. Otra pionera fue Isabel Letham (1899-1995), una instructora de natación considerada por muchos como la primera mujer que se subió a una tabla de surf de tradición hawaiana en 1915 en la playa Freshwater de Sydney. Está también Mary Ann Hawkins (1919-1993), la surfista más destacada de la década de los 30, con tres victorias consecutivas en la Pacific Coast Women's Surfboard Championships (en 1938, en 1939 y en 1940). Toda una leyenda del surf moderno que las crónicas describieron como «una mujer con figura y aspecto de una estrella de cine y la gracia personificada en el agua».

Y conviene citar también a Margo Oberg (1953), la primera que se dedicó de manera profesional a esta disciplina; cosechó numerosas victorias y de manera no oficial fue coronada en 1976 y 1977 como la «Women's World Champion». Sin olvidar a Rell Sunn (1950-1998), una de las mujeres más influyentes encima de una tabla durante el siglo XX y una de las fundadoras de la Asociación de Surf Profesional Femenino. También fue la primera mujer socorrista que hubo en Hawai. En 1975 fundó el circuito profesional de surf femenino y en 1982 ocupaba el primer puesto en la clasificación profesional en el mundo. Un año después, durante un circuito profesional en California, Rell notó un pequeño bulto en su pecho. Con tan solo 32 años y en la cima de su carrera los médicos le diagnosticaron un cáncer de mama muy avanzado. A los 47 años, cuando la situación de su enfermedad era ya muy crítica, Rell no quiso fallecer en el hospital y pido que la trasladasen a su pueblo natal, en Hawai, donde fue despedida por una multitud de surfistas que acompañaron las cenizas transportadas por su hija hasta el interior del océano.

Imagen de surfistas durante los años 50 en la playa de Waikiki, en la isla hawaiana de Oahu.
Imagen de surfistas durante los años 50 en la playa de Waikiki, en la isla hawaiana de Oahu. / NATIONAL GEOGRAPHIC

Las mujeres llevan mucho tiempo surcando olas y a día de hoy se ha convertido en algo natural y ya no extraña a nadie ver a chicas surfeando al mismo nivel que los chicos, realizando maniobras imposibles o tubos increíbles. No obstante, en las listas de las principales competiciones de surf, donde el número de participantes chicas es mucho más bajo que el de varones. La profesionalización de este deporte va poco a poco. Las cosas para ellas empezaron a mejorar hace cinco años. En 2014, la Asociación de Surfistas Profesionales (ASP) pasó a denominarse World Surf League (WSL) y el circuito profesional femenino, que hasta entonces había estado totalmente abandonado, comenzó a ser visto con otros ojos por la directiva y, en consecuencia, por los patrocinadores. Así, en estos años han tenido lugar dos grandes hitos para las mujeres. El primero, la inclusión de la categoría femenina en un número mayor de competiciones. Eso significó ver incluidos en el calendario torneos de clase mundial de la talla de Fiji, Maui y Trestles, donde hasta la fecha sólo tenían cabida hombres.

Y segundo, la distribución igualitaria de los premios. Antes de esto, los mejores spot estaban reservados para los hombres. La WSL reparte ya la misma cantidad de dinero a ambos sexos. Antes, los hombres percibían el doble, 12.500 dólares (11.147 euros) frente a los 6.668 (5.946 euros) de las mujeres. Hoy en día, ambos reciben la cantidad de 15.306 dólares (13.650 euros). Estos cambios fueron el impulso definitivo que necesitaba el tour femenino para conseguir una mayor participación y atraer a patrocinadores. «Cuatro años han pasado desde que se decidieran tomar estas medidas, y si hay que hacer balance, podemos afirmar que la competición ha ganado en calidad. Esto ha supuesto una gran aliciente para el autoestima de muchas mujeres que se han decantado por dar el salto al circuito profesional, bien por el suculento premio o bien por la creciente importancia de la competición. Todas quieren formar parte del mayor evento de surf del año», apunta Laura Vilchez.

Pero aparte de este circuito, hay otras citas de importancia como los campeonatos de olas grande que hasta hace tres años habían estado reservadas exclusivamente al género masculino. En 2017, surfistas de la talla de Keala Kennelly consiguieron lo que nadie esperaba, llevar a lo más alto al sexo femenino en el sruf. Esta mujer hawaiana consiguió hacerse con el primer puesto en el 'WSL Big Wave Award' tras conseguir realizar un tubo impecable en Teahupoo. En una entrevista a la revista 'The inertia', Keala declaró que para muchas surfistas no es suficiente poder competir para acallar a las masas, quieren igualdad, y poder competir al igual que los hombres en las competiciones de olas grandes. La inclusión del surf como deporte olímpico, anunciada a finales de 2016, quizás haya tenido algo que ver en el creciente interés por acercar este deporte a las mujeres y hacer de él una referencia de tolerancia e igualdad a nivel mundial.

En Euskadi son varias las surfistas de nivel que compiten en diversos campeonatos. La getxotarra Garazi Sánchez, campeona de España en 2017 y 2018, por ejemplo, para quien el surf es «una forma de equilibrio y de paz», y si es las aguas de la localidad mexicana de Barra de la Cruz, el lugar perfecto para aquellos que buscan unas grandes olas y alejarse de todo, mejor. Sus comienzos fueron muy «naturales», explica. «Pasaba los fines de semana en furgoneta con mis padres en la playa de Laga y, mientras ellos escalaban en Ogoño y hacían kayak surf, mi hermano y yo pasábamos el tiempo en la orilla con un buggy, hasta que nos empezamos a poner de pie. Recuerdo la sensación de libertad que tenía en la playa con el resto de niños. Jugábamos en el agua todo el día, sin horarios. Eso fue lo primero que me enganchó y fue una suerte descubrir este deporte», evoca. Garazi cree que, en lo que atañe a las mujeres, «el surf ha experimentado una revolución impresionante en los últimos siete u ocho años. Aún así, queda mucho por hacer. Además del aspecto económico, está lo humano. Yo he oído en algunas competiciones eso de 'como hay malas olas, que salgan las chicas'. Te lo dicen y ni siquiera les sorprende decirlo. Ahora en Australia y en América hay un horario en las competiciones y eso evita este tipo de cosas«.

Garazi Sánchez, durante un torneo que le llevó a ganar el Campeonato de España.
Garazi Sánchez, durante un torneo que le llevó a ganar el Campeonato de España. / E. C.

«Me acuerdo de una conversación que escuché de dos chicos, ambos surfistas amateurs. El primero le decía al otro 'cualquiera de esta sala me habría ganado hoy' y el otro contestó 'incluso las chicas te habrían ganado'», recuerda, por su parte, Ainara Aymat, surfista de 22 años de Zarautz, a quien le gusta en especial la playa de Lakey Peak, en Indonesia, donde se reúnen surfers procedentes de todo el mundo. «Durante años he sentido algún tipo de discriminación, pero siempre en el contexto de competición», subraya Ainara. En su caso, señala que no le ha sido difícil conseguir sponsors. «Han contactado conmigo», dice. Es curiosa la percepción que esta joven tiene de este deporte: «Mentiría si le dijera que el surf me hace sentir bien y libre y en contacto con la naturaleza, porque aunque sea verdad que de vez en cuando he tenido esa sensación, la mayoría de las veces me ha resultado un deporte muy frustrante, duro y solitario. Me alegra poder decir que desde hace un par de años el surf para mí es un extra que le ha añadido a mi vida sin que signifique todo, pero tampoco nada. He podido encontrar un equilibrio en este deporte y disfruto casi al 95%». «Me siento mejor que nunca cada vez que entro al mar», asegura, por su parte, Iara Domínguez, 19 años, natural de Irún y surfista desde los 9 años. «Entreno en el club Groseko Indarra (en San Sebastián) y en verano en Hossegor (Las Landas), en ambos sitios entrenamos chicas y chicos en un mismo grupo», explica. «En mi playa por lo menos a las surfistas nos tratan con respeto», concluye.

Iara Domínguez, de 19 años, en la playa de La Zurriola, en San Sebastián.
Iara Domínguez, de 19 años, en la playa de La Zurriola, en San Sebastián. / BILLABONG