NO QUEDA OTRA

La Emakumeen Bira no se celebrará el próximo año por falta de recursos económicos. /MAIKA SALGUERO
La Emakumeen Bira no se celebrará el próximo año por falta de recursos económicos. / MAIKA SALGUERO

Dejemos de hacerle el juego a los que mandan y gritemos ¡basta! Estamos sosteniendo un sistema que no nos tiene en cuenta

May Serrano
MAY SERRANOEscritora

A veces no queda otra que dar un golpe en la mesa y decir hasta aquí. Cuando lo intentas de una y mil maneras, cuando te das cuenta que la otra parte no tiene intención de cambiar, cuando disfrutas de lo que haces pero las condiciones son de vergüenza: no queda otra.

En 2020 no habrá Emakumeen Bira. No es fácil tomar la decisión de acabar. Son muchas ilusiones puestas en un proyecto, mucha energía, mucho tirar del carro para ver que no has llegado a ningún puerto pero las fuerzas fallan y cuando los respaldos no aparecen, no hay forma de parar y coger fuerzas, el cansancio y la impotencia hace el resto. Emakumeen Bira no está inscrita en las carreras de la próxima temporada porque no cuenta con respaldo económico. El Gobierno Vasco da 180.000 euros a la Itzulia y 8.000 a la Emakumeen Bira. Muy loco ¿no? 

Cuando empiezas un proyecto tienes tanta ilusión y ganas de sacarlo a flote que no te importa darlo todo, te «sacrificas», haces la vista gorda a algunas cosillas que no te gustan del todo, no quieres exigir, solo quieres demostrar que el proyecto es viable y que puede salir adelante.

Después de años y años dándolo todo te das cuenta de que no puedes más, que para continuar necesitas que todo el mundo se implique en la misma medida o, por lo menos, se comprometa. Si Emakumeen Bira no cuenta con el mismo apoyo institucional que la carrera masculina, ¿cómo podemos pedirle a Agustín Ruiz que siga tirando del carro y organice una carrera imprescindible para el ciclismo en el País Vasco? «Sin pasta no hay carrera», dice Ruiz. Y yo le digo que adelante, que no queda otra que ponerse tajante y decir hasta aquí.

Lo mismo que pienso cada vez que recibo un mail de Bilbao Kirolak advirtiendo que habrá paros y huelgas en las piscinas y polideportivos de Bilbao. Las trabajadoras de las empresas adjudicatarias han dicho «hasta aquí» tras meses de negociaciones infructuosas para mejorar el convenio.

Yo, que soy usuaria de las piscinas municipales, no tenía ni idea de que las personas que me atienden, cuidan y forman estaban trabajando en estas condiciones. Como la pareja perfecta que solo discute en casa veía los polideportivos con orgullo bilbaino. ¡Cuantas instalaciones! ¡Qué bien de precio! ¡Qué maravilla que podamos hacer deporte a unos pocos metros de casa! Tantas opciones... Y al escuchar el basta de las trabajadoras me da vergüenza como ciudadana que mi ayuntamiento permita que estas personas trabajen precariamente. Me indigna, que el ayuntamiento diga que no es cosa suya y ponga toda las responsabilidad en las empresas.

No queda otra que hacer paros y huelgas para que todas nos enteremos que cobran una miseria, que mientras estamos nadando en la piscina la persona que vela por nuestra seguridad cobra 7,2€ la hora. Siete euros y dos céntimos por no quitar la vista de las usuarias, por estar preparada para saltar rápidamente a rescatarnos, por saber hacer una resucitación cardiopulmonar... Me indigna y exijo al Ayuntamiento que blinde las condiciones de las personas trabajadoras en los contratos de licitación y no se queden con la propuesta más baja, sino con la más justa. Si no podemos mantener diez polideportivos tengamos solo cinco pero sin explotar a nadie. No debe de ser tan difícil, subirse los sueldos ha sido lo primerito que han hecho al renovar los cargos...

No puedo terminar la columna sin nombrar a mi heroína preferida de estos días, la futbolista estadounidense Megan Rapinoe que dice hasta aquí hemos llegado al mismísimo Trump: «No voy a ir a la puta Casa Blanca».

Sigamos el ejemplo de todas estas personas que gritan ¡basta!, dejemos de hacerle el juego a los que mandan en los gobiernos, en los ayuntamientos, en los polideportivos o en casa: hasta aquí hemos llegado, dejen de mirar hacia arriba y fíjense en las que estamos abajo. Estamos sosteniendo un sistema que no nos tiene en cuenta, nos hemos cansado y nos vamos a ir con la música a otra parte. No queda otra.