Visita por la Vitoria perdida

Isabel Mellén, con el escudo del convento de San Francisco, ahora en la iglesia de San Antonio (General Loma)./
Isabel Mellén, con el escudo del convento de San Francisco, ahora en la iglesia de San Antonio (General Loma).

Álava Medieval diseña un recorrido virtual a través de más de 100 fotografías de enclaves que desaparecieron de la ciudad

DANIEL GONZÁLEZ

Semioculto tras la verja que rodea el jardín de la residencia San Prudencio, un arco de piedra despierta desde hace décadas la curiosidad de los viandantes. A muchos les acecha la duda de su procedencia, e incluso se puede pensar que formaba parte de la anterior construcción que hubo en ese solar de la calle Francia. Y esta pieza arquitectónica del Medievo apenas puede resolver estas cuestiones desde su discreta ubicación. Es por ello que la historiadora del arte Isabel Mellén se ha propuesto arrojar algo de luz sobre el origen de este arco, perteneciente al antiguo claustro del convento de Santo Domingo, a través de una visita virtual por más de 100 imágenes que recrean enclaves de esa Vitoria medieval perdida.

Lo hace a través de visitas guiadas, charlas y exposiciones en las que intenta rescatar del olvido conventos, iglesias y edificios que sucumbieron al derribo. La iniciativa se enmarca dentro de las actividades de la asociación Álava Medieval, que ha asumido la misión de regenerar el santuario y acercar a los alaveses los secretos de esta época histórica. De hecho, mañana mismo partirá una ruta guiada para niños desde la plaza de Santa María (11.00 horas) y por la tarde (17.00) está prevista la representación de un cuento de contenido histórico en Estíbaliz (6 euros, reservas en 639310 779 o en info@kulturgasteiz.com).

Porque en la ciudad aún quedan huellas de aquellos edificios, algunas de ellas ocultas a simple vista, y esta experta quiere reivindicar a través de ellas la historia de esa ciudad desaparecida. «Afortunadamente, dejaron algunas pequeñas piezas para el recuerdo, como este arco y otros elementos», agradece. Así, a partir de este arco arranca un viaje en el tiempo para conocer su historia como parte del convento de Santo Domingo, ubicado hasta 1914 en el lugar donde ahora se levanta el centro cívico Aldabe. «Estaba a las afueras de la ciudad, al otro lado de la antigua muralla», cita. Era un edificio muy grande, de 4.500 metros cuadrados, convertido durante siglos en uno de los referentes religiosos de la ciudad.

Usados como cuarteles

Su compañero, el de San Francisco, no aguantó muchos años más. Ocupaba la gran manzana frente al Casco Viejo en la que ahora está la Subdelegación del Gobierno y la comisaría donde se tramita el DNI. Se derruyó en 1930, perdiéndose todos sus claustros, la biblioteca, otras dependencias y la iglesia. El recinto superaba los 7.000 metros cuadrados. Ambos nacieron casi a la vez, en el siglo XIII, y su larga vida se truncó precisamente a causa de las guerras. «Concretamente de las Guerras Carlistas, porque en esos momentos se usaron los conventos para acuartelar tropas», lamenta Mellén.

De esa época quedan imágenes de la nave central de la iglesia del de San Francisco convertida en caballeriza, «con un abrevadero en ella». Fue ese uso el que los dejó en mal estado «y cuando terminaron las guerras y volvieron a manos de la ciudad no quedó otra opción que destruirlos», relata. Y además del arco del de Santo Domingo, del de San Francisco también quedan partes repartidas por la ciudad. La más significativa se encuentra en el edificio de la iglesia de San Antonio, en la calle General Loma. Nada más traspasar su primera puerta, la imagen tallada en piedra del escudo franciscano que presidía la entrada del convento recibe a los feligreses.

Además, las columnas de su claustro barroco se reaprovecharon para construir el pórtico de la iglesia de San Vicente en los años 30. «Pero el rastro más importante que queda está en un patio de vecinos. Se trata de la capilla de Santa María Magdalena, la única que dejaron. Ahora quedan sus ruinas, pero se pueden ver la entrada a la capilla y los arranques de los arcos», describe Mellén. Aunque su mayor legado son las fotografías del complejo, «con las que podemos recorrer las diferentes dependencias, ver cómo eran sus claustros y la iglesia Logramos reconstruirlo virtualmente», añade.

Aunque la lista de lugares es mucho más larga. «Lo que vamos a mostrar es la parte más desconocida de la ciudad, la zona Este, donde había edificios emblemáticos como la iglesia de San Ildefonso que fundó el propio Alfonso X El Sabio en 1258 y fue el primer templo gótico de Vitoria. Se mantuvo como la quinta parroquia hasta el siglo XIX, cuando en plena guerra deciden desmantelarla para usar la piedra como refuerzo a las murallas», relata.

Y al bucear en los archivos en busca de este patrimonio perdido la historiadora se ha enfrentado a «una gran frustración». Porque edificios como el convento de San Francisco «estaba en bastantes buenas condiciones. No se explica cómo en 1930 la especulación inmobiliaria diera al traste con tantos siglos de historia. Por suerte hay un testimonio a través de imágenes y algunos restos con los que nos podemos hacer una idea de aquel esplendor», dice Mellén.