«Al juez Ruz ya lo han quitado de en medio»

El escritor y periodista José Yoldi. /
El escritor y periodista José Yoldi.

presenta su nueva novela, 'El enigma de Kungsholm', y analiza algunos de los temas de actualidad

LUCÍA PALACIOSMadrid

Más de treinta años cubriendo los juicios más importantes de la historia de la democracia española (23-F, crimen de los Urquijo, los GAL o los atentados del 11-M) curten a cualquiera. Y el periodista José Yoldi lo ha sabido aprovechar. Se fue (o mejor dicho, le echaron) de 'El País' en 2013, un año después de que una información suya destapó que el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, cargaba a los presupuestos del organismo, como si fueran de trabajo, sus viajes de placer. Desde entonces continúa dedicado a aquello que mejor sabe hacer: escribir, aunque ahora centrado en su blog, 'El último recurso', y los dos libros que acaba de publicar: un anecdotario profesional titulado 'Peor hubiera sido tener que trabajar' y su primera novela, 'El enigma de Kungsholm'.

- Su nuevo libro es un thriller judicial. ¿Qué hay de realidad en esta novela?

- Hay mucho, porque la línea argumental principal es una historia real ocurrida en Madrid a principios de los 90, cuando la cultura del pelotazo estaba en auge. Se trata de un hecho que investigué para El País y no se acabó publicando por distintas razones y ahora lo recupero porque me parecía una historia muy bonita que se podía contar. La he trufado con algún elemento de ficción, pero en lineas generales hay mucho de realidad.

-El juez del caso Asunta, José Antonio Vázquez Taín, publicó una novela que tuvo cierta polémica. ¿Le parece ético?

- En sus ratos libres puede hacer lo que desee. Pero no no parece razonable que alguien utilice los datos obtenidos de su propio trabajo profesional en la judicatura para emplearlo en novelas más o menos de ficción.

-El prólogo de su libro lo ha escrito Baltasar Garzón. ¿Se ha cometido una injusticia con su suspensión temporal?

- A mi modo de ver, sí. El caso de Garzón es que había pisado excelentísimos callos en el Tribunal Supremo y querían quitárselo de en medio como fuera. Y así fue.

- ¿Lo mismo le está sucediendo al juez Ruz? ¿La última decisión del CGPJ es una treta para quitárselo de en medio?

- Absolutamente. Ya lo han quitado de en medio. Es una plaza que no tenía en principio necesidad de salir a concurso puesto que está cubierta por un juez que está ahora de enlace en el Reino Unido. Ahora solo le va a dar tiempo a resolver algún recurso de reforma, pero no va a poder resolver ni los casos de Pujol ni los papeles de Bárcenas ni nada por el estilo. Y aunque pida ser juez de refuerzo siempre estará a las órdenes del juez titular, por lo que está claro que él ya no va a llevar ese asunto.

- ¿Es partidario de cambiar el sistema de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)?

- Sin duda. De los miembros del CGPJ, del Tribunal de Cuentas, del Tribunal Constitucional Ahora mismo estamos en manos de los partidos mayoritarios, que se cambian los cromos y pactan. Y ya no estamos eligiendo a los mejores, sino a los mejores de entre tus amigos. Y ya ni siquiera eso: ahora son solo los amigos, los más amigos, frente a la calidad.

- Otra juez polémica es Mercedes Alaya.

- Yo creo que hay elementos para investigar en ese asunto francamente sospechosos, cuando no indiciariamente delictivos. Sin embargo, me parece que ella sola se deslegitima un poco por adoptar decisiones transcendentales de autos en los que imputa a muchísima gente en días tan señalados como la toma de posesión del Gobierno de Susana Díaz.

- Ha cubierto los grandes acontecimientos de la democracia. ¿Qué destacaría de su etapa como periodista?

- Cada momento ha tenido su punto culminante. Pero resaltaría aquellas situaciones en las que la gobernabilidad del país ha estado en riesgo: el tema del 23-F, los casos de los GAL, también el de Lasa y Zabala... He vivido momentos de riesgo y mucha tensión entrevistando a mafiosos con el caso Bardelino, incluso en algún momento pasé miedo. Pero la recompensa que te da el periodismo al ver que las cosas funcionan es muy gratificante. También ha habido momentos malos, como cuando salí en determinados medios afines a los terroristas donde decían que yo era un traidor al pueblo vasco. Pero esto son gajes del oficio, va en el sueldo.

- ¿Considera que el conflicto vasco ha terminado?

- Estamos en el buen camino, pero es verdad que falta la disolución absoluta de ETA, falta que el Gobierno de turno sea razonablemente generoso... Veremos a ver, porque las heridas están todavía enconadas en la sociedad civil.

- Y pasamos al conflicto catalán.

- Lo de Cataluña lo han llevado de otra manera. Entiendo que el Gobierno del PP se ha enrocado y un partido que no votó la Constitución ahora considera que es la salvaguarda de todos los males. No sé si hay que reformar la Constitución, pero desde luego hay que dar una salida a este problema. Hay que cautivar a Cataluña y a los catalanes para que quieran seguir formando parte del Estado español, porque uno en teoría no debe estar donde no quiere estar.

- Y terminamos hablando de la irrupción de Podemos. ¿Veremos a Pablo Iglesias en La Moncloa?

- Hay una serie de gente que está simplemente enfadada por cómo se han portado los dos grandes partidos y porque Izquierda Unida no ha sido una alternativa y ha sostenido a Monago en Extremadura. De aquí a noviembre falta mucho tiempo, el enfado de la ciudadanía es absolutamente real, pero no sé si ese enfado se va a traducir en un voto a Podemos o se van retraer en el último momento. Eso está ahí y la preocupación de los grandes partidos por Podemos es más que evidente.