Los estrenos del FesTVal: 'Presunto culpable'

Encasillado

Miguel Ángel Muñoz, en una escena de 'Presuntos culpables'./David Herranz
Miguel Ángel Muñoz, en una escena de 'Presuntos culpables'. / David Herranz

Miguel Ángel Muñoz protagoniza la nueva serie de Antena 3, un thriller rodado en el Urdaibai en el que actor y personaje tratan de redimirse

Jorge Barbó
JORGE BARBÓ

Quieras que no, que tu carrera comience haciéndote llamar M.A.M., enseñando abdominales en 'UPA Dance' (nuestra 'Fame' ibérica) te acaba encasillando como el típico actor guaperas de aptitudes interpretativas más o menos limitadas, carne de portada de revista, concursante de realities culinarios e imagen de marcas de ensalada en tus ratos libres. Ya puedes buscar la redención con interpretaciones contenidas, ya puedes aceptar papeles internacionales de secundario para ganar tablas, que siempre algún listillo cabroncete te recordará que hubo un día en que las adolescentes hormonadas de este país forraban sus carpetas con tus fotos en mallas y torso depilado. Y que, incluso, te atreviste a cantar en un grupo. Librarte de tu pasado es siempre dificilísimo. Sacudirte la etiqueta que los demás te han colgado es casi imposible. Le pasa a Miguel Ángel Muñoz y también a su personaje, Jon Arístegui, en 'Presunto culpable', la ficción de la factoría Boomerang para Antena 3 que anoche se estrenó en el FesTVal y que pasa por una de las propuestas con más empaque de todas cuantas han desfilado hasta ahora por la pantalla del Principal.

El caso es que el empático Miguel Ángel Muñoz resulta más o menos creíble en el papel de Jon Arístegui, un científico exitoso con percha de 'Mr. Perfect' y espontáneos ataques de ira en la intimidad, que regresa de París a su pueblo natal seis años después tras recibir la noticia de la muerte de su padre en (muy) dramáticas circunstancias. Allí el tipo se vuelve a dar de bruces con su pasado. Todo el mundo, incluso parte de su familia, le ha sentenciado como el asesino de Anne (Alejandra Onieva), su novia desaparecida tras una noche en la que ambos estuvieron discutiendo en público. El primer capítulo, de 70 minutos, presenta los personajes y cimienta las tramas secundarias que servirán para estirar el chicle del asunto principal: qué pasó con la tal Anne. En torno a esa desaparición se ramifican las tensiones económicas entre hermanos por la herencia del 'aita' y, sobre todo, la rivalidad entre dos familias muy diferentes, con dos mujeres al frente tan duras ellas, tan excesivamente frías, que parece que los guionistas se han tomado demasiado en serio lo del matriarcado vasco. Y todo con la costa vizcaína como telón de fondo.

La séptima de 'Juego de Tronos' ya hizo que la espectacular ermita de San Juan de Gaztelugatxe (transformada en Bocadragón por obra y gracia de santa HBO) se convirtiera en un goloso caramelo para cualquier productor. En 'Presunto culpable', rincones muy reconocibles de Mundaka, Bermeo y las playas de Laga y Laida se van sucediendo en pantalla con sugerentes planos aéreos y espectaculares panorámicas. Aquello podría quedar en una simple bonita postal de Turismo de Euskadi, pero la importancia de los escenarios naturales es capital en la serie. Al fin y al cabo, el paisaje del Urdaibai juega un papel capital en la trama hasta convertirse en un personaje más. La luz fría, la humedad con olor a salitre y la espesa vegetación de color esmeralda le dan textura a la trama y generan un universo que viene a demostrar que, en efecto, lo vasco está de moda en televisión.

A la espera de noticias de la adaptación televisiva del superventas 'Patria' en la que está trabajando Aitor Gabilondo para HBO (será su primer producto original en España), resulta obvio que las historias de temática vasca se han convertido en una pequeña tendencia en la ficción nacional. Entre lo más reciente, la miniserie 'El Padre de Caín', también de la productora Boomerang, que protagonizó Quim Gutiérrez y emitió Telecinco hace un par de temporadas. 'Presunto Culpable', aborda las heridas abiertas, muchas todavía supurantes, en la sociedad vasca de una forma más o menos tangencial. En el primer capítulo queda evidenciado que las rivalidades entre las dos familias protagonistas, los Otxoa (esbozada con una estética próxima al universo abertzale) y los Aristegui, hunden sus raíces en el terrorismo de ETA.

A partir de ahí, la historia está está jalonada de elementos que le toman la temperatura al clima político de los pueblos de Euskadi como la presencia de pancartas y pasquines de 'euskal presoak' o el ambiente de ciertas tascas de los cascos viejos (hay un momento en que el protagonista entra en una suerte de herriko acompañado por una ertzaina y la tensión se puede cortar con un cuchillo). La ficción se atreve, incluso, a abordar un tema tabú, aunque de una forma muy sutil, como es la equidistancia de ciertos sectores de la iglesia vasca con el terrorismo. «Usted, padre no tuvo ningún problema para absolver a algunos asesinos», le reprocha la madre del protagonista al párroco del pueblo a la puertas de la parroquia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos