Efervescencia sobre los tacos de salida

Triatlón, jazz y Día de Santiago componen la 'marca Vitoria'que obra como preámbulo de unas fiestas que arrancarán en sábado

Empieza la cuenta atrás para el gran jolgorio../Iosu Onandia
Empieza la cuenta atrás para el gran jolgorio.. / Iosu Onandia
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

La fórmula ideada para ver a medio plazo lo que se nos viene encima tiene más años que un bosque. Consiste en colocar la mano extendida donde termina la frente -me resulta complicado explicarlo a los calvos- a modo de visera con el fin de eludir la molestia del sol en los ojos. En cuanto Pamplona entra en combustión y abraza los estados líquidos, sólidos y gaseosos ya empezamos aquí a estirar los músculos. Pues buenos somos en Vitoria para todo lo que se refiere a la actividad física. Cuidado hoy, que a nada que se descuide usted le puede pasar una horda pacífica de triatletas fibrosos como ellos solos. De pensar en las pechadas que se meten al trote-galope, nadando y apretando riñones sobre el sillín de la bici le invade a uno la gama entera de sudores. Estos son superhombres y no aquellos sobre los que meditaba Nietzsche. Y megamujeres, desde luego. Esta amalgama de modalidades físicas se integra ya de pleno derecho en la 'marca Vitoria'.

La euforia sanferminera donde se funden en un bucle reiterado el comienzo y el final de la fiesta y el ya tradicional triatlón alavés vienen a colocar las zapatillas de la efervescencia sobre los tacos de salida. Antes de calentar el aparato locomotor conviene nutrir las cuerdas del alma con música de viento. La que procura el festival de jazz, me refiero, que pone los pies a desgastar suelos, desencadena movimientos sísmicos controlados y acompasa las cabezas para todo el año. En Mendizorroza, en hoteles y bares, en el puro centro urbano donde bailarines de ambos sexos me hacen comprender en qué consiste el swing. Abstenerse golfistas de entrar en el debate, que esto va de otro palo.

Si ya lo comentó Gorka Urtaran en su discurso sobre el estado de la ciudad-estado que patentó José Ángel Cuerda, mentor político del alcalde. El regidor aludió a la capital que preside como sitio de certámenes, pruebas deportivas y hasta de película en alusión a los rodajes de 'Tres de Marzo' y el próximo de 'El silencio de la Ciudad Blanca'. Y así es. Porque después de los hectolitros de sudor que hoy dejan los competidores en las calles de Vitoria llegará el jazz, el humor teatral en Araia y con el advenimiento de septiembre la décima edición del FesTVal, gala en el polideportivo incluida.

Pero dónde voy vistiendo la piel del oso antes de abatirlo. Solicito clemencia a los animalistas. Se trata de una expresión manida sin otro ánimo que el de censurar las anticipaciones. Me he saltado agosto y habíamos venido a hablar de nuestro libro, de las fiestas que nos distinguen desde el Día de Santiago -ya sin burros por la plaza de la Virgen Blanca- hasta el regreso del icono a la torre que habita como inquilino de renta antigua. Por cierto que se puede armar la tremolina -demográfica, digo- porque el txupinazo cae en sábado y sacamos en andas a la patrona nada menos que en domingo y fecha de guardar. Teniendo en cuenta que al éxodo habitual del 6 se une la coincidencia en lunes puede que quedemos por aquí los habituales en cualquier otra época del año.

Ojalá que las fiestas salgan buenas y sin acontecimientos deplorables al amparo de los edificios iluminados en tono malva. Para sobresaltos los de algunas barracas de Mendizabala y con esas tenemos bastante. Liquidada por segunda temporada consecutiva la feria taurina y apostando el programa municipal por unas vaquillas al parecer inmunes al estrés, queda por resolver el asunto de las escisiones entre cuadrillas de blusas y neskas. No seré tan tonto de ignorar la aportación al jolgorio de estos personajes, pero permitan que esboce una mueca indolente ante el asunto que separa a Federación y Asociación. Así, en rima consonante. En Vitoria elevamos a rango de problema mayor desavenencias que, puestas frente al espejo de los temas con auténtico calado, no dejan de parecer chascarrillos. O txaskarrillos, que cada uno se rotula la casaca festiva como Celedón le da a entender.

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