Sidra llodiana del siglo XVII, bebida de balleneros en Terranova

Sergio Escribano, ante la fachada del caserío Goikoetxea en el barrio llodiano de Isusi. /SANDRA ESPINOSA
Sergio Escribano, ante la fachada del caserío Goikoetxea en el barrio llodiano de Isusi. / SANDRA ESPINOSA

El investigador Sergio Escribano defiende la actividad económica internacional de los caseríos vascos en su último trabajo publicado en 'World Archaeology'

Marta Peciña
MARTA PECIÑA

Hay un hilo conductor entre el caserío Goikoetxea del barrio de Isusi, en Llodio, y los balleneros vascos que viajaban hasta Terranova en los siglos XVI y XVII; la sidra. No es solo que el zumo de manzanas fermentado garantizaba que las 2.000 personas que trabajaban en las pesquerías no contrajeran escorbuto, o que pudieran beber en unas embarcaciones en las que el agua se corrompía con facilidad. Es que la producción de sidra forma parte de una actividad económica a gran escala que va más allá de la autosuficiencia atribuida históricamente a los caseríos vascos.

Estas sorprendentes conclusiones son las que ha extraído el investigador y profesor de la UPV Sergio Escribano tras la excavación realizada en 2013 en el caserío Goikoetxea situado en las inmediaciones del Yermo. «Fue una de las primeras excavaciones que hicimos en la zona», explicó, y el resultado de ese trabajo, está publicado desde esta semana en 'World Archaeology', una de las revistas más prestigiosas de la arqueología a nivel mundial con el título 'La centralidad de los márgenes. Intersecciones globales de un área rural vasca en el pasado reciente'.

La tesis que defiende Escribano es que los caseríos vascos, tal como los conocemos hoy son verdaderos centros de actividad económica, algo así como pequeñas fábricas. Durante la excavación del caserío Goikoetxea se descubrió un gran lagar de sidra alrededor del que está construido el edificio. Ese modelo «está generalizado en el siglo XVI». La producción de sidra desde luego, no era para consumo propio y explicaría que «entre el siglo XVI y la primera mitad del XVIII, había de ocho a nueve mil prensas de sidra, especialmente en Gipuzkoa que se estima que producían quince millones de litros de sidra al año», aunque «solo el 30% de las prensas de sidra excavadas se ubican en la costa», razona Escribano.

Zapata interior en la que se apoyó una de las vigas de la prensa de sidra mientras funcionó.
Zapata interior en la que se apoyó una de las vigas de la prensa de sidra mientras funcionó. / José Montes

La ubicación del caserío Isusi, a solo 20 kilómetros de Bilbao, justificaría también el traslado del líquido hasta la ciudad para su embarque en los barcos balleneros.

Castañas, madera y hierro

No solo la sidra era objeto de actividad económica, la maderas de castaño y el propio fruto del árbol, junto al hierro, también fueron fundamentales en el tejido económico local.

La madera era muy utilizada en la construcción de barcos y eso hizo que los montes estuvieran poblados de estos árboles, cuyo fruto, se utilizaba también a menudo para teñir tejidos y se enviaban las castañas a Flandes, como explica el investigador Félix Mugurutza. Eso explica que alrededor de Goikoetxea existan una docena de ericeras o 'kirikiño hesi', donde se almacenan. La construcción naval y el mineral de hierro también fueron objetivo de la actividad económica en Euskadi durante la revolución industrial británica. A juicio de Escribano, los caseríos se convirtieron en auténticas fábricas, donde se producía para vender y obtener un rendimiento económico de esa actividad, lejos de la autosuficiencia que se les atribuía hasta ahora. Algunos restos de cerámica datados en el siglo XIX y de origen inglés, también hablan desde la historia del carácter internacional de la actividad que se desarrollaba en el caserío llodiano.

El edificio se reconstruyó en el siglo XVIII. De hecho aún conserva en el dintel grabada la fecha de 1738. A partir de entonces, la prensa desapareció, aunque su madera sigue formando parte de la estructura del edificio. Escribano entiende que todas estas actividades «tuvieron impacto en el paisaje, que antes estaría sembrado de castaños y que se fue moldeado por la dinámica del mercado». Por eso, quedan vestigios en la toponimia de la zona, 'Kastañabikotza' o 'Senda de los castaños'.

Las posibilidades de obtener ingresos de estas actividades impulsó a los propietarios de los edificios y de la tierras a construir prensas de sidra en lugares como la torre de Ugarte, también en Llodio, que «estaría vinculada a la zona del Manzanal», en el mismo barrio.

Una tesis innovadora que enlaza Llodio y Canadá

Sergio Escribano llegó a Llodio para participar en la investigación en torno al santuario del Yermo -donde ha dirigido ya varias campañas- tras haber participado en los proyectos de la Catedral Santa María o la Basílica de Armentia, en Vitoria. Es profesor del Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la Universidad del País Vasco. Paralelamente ha trabajado en Canadá investigando el papel de los balleneros vascos en Terranova. Su trabajo le ha permitido relacionar ambas actividades y plantear, con datos históricos, una tesis innovadora muy alejada del papel asignado a los caseríos vascos como entidades autosuficientes para pasar a considerarlos centros de producción.