Condenan a 4 años al imán de una mezquita de Vitoria por «abusos sexuales» a dos menores

Fieles de una mezquita vitoriana, ajenos a la información, durante la 'jutba', el sermón de los viernes. /I. Aizpuru
Fieles de una mezquita vitoriana, ajenos a la información, durante la 'jutba', el sermón de los viernes. / I. Aizpuru

La Audiencia de Álava considera probado que hubo tocamientos a una alumna de 12 años en unas clases de árabe y del Corán y a otra chica de 13 en plena calle

David González
DAVID GONZÁLEZ

El imán de una de las mezquitas con mayor raigambre de la ciudad acaba de recibir una severa condena por parte de la Audiencia Provincial de Álava. En una sentencia de conformidad, el máximo órgano judicial del territorio le impone cuatro años de prisión por tres delitos de abusos sexuales sobre dos menores. Una de las víctimas, alumna de este guía espiritual, sólo tenía doce años en el momento de los hechos, principios de 2016. La segunda contaba con trece.

Hay documentados dos episodios diferentes de «tocamientos». El primero sucedió «los dos días» de un fin de semana de febrero durante las clases de árabe y lectura del Corán en la mezquita donde ha ejercido como guía espiritual. Aprovechándose de su condición de docente, y que estaba a solas en la sala con una decena de alumnos también menores, este hombre, de 52 años, realizó los tocamientos a la niña en zonas íntimas.

Un mes después, siempre según el fallo judicial, el imán se encontró con la menor en las inmediaciones de la mezquita, en plena calle. Abordó a la niña, que iba acompañada de una amiga, la otra víctima del sumario. «Entabló con ellas una conversación con la finalidad de que le acompañaran a su domicilio, según él con la finalidad de visitar a su esposa enferma», reza la sentencia. Aunque recibió una negativa de ambas, pasó a tocarlas «con ánimo de obtener una satisfacción sexual y sin contar con su consentimiento».

Probablemente paralizadas por el miedo, aguardaron a que acabara y entonces le siguieron. Cuando se cruzaron con un coche patrulla de la Policía Local alertaron, muy nerviosas, a los agentes de lo ocurrido. Tras identificarle, los guardias constataron que se trataba de un imán y profesor de una de ellas. A partir de ahí se accionó el engranaje de la Justicia, con la intervención de la Fiscalía alavesa y de la asociación Clara Campoamor, esta última en calidad de acusación popular.

Las familias querían archivar

«Probablemente, si las dos chiquillas no se hubieran topado con los patrulleros, el caso se hubiera resuelto intramuros», deslizan fuentes del caso. Y es que la investigación avanzó muy lenta debido al «hermetismo» de la comunidad musulmana local ante tan delicado asunto. «Se intentó determinar si había más afectadas. Nadie habló», continúan los medios consultados. La mezquita donde ocurrieron los primeros abusos es «singularmente tradicionalista», con un funcionamiento «cerrado» y tendencia a resolver cualquier incidente de forma interna.

Los padres de las chiquillas, de hecho, siempre se mostraron «favorables a archivar el caso». Eso sí, cambiaron a la alumna de lugar de culto. Pero al ratificarse en sede judicial ambas víctimas, con discursos «dulcificados» respecto a sus testimonios iniciales, la maquinaria legal siguió. El imán negó en un primer momento todas las acusaciones.

Aún así, el Juzgado de Instrucción número 4 de Vitoria le impuso sendas órdenes de alejamiento de ambas menores. Seguirán vigentes «el tiempo que dure la condena». La Audiencia también le inhabilita para ejercer la docencia con menores hasta 2022. Cuando salga a la calle permanecerá otros doce años en libertad vigilada. Queda un último detalle, al ser de origen extranjero, el juzgado sopesa si aplicarle o no la expulsión del país durante cinco años.

Descontrol a la hora de seleccionar a estos líderes espirituales

Pocas figuras hay tan respetadas en la comunidad musulmana como el imán. Líder espiritual, consejero y ejemplo de comportamiento. Sus 'jutba' (sermones) de los viernes son de obligada asistencia. En mezquitas pequeñas, como las alavesas, se 'pluriemplean' para enseñar árabe y el Corán a los más pequeños. «No se les exige acreditación alguna y, a veces, eso entraña problemas. Se ficha por el boca a boca», ilustran fuentes de la lucha antiyihadista. Así ocurrió en el caso de este hombre. La junta directiva de la mezquita le contrató a cambio de «unos 500 euros mensuales en 'b', sueldo que compaginó con las ayudas sociales».

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