Zubillaga ya tiene iglesia

Después de muchos años de pelea, el pueblo más joven de Álava consigue, por fin, tener un lugar de culto dentro de un local multiusos

MARÍA JOSÉ CARRERO
BOCETO. Recreación en el ordenador del boceto que Mintxo Cemillán ha diseñado para la iglesia de la localidad. / NURIA GONZÁLEZ/
BOCETO. Recreación en el ordenador del boceto que Mintxo Cemillán ha diseñado para la iglesia de la localidad. / NURIA GONZÁLEZ

Ya en el año 822 se producía sal en Añana y, en 1126, este lugar recibía el estatuto de villa por parte de Alfonso VII. Según la tradición, el rey don Favila falleció en los parajes de Sobrón en el 737 entre las garras de un oso. El poblado de Lantarón acogió el primer Condado de Álava, allá por el siglo IX. La historia es pródiga en la comarca alavesa de Añana, salvo una excepción: se llama Zubillaga. Mientras los orígenes de todos los pueblos de esta cuadrilla se pierden en la oscura Edad Media, los de este pequeña localidad, situada a 36 kilómetros de Vitoria, no pueden ser más modernos. Y es que los genes de Zubillaga son los mismos que los de la empresa General Química.

La firma, filial del grupo Repsol-YPF, se instaló en un paraje de Comunión en 1948. Pocos años después construyó un poblado de 45 casas, con cuatro viviendas por bloque, para alojar a sus empleados. El barrio fue adquiriendo tanto peso que llegó a controlar el concejo, lo que generó constantes enfrentamientos con sus convecinos de Comunión. Por ello, sus habitantes consideraron que lo más oportuno era desanexionarse. Así fue como en 1989 el barrio de las 45 casas se constituyó en pueblo, sin necesidad alguna de fueros reales, simplemente porque lo quiso la voluntad soberana de sus vecinos, con el visto bueno de la Diputación.

Una vez que el pueblo vio la luz, lo primero fue bautizarle. ¿Por qué Zubillaga? El teniente de alcalde de Lantarón, Ángel Santamaría, tiene la respuesta. «'Zubillaga' viene a significar 'sitio, lugar de puentes'. De hecho, hay varios sobre arroyos», resalta. ¿Y después? Todo lo demás porque «había que poner el pueblo al día», comenta el presidente de la junta administrativa, Antolín Gómez.

Garajes y cementerio

Y se hizo la pavimentación, una nueva red de agua, la plaza-cancha multiusos, el parque, dos hileras de garajes con una parcela por casa, un bolatoki y la gasificación del pueblo. También se construyó un cementerio porque, «¿dónde se ha visto un pueblo sin cementerio?», se pregunta Antolín.

Sólo faltaba la iglesia. Y «¿dónde se ha visto un pueblo sin iglesia?», vuelve a interrogarse este cántabro de Noja asentado en la localidad desde hace décadas. La respuesta sólo puede ser una: «En ningún sitio». Pero, por fin, Zubillaga ya tiene iglesia. «No es una iglesia, es sólo un 'localuco' multiusos», se apresura a decir este alcalde pedáneo que conserva aún un cerrado acento cántabro.

La puntualización tiene su razón de ser. El pueblo más joven de Álava lleva años de pelea para lograr un local de culto porque «no tiene lógica que, además de para asistir a misa, haya que acudir a otro pueblo para celebrar un bautizo, una comunión, una boda o un funeral».

Después de múltiples gestiones porque ninguna institución contempla ayudas para hacer iglesias, Zubillaga ha hecho realidad su sueño: desde el pasado verano tiene un pequeño templo dentro de un recinto multiusos que acoge también un local social y la oficina del concejo. Por fuera, sólo un original campanario indica que es un lugar de oración. Ha costado 420.708 euros que han financiado la Diputación, el Ayuntamiento de Lantarón, la asociación Portazgo de Lantarón y el Obispado.

Estas ayudas aún no cubren «los 70 millones de pesetas» que ha costado el centro polivalente. Así que, Zubillaga espera sendas colaboraciones del Departamento foral de Bienestar Social y del Gobierno vasco. Y es que «no hay pueblo sin iglesia», remarca Itziar Antón, vecina del lugar «desde los cuatro años», que está «encantada» de disponer de un pequeño templo. Entre otros motivos porque les permite tener santo protector «porque, ¿dónde se ha visto un pueblo sin santo?». El suyo es san Alberto Magno, patrón de los químicos. ¿Y quién si no!

m.j.carrero@diario-elcorreo.com

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