«Vino a por mí, me pegó una patada y al caer me vi el pie colgando»

Varios agentes de la Policía Municipal de Bilbao vigilan, anoche, el recinto festivo./Luis Ángel Gómez
Varios agentes de la Policía Municipal de Bilbao vigilan, anoche, el recinto festivo. / Luis Ángel Gómez

«Parecía una batalla campal», asegura el policía municipal atacado ayer por un joven en el recinto festivo de Bilbao

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

Con la pierna en alto y bajo el efecto de los analgésicos contra el dolor, el agente de la Unidad Canina de la Policía Municipal de Bilbao al que un joven agredió durante la madrugada de ayer en el recinto festivo relata lo que, para él y sus compañeros, fue una noche de horror. «No sé que está pasando, parecía una batalla campal», explica en una breve conversación telefónica desde la cama del hospital donde permanece con una fractura de tibia y peroné. De 40 años de edad -15 de ellos al servicio en la guardia urbana-, durante esta Aste Nagusia le había tocado el turno de noche, el más duro, con mayor número de intervenciones. Él y sus compañeros de unidad, ahora conocida como Inspección de Refuerzo Táctico (IRT), formaban parte del dispositivo especial de seguridad de las fiestas y estaban asignados al punto de vigilancia de la calle Hurtado de Amezaga, en pleno recinto festivo.

Sobre las cuatro y media de la madrugada, «escuché por la emisora que la Ertzaintza pedía apoyo en la plaza Circular y marchamos corriendo. Había gente que se estaba echando encima de los compañeros», recuerda. Según informó el Departamento de Seguridad, la Policía autonómica iba a detener a un joven africano de 19 años al que otra persona acusaba de haberle robado el teléfono móvil. El sospechoso asestó una patada en el pecho a un agente mientras varios individuos, al parecer de su mismo grupo, acorralaron e increparon a los ertzainas, que pidieron ayuda a la guardia urbana. Esta formó «un arco de seguridad» mientras se procedía al arresto del joven. Los policías se encontraban en el callejón de acceso a la trasera de la estación de Abando, un espacio que se cierra después de los fuegos artificiales precisamente para prevenir problemas de seguridad.

«Hijos de puta, os vamos a rajar», fueron algunos de los gritos proferidos contra los patrulleros. «Lo habitual», aclara el agredido. «Éramos bastantes policías y decidimos ir a identificarles para denunciarles por los insultos», explica. Otros agentes que intervinieron en la trifulca afirman que había dos cabecillas, entre ellos el que se convertiría después en el agresor, que arengaban al resto para atacar a los uniformados. Ante la posibilidad de perder el control de la situación, que estaba empezando a desbordarse, optaron por identificar a los dos individuos.

LA CLAVE

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año tardará la recuperación del policía. Sufre una fractura de tibia y peroné que requiere de una intervención quirúrgica.
Ambiente caldeado
«El sábado anterior ya nos lanzaron botellas y nos tuvimos que poner los cascos para protegernos»

Otro patrullero lesionado

Cuando se dirigían hacia ellos, el agresor, un joven senegalés de 25 años y con antecedentes policiales, de 1,90 metros de altura y musculado, «se encaró conmigo, vino a por mí. Yo fui a cogerle del cuello, pero me pegó una patada lateral que me hizo caer al suelo. Cuando bajé la mirada, me vi el pie revirado hacia atrás, estaba colgando», relata el agente. Sus compañeros se lanzaron contra él. «Ocho o nueve policías encima de él y no podían reducirle». Un segundo funcionario, miembro de los 'Iker' (patrullas de paisano), también resultó lesionado con un desgarro muscular en un biceps al intentar colocar las esposas al detenido.

Asustado, el agente herido pidió «que me sacaran de allí, no conocía el alcance, pero sabía que tenía algo grave». Fue trasladado en una ambulancia al hospital de Basurto, donde le diagnosticaron una fractura de tibia y peroné. El lunes será intervenido quirúrgicamente en la mutua a la que pertenece. Los médicos ya le han anunciado que el proceso de recuperación será largo, probablemente de aproximadamente un año, aunque el «corte ha sido limpio y creen que quedará bien». Como padre de un crío de corta edad, le preocupa ahora no poder atenderle.

Emocionado por el apoyo de sus compañeros y jefes, el agente agradece las llamadas del alcalde, Juan Mari Aburto, y la visita del concejal de Seguridad Ciudadana, Tomás del Hierro. Desde la cama del hospital, considera que «todo estaba predestinado» para que sucediera el altercado. «El pasado sábado ya nos lanzaron botellas y tuvimos que ponernos los cascos para repeler el ataque. El ambiente estaba muy caldeado».

Un acompañante del detenido, de la misma nacionalidad y menor de edad, de 17 años, también con antecedentes, fue el segundo arrestado por la Policía Municipal durante la operación de ayer. Ambos fueron acusados de un delito de atentado contra agentes de la autoridad.

Sin cascos ni espinilleras y con las taser en un armario

El Sindicato Vasco de Policía y Emergencias (SVPE) denuncia la «falta de medios» que obliga a la Policía Municipal de Bilbao a trabajar en precario. «Tenemos taser, pero están guardadas en un armario por cobardía política», afirman. Esta pistola eléctrica, dicen, habría resultado efectiva para reducir a un individuo corpulento y violento como el que agredió al policía. Tampoco cuentan con cascos ni escudos antidisturbios. «Los de este año no han llegado y el año pasado compraron unos de la talla XL que se nos salen de la cabeza», aseguran. «El suelo del recinto festivo está lleno de cristales, una caída es peligrosa. Necesitaríamos espinilleras», añaden. Y recuerdan al alcalde, Juan Mari Aburto, que en su último discurso les incitó a que pidieran «lo que necesitéis. No se puede escatimar en gastos en seguridad», dijo.