Lo femenino vs el todo

¿Desde cuándo los deportes tienen apellidos? Nunca oigo hablar de baloncesto masculino, ni de Balón de Oro de hombres. Un detalle sin importancia que hace ver que todavía estamos lejos de conseguir la igualdad

El deporte y todo lo que lleve aparejado la palabra 'femenino' parece ser una copia mala de lo que hacen 'ellos'. /EFE
El deporte y todo lo que lleve aparejado la palabra 'femenino' parece ser una copia mala de lo que hacen 'ellos'. / EFE
May Serrano
MAY SERRANOEscritora

El deporte femenino está de moda. Nadie pensaba hace unos meses que esta burbuja se iba a hacer tan grande. El fútbol femenino llena estadios, los partidos se retransmiten en televisión, la liga femenina pasa a formar parte del pastel de los beneficios y se la rifan para obtener 'dineritos' con el juego de las mujeres.

Hasta aquí todo bien o regular, porque no se ha llegado a una igualdad real aunque la dirección es, por fin, la justa pero es que a mí me duelen los ojos cada vez que leo «femenino» detrás del nombre del deporte practicado. Me pregunto desde cuando los deportes tienen apellido. Nunca oigo hablar del Athletic Masculino, ni del baloncesto masculino, ni del Balón de Oro de hombres. El deporte practicado por mujeres tiene apellido igual que todo lo que hacemos las mujeres: literatura femenina, cine de mujeres, arte en femenino, las chicas del indie...

Está el TODO, lo normal, original, bueno, y luego lo que hacemos las mujeres que, normalmente, es una copia mala de lo que hacen ellos. Los hombres se quedan con lo universal y a nosotras nos queda lo femenino, lo nuestro, lo que no representa al todo. Normal, recordemos que Dios creó a Adán y Eva salió de su costilla. El original fue él y nosotras una fotocopia a color. El hombre es el todo, el protagonista del mundo, el que hace, inventa, juega, escribe, canta y luego estamos nosotras, dos pasitos para atrás, intentando imitar de alguna manera lo que hacen ellos pero con peor suerte.

Como digo no es exclusivo del mundo del deporte, pasa hasta en medicina. En un tema tan importante como la salud, se toma como punto de referencia el cuerpo del hombre y todo lo que nos pasa a las mujeres es anecdótico. Las mujeres mueren más de infarto porque no se reconocen los síntomas del mismo. Lo que todo el mundo conoce como los primeros síntomas de un infarto son los que padecen los hombres. El dolor en el pecho y en el brazo aparece en espalda y cuello en las mujeres y va acompañado por problemas para respirar, náuseas y vómitos. Las mujeres mueren más de infarto que los hombres porque estos síntomas no se reconocen con el tiempo suficiente para ir a urgencias o porque una vez allí se diagnostican como un cuadro de ansiedad. (Una iniciativa sobre esto del Colegio de Médicos de Bizkaia)

Esto de considerarnos de segundo orden se muestra continuamente en la forma de nombrarnos, y lo que parece un detalle sin importancia es la punta del iceberg que señala que estamos todavía lejos de conseguir la igualdad. Hasta aquí mi queja de hoy, y como yo en los problemas no veo más que soluciones, propongo que si el deporte jugado por mujeres se le va a llamar deporte femenino, al jugado por hombres se le llame deporte masculino. Surf masculino, atletismo masculino, natación masculina, halterofilia masculina, karate masculino, ciclismo masculino...

¿Ridículo? Posiblemente, ya que los deportes practicados son los mismos y no existen grandes diferencias si son practicados por unos u otras. Tendremos que ir buscando una solución más acorde con la realidad ¿no? Propongo repensar estas divisiones entre masculino y femenino porque, definitivamente, se quedan muy cortas para narrar nuestra realidad.

Entender la vida en clave dual es agua pasada. Blanco-negro, día-noche, bueno-malo, hombre-mujer... reduce el mundo a una visión demasiado simplista donde queda fuera el 75% de la realidad, porque entre el blanco y el negro hay infinitos grises, entre la noche y el día está la tarde y el aperitivo del mediodía, entre lo bueno y lo malo está lo regular y entre hombre y mujer hay más de 17 géneros diferentes, cientos, ¡¡miles!! Tantos como personas. BOOOMMM

Semenya tiene demasiada testosterona para ser mujer. A Michael Phelps su cuerpo produce demasiado ácido láctico para ser un hombre. Las etiquetas de hombre y mujer se quedan muy pequeñas en nuestro mundo. Masculino vs femenino es una separación tan ilógica como triste porque deja fuera una realidad rica, diversa, maravillosa. Hagamos sitio a una nueva forma de hacer, crear, estar en el mundo. Adiós a las etiquetas ¡Hola a la libertad para SER!