La tecnología no entiende de géneros

Dos alumnas aprenden a construir una guitarra eléctrica / Igor Aizpuru

Más de 170 niñas y niños aprendieron a construir una guitarra electrónica en el taller ‘Girls&Tech’, organizado por EL CORREO

RAMÓN ALBERTUS

«Quería ser periodista y bailarina profesional, pero ahora también quiero ser programadora». A Jana, de 8 años, la vocación se le despertó ayer por la mañana. Fue tras pasar por el taller ‘Girls&Tech’ que se celebró en Artium y clausuró la tercera edición Women In Progress organizada por EL CORREO. Esta cita está patrocinada por el Gobierno vasco, la Diputación alavesa, el Ayuntamiento de Vitoria y Euskaltel, en colaboración con la Universidad de Deusto y Camp Tecnológico.

Había quienes lo tenían todavía más claro. Incluso antes de participar en el taller donde construyeron una guitarra eléctrica programando con sonidos y luces. Es el caso de Naroa, de 13 años. «Quiero cursar estudios tecnológicos en el futuro», apunta mientras hacía sonar una de las guitarras sin tocarla, solo aproximando la mano al sensor, «como por arte de magia». También Ixone y Malen (8 años) confiesan que la tecnología demostraron con su afirmaciones que la vocación no tiene porque ser algo innato. «Siempre nos ha gustado la tecnología, ahora un poco más porque sabemos más. Cada año queremos dedicarnos a una cosa distinta», reflexionan a su corta edad. «Al principio es un lío de cables», comenta Irati (10 años). «Pero al final acabas haciendo que suene».

En los talleres que se desarrollaron hubo más de 170 alumnos de 9 a 14 años, la mayoría niñas. Este ratio por géneros contrasta con la realidad en las aulas, donde menos del 20% del alumnado en las licenciaturas denominadas STEM -ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas- es mujer. Refrendaron estas cifras quienes impartieron el taller. Leire Eraña -que estudia un ciclo formativo de Diseño en Fabricación Mecánica- reconoce que «la proporción de chicas es muy baja» en su clase: «Hay 15 chicos y cuatro chicas, y en cursos posteriores incluso es inferior el porcentaje». También Leire Monforte -que cursa Ingeniería en Electrónica Industrial y Automática- se ve reflejada en esas cifras: «Somos cuatro chicas de un total de 30 alumnos».

¿Hay diferencias en la manera de acercarse a la tecnología entre niños y niñas? «No. No hay diferencias, demuestran el mismo interés. Lo cogen todo además al momento», resuelven ambas con la experiencia que les da ser alumas y profesoras.

El propio Jesús Ángel Bravo, director de Camp Tecnológico, destacó la importancia del taller donde aprendieron lo que es un led o un potenciómetro. «Además, se familiarizan con el concepto de algoritmo y aprenden haciendo», añade. Este ‘Girls&Tech’ también tiene un valor simbólico: demuestra que los clichés de género pueden cambiar. «Hemos conseguido aumentar el ratio de niñas que aprenden tecnología», afirmó Bravo, que hizo especial hincapié el papel del entorno en la elección de los estudios para que la tendencia cambie. «Queremos que este formato de taller sirva de llamada también para las familias. Para que se den cuenta de que la tecnología es para las chicas también».

 

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