«Hay humores caducados, como el racista», apunta Andreu Buenafuente

Andreu Buenafuente comenzó su carrera hace más de tres décadas y lo hizo en la radio. / Blanca Castillo

En el regreso de 'Late motiv' a la joven #0 desmonta «el cliché» del cómico canalla y reivindica la amabilidad en el trato cotidiano

María Rego
MARÍA REGO

Hace más de una década que Andreu Buenafuente (Reus, 1965) puso sus horarios del revés para conducir un 'late night' y desde entonces no ha dejado de trasnochar. Ahora lo hace con 'Late motiv', en la joven #0, y reconoce que no sueña con sentar a nadie en el plató. «Para mí, el invitado importante siempre es el que viene mañana. Hay personas no muy conocidas que me han dado grandes momentos y grandes nombres con una mala noche», explica a su paso por el FesTVal.

– ¿Mucho café o una buena siesta? ¿Cuál es el secreto para conducir un 'show' nocturno?

– Ja, ja, ja. El cuerpo se habitúa y, además, ahora grabamos el programa sobre las siete y media, del tirón, es un falso directo.

– ¿Madrugar le cambia el humor?

– El cliché del cómico canalla que se acuesta tarde funciona pero la verdad es que somos gente muy programada y currante, y algunos tenemos familia y niños pequeños. Siento decepcionaros, pero ayer no me acosté a las seis de la mañana.

– ¿Desmonta también la teoría de que el cómico no tiene gracia en privado?

– Otro cliché, aunque no hay que confundir serio con rancio. En privado somos normales y, me gustaría añadir, muy amables, que es algo que se está perdiendo. Nos saludamos, nos queremos y alguna bromita también cae porque eso lo llevamos dentro.

– ¿Ese buen rollo que desprenden programas como el suyo es real o parte del guión?

– Va con el oficio y con el negocio, desde que entras por la puerta estás como obligado a ser positivo. Nosotros fabricamos comedia, somos una casa que recibe a invitados y nadie quiere ir a una casa donde están cabreados o contenidos porque ha habido una bronca. De las cosas más bonitas que pasan es que un invitado diga que se ha sentido muy a gusto y muy bien tratado, porque ellos son nuestro termómetro.

– Sin embargo, hay formatos que triunfan a base de broncas, críticas, puñaladas entre compañeros...

– Ha llegado un momento de mi vida que no hablo de otros programas porque realmente yo soy un espectador más pero en mi boca, como implicado en la industria, las cosas se magnifican. La sociedad y el mundo están muy calentitos, pero la gente es muy lista y nos tiene calados a todos.

«No son límites, sino oficio»

– ¿Qué le parece la reciente polémica en torno a Rober Bodegas a raíz de sus chistes sobre gitanos?

– Yo no puedo hablar en nombre de los otros cómicos, pero puedo contar mi experiencia y la de mi equipo. El cómico debe saber leer la sociedad a la que se dirige en todo momento y la sociedad es cambiante y, si me permites la palabra, mejorante, va evolucionando y hay cosas que ya han caducado, como el humor racista, xenófobo o sexista. Pero esto es un curro diario. Yo llego, miro el guión, retoco cosas y a veces veo un chiste que es suave y aprieto u otro demasiado agrio y digo 'ahí no me siento cómodo'.

– Entonces, ¿hay autocensura?

– Ése es otro nombre que no mola, pero no creo que se trate de autocensura sino del proceso de trabajo que hay en cualquier creación artística. Cuando usas tu cuerpo y la palabra debes conocer la mejor forma de expresarte y saber que hay cosas que en tu boca no suenan bien. Es tan mágico y tan frágil como eso.

– ¿Pero el humor tiene límites?

– Las barreras son algo que nos hemos inventado para intentar entender la vida, que nos desborda cada cinco minutos. La palabra límite ya tiene una connotación negativa, no lo llamemos así sino oficio.

– ¿Algún colectivo se ha quejado alguna vez de una broma suya?

– Sí, sí, sí, he tenido cosillas aunque tampoco soy yo un tipo ácido y corrosivo y, en tantos años, el balance es muy agradable cuando podría estar ya incinerado. Recuerdo algún toque de la Iglesia cuando trabajaba en TV3... La Iglesia es bastante intolerante a la broma, cosa que me sorprende muchísimo porque también es de este mundo y todo es parodiable, se puede decir lo más duro si lo haces en el color y en el tono agradable que te va bien a ti. Pero, bueno, no se puede controlar todo y respeto mucho cuando alguien dice que algo le ha sentado mal.

– ¿En su profesión pecan de corporativismo?

– Sí, puede tener algún tic porque, en el fondo, parece que defendiendo a un compañero te defiendes a ti pero eso le pasa a cualquier colectivo por afinidad y complicidad. Aquí cada uno es de su padre y de su madre, y todos somos mayorcitos para ir con nuestro registro, luchar por él y tirar para adelante.

– ¿Qué entrevistado le gustaría tener delante?

– Hay tantos..., pero reivindico la normalidad. Para mí, el invitado importante es el que viene mañana y, cuando sueñas o das nombres, parece que quitas esa fuerza. Hay personas no muy conocidas que me han dado grandes momentos televisivos y grandes nombres con una mala noche.

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