'Campeona de la semana'

«En los maratones el peor rival es nuestra propia cabeza»

Elena Loyo luce el dorsal uno durante una competición/
Elena Loyo luce el dorsal uno durante una competición

Elena Loyo se hace con el oro en el campeonato autonómico de 10 kilómetros en ruta después de lograr la victoria en el Campeonato de España de media maratón. Ahora afronta la cita de Hamburgo buscando lograr un billete para el Mundial de Doha

Jon Ander Goitia
JON ANDER GOITIA

Su cabeza le dice basta, hasta aquí hemos llegado, no siga... ¡Deténgase! Pero sus piernas no le hacen caso. Quieren continuar. Buscan demostrar las largas horas de entrenamientos que se esconden detrás de ese peto que, por suerte o no, le ha correspondido: 1.407. Por delante, varios kilómetros de carrera hasta cruzar una fina cinta que describe la victoria de esta sufrida 'batalla' contra este particular adversario. Porque, «el peor rival de los atletas es nuestra propia cabeza», confiesa la vitoriana de 36 años Elena Loyo, corredora del BM Bilbao que ganó el pasado domingo el campeonato autonómico de 10 kilómetros en ruta que se disputó en Iurreta, Bizkaia.

Y si conseguir doblegar a la mente es una ardua tarea, hacerlo rodeado por más corredores dificulta aún más la faena. «Es una guerra física y psicológica, porque tienes que transmitirles que sigues fuerte», comparte la atleta. En esta prueba vizcaína Loyo se decantó por mostrar sus cartas desde el principio: «Me arriesgué y ataqué en el kilómetro seis. Fui valiente y no quise dejar todo abierto para el final», recuerda la ganadora tras la prueba. 200 metros de pulso en los que se mantuvo «firme» hasta conseguir sacar distancia con Clara Viñaras, su inmedita perseguidora.

«Entreno dos horas diarias. Algunas veces las sesiones se duplican en mañana y tarde»

«Entreno dos horas diarias. Algunas veces las sesiones se duplican en mañana y tarde» Preparación

34:29 minutos después del pistoletazo de salida Loyo consiguió cruzar en primera posición la meta. Un paso firme que ninguna de sus contrincantes logró mantener y que le sirvió para colgarse el oro. Un resultado que, de esta manera, repite después de que la semana pasada también se subiese a lo más alto del cajón en el Campeonato de España de media maratón, en Sant Cugat del Vallés. Es por ello, por los logrados triunfos, por lo que EL CORREO ha querido destacar a Elena Loyo como 'Campeona de la semana'. «Es una motivación, una palmada en la espalda para encarar los retos que tengo ahora», celebra.

En su calendario aparece marcado en rojo la cita de Hamburgo, el 28 de abril. En esa carrera podría conseguir el billete para competir en el mundial que acogerá Doha el 27 de septiembre. Sueña con lograrlo, pero «cada carrera es un mundo, en dos horas puede pasarte de todo», desliza. Aunque, admite que estas dos victorias suponen un plus para afrontar, seguramente, la cita más importante de la temporada.

Una carrera de cuatro años

En apenas cuatro años la vida de Loyo ha dado un vuelvo radical. «Antes corría a mi aire, porque era un deporte que me gustaba». Ahora, sin embargo, está a punto de tomar un dorsal en la cita más importante del año. Los entrenamientos, como marca el nivel competitivo, se han intensificado. «Entreno todos los días de la semana, durante dos horas. Algunos días los entrenamientos se duplican en sesiones de mañana y tarde», comparte. Y si pudiese le gustaría pasar más horas con las zapatillas puestas, porque «trotar me hace sentir libre», celebra.

No hace mucho que dio sus primeros pasos en el atletismo. Acababa de soplar 27 velas cuando salió a correr sus primeros kilómetros. Sin embargo, y a pesar de que ahora esté cerca de poder llegar a una cita mundialista, esta vitoriana mantiene las mismas costumbre y los mismos trabajos que por entonces. «Doy clases particulares de matemáticas a chavales de bachillerato», desliza. «Me gusta porque me ayuda a tener la cabeza, durante un rato, al margen de las carreras», ríe la deportista. «Tengo muchos kilómetros en las piernas», reconoce, pero asegura que «es ridículo ponerse límites». Porque, «cada vez que me pongo las zapatillas siento una motivación indescriptible», concluye.