'Mujeres en la noche', la primera columna de Manuel Alcántara en EL CORREO

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

La noche oscura del alma de Madrid va a estar defendida por dieciséis mujeres de la Policía Municipal que pasarán de ordenar la circulación, a conseguir que circulen, menos delincuentes, que ya hay demasiados por metro cuadrado de acera y más que va a haber si nuestra economía llega por sus malos pasos contados, al crecimiento cero. Dieciséis muchachas que han pedido voluntariamente su ingreso en el servicio de vigilancia nocturna que dicen que funciona desde finales del año pasado. Dieciséis ángeles de Charlie, muy pocos para la endemoniada noche matritense, a las que antes apuntaban los tubos de escape de los coches y ahora pueden apuntar las escopetas de cañones recortados, que parece que son el arma reglamentaria de la golfería militante. Dentro de poco dirán adiós a los silbatos y patrullarán las sombras de la ciudad triste y desconfiada, sin más brillo que el que proporciona la panoplia de los navajeros y sin más amor que el que ofrecen los valerosos travestis descotados, a los que sólo la nuez delata.

No está claro que consigamos hacer transitable la noche mientras se crea que los robos y los atracos son el precio obligado de la democracia y que este sistema, que sigue siendo el menos malo —el menos peor, podría decirse— de todos los que ha ensayado el hombre, tiene que ser de naturaleza débil. No. La democracia no es culpable del aumento de la delincuencia. Del aumento de la delincuencia sólo son culpables los delincuentes, en primer lugar, y, en segundo, los que no les dan anterior oportunidad de instalarse normalmente en la sociedad. Cuando todo funciona bien únicamente un grupo residual se dedica al bandidaje y contra esas vocaciones fuertes sólo cabe establecer el imperio de la ley. Dicho de otro modo: no son las moscas las que tienen la culpa de que existan los estercoleros, sino los estercoleros los culpables de que proliferen las moscas.

Para poblar de nuevo la noche, lóbrega noche de Madrid, hacen falta muchos trabajos diurnos. Bastantes empleos y alguna energía. Mientras, condecoremos con un nardo inteligente a estas dieciséis muchachas que van a reforzar el servicio de vigilancia nocturna. ¿Quién dijo miedo a salir?: dieciséis muchachas nos guardan.