El Correo

¿Cómo acabó un palacio del Casco Viejo de Vitoria en manos de Marruecos?

Las autoridades municipales de Tánger, con el alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, ayer, en el jardín del palacio Álava-Esquível.
Las autoridades municipales de Tánger, con el alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, ayer, en el jardín del palacio Álava-Esquível. / Rafa Gutiérrez
  • La última persona que detentó su propiedad fue el donostiarra Ignacio de Figueroa, que murió soltero y sin hijos. Dejó su patrimonio a su hermana, en usufructo, pero declaró heredero universal a un instituto que renunció a la millonaria herencia del duque de Tovar

El palacio de los Álava-Esquível, en la calle Herrería, se ha convertido en un auténtico peligro para los viandantes que caminan por el Casco Medieval. Las continuas denuncias de su mal estado y los desprendimientos que amenazan a los vecinos y paseantes son de sobra conocidos por todos los vitorianos, así como las reclamaciones a su actual dueño, el Ayuntamiento marroquí de Tánger. Sin embargo, menos conocido es el proceso de cómo un palacio en pleno corazón del caso medieval de Vitoria ha llegado a manos de un ayuntamiento de Marruecos.

Este histórico y protegido inmueble, situado entre las calles Herrería y Zapatería, fue edificado en el siglo XV y a lo largo de su historia albergó a la influyente familia de los Álava, y llegó a cobijar a Francisco I de Francia o a Lord Wellington. Llegado el siglo XX, su propietario fue Ignacio de Figueroa y Bermejillo (1892-1953), II duque de Tovar, además de otros títulos nobiliarios, que murió soltero y sin descendientes.

La herencia del duque

Mientras su hermano Alfonso de Figueroa y Bermejillo (1897-1968) heredó el ducado de Tovar, para convertirse en el tercer duque de esta casa, Ignacio dejó su patrimonio en usufructo a su hermana María Cristina -que fallecería un año después-, pero declaró heredero universal de sus bienes al 'National Cancer Institute' de Estados Unidos y en caso de que no aceptara la herencia, ésta debía pasar a la ciudad de Tánger.

Pero la extraña herencia que dejó Ignacio de Figueroa, nacido en San Sebastián el 9 de Septiembre de 1892, tiene una explicación. El duque de Tovar, que también era Caballero de la Orden de Santiago y de Malta, cayó herido en la guerra de África donde recibió muchos cuidados y dedicación por parte de los tangerinos hasta lograr su recuperación. Tantas atenciones debieron conquistar al donostiarra hasta el punto de fijar en esta localidad su residencia y de contribuir, tras la guerra, al resurgimiento de esta ciudad, entonces en manos españolas. Desde entonces y hasta su muerte en 1953, Ignacio de Figueroa fue un enamorado de Tánger.

Ello explica que declarara heredero universal de sus bienes al Instituto Norteamericano del Cáncer y, en caso de renuncia, a la Administración municipal de Tánger (protectorado español hasta el año 1956). Y así sucedió. El instituto norteamericano renunció a la millonaria herencia, por el alto coste impositivo que le iba a suponer ser el dueño de una gran cantidad de inmuebles repartidos por la localidad marroquí y por varias ciudades de España, por lo que la propiedad del palacio de Álava-Esquível y de otros muchos edificios recayó en la Administración municipal de Tánger. Tras su independencia de España, la titularidad del palacio vitoriano cayó en manos del Consistorio tangerino.

Por esta razón, los inquilinos que viven en la actualidad en el edificio vitoriano siguen pagando la renta a un administrador de fincas nombrado por las propias autoridades de Tánger.

Además, al igual que el palacio vitoriano, varias propiedades inmobiliarias del duque pasaron a manos de la ciudad marroquí, como un edificio en el centro de Madrid que fue adquirido por el ayuntamiento de la capital hace unos años y que también se encontraba en estado ruinoso. La transacción del abandonado inmueble se realizó por la módica cantidad de 2,58 millones de euros.

Uno de los requisitos de la herencia del duque fue que su patrimonio se destinara a la construcción de un hospital, y así se hizo por parte de las autoridades de Tánger que levantaron un centro hospitalario con el nombre de 'Duque de Tovar' y que continúa en funcionamiento en la ciudad marroquí del estrecho.