Metas volantes

Metas volantes
e. c.
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

En esta provincia extraña por sus proporciones asimétricas y su capital de cabeza desmesurada tendemos los vitorianos, bien que nos convendrían periódicos actos de contrición en este sentido, a vivir de espaldas a los pueblos. Menos mal, pensarán en el medio rural -y que nada de cuanto escribo se tome en términos peyorativos- que existe la madre Diputación para reparar desigualdades en la medida de lo posible. Porque los mismos derechos deben de corresponder a las ciudadanas que a las residentes en otros términos municipales de este territorio histórico horadado a modo de donut en Treviño por el vicio del anacronismo. No existe razón alguna para que las alavesas 'ajenas' a Vitoria se sientan en inferioridad de condiciones.

Escribo de la seguridad de las mujeres durante sus desplazamientos nocturnos. Parece mentira que tengamos que reparar en la salvaguarda de sus libertades irrenunciables, pero los hechos y las estadísticas fundamentan, por desgracia, la asunción de cierta medida que las protejan. El Ayuntamiento capitalino ya ha adoptado las paradas, digamos que a demanda, de los 'gautxoris' en los fines de semana y parece indefendible que esa misma medida no se extienda a la red foral del transporte público. Así que la tutora institucional de todas las alavesas se encuentra a punto de convertir en realidad su folleto de 'stops' más o menos a la carta en localidades de la provincia. No tanto como para que la usuaria levante la mano y el chófer pise el freno, pero sí para dejarla en el punto más cercano a su domicilio.

Sólo con evitar un susto o algo mucho peor, malditas sean las estampas de los agresores, merece la pena (o la dicha) establecer metas volantes en el transporte alavés. A los estudiantes de Economía se les imparten, a menudo, lecciones de beneficio monetario. Y, claro, así, pocas cuentas de la vieja (o de la joven) salen. Pero una sociedad sana también eleva la vista para reparar en las rentabilidades sociales y la protección integral de la población femenina pertenece, sin duda, a ellas.