El colegio Latiorro tendrá un nuevo ascensor a finales de año

El colegio Latiorro en primer término. Al fondo, Llodio. /SANDRA ESPINOSA
El colegio Latiorro en primer término. Al fondo, Llodio. / SANDRA ESPINOSA

Lakua acaba de adjudicar la obra, que durará cuatro meses y costará 211.300 euros, para dotar de un elevador al antiguo centro Menéndez Pidal

Marta Peciña
MARTA PECIÑA

El nuevo ascensor del colegio público Latiorro estará funcionando este otoño, una vez terminadas las obras de mejora de la accesibilidad que acaba de adjudicar el Gobierno vasco a la empresa Ar-Goizargi. Su oferta asciende a 211.300 euros, aunque Lakua habrá reservado 246.000 euros. La empresa, que se ha hecho con la licitación entre otras cuatro, se compromete a hacer la reforma en cuatro meses, el plazo previsto inicialmente.

El ascensor se colocará en el antiguo Gregorio Marañón para comunicar todas las plantas del edificio, que ahora carece de elevador y su instalación obligará a desmontar una parte de la cubierta que contiene amianto. El elevador será similar al que ya se instaló en 1989 en Ortega y Gasset y completará la obra que se hizo aquel año para hacer accesibles los aseos y la entrada del centro con una rampa.

La mejora de la accesibilidad también afectará a los edificios anexos dedicados al profesorado y a la asociación de familias del centro. En los dos casos, se van a retirar las escaleras actuales y se van a acondicionar itinerarios accesibles.

Durante este verano, también se renovará el patio cubierto del área de infantil para acabar con sus humedades.

Amianto

La intervención más importante en el centro se llevará a cabo en 2020 y consistirá en eliminar el amianto de la cubierta. El proyecto, que está redactando el departamento de Educación, tiene un coste estimado de un millón de euros. Este asunto ha dado lugar a un largo debate en el centro, protagonizado por el padre de una alumna, que reclamó la retirada de este material para proteger la salud de la comunidad educativa.

El colegio se levantó en 1972 con rapidez para dar respuesta a la demanda de inmigrantes que llegaban a Llodio a trabajar. Se construyó un tejado de uralita en los dos centros que lo integraban entonces, Gregorio Marañón y Menéndez Pidal. Una posterior remodelación en 2001 dejó el tejado cubierto con chapas metálicas, pero un estudio acerca de la presencia de amianto en los centros públicos alertó de su existencia.