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Análisis

Gears 5: el derroche de Xbox One

Gears of War 5 /
Gears of War 5

The Coalition echa toda la carne en el asador con una de las mejores exclusivas para la sobremesa de Microsoft

José Carlos Castillo
JOSÉ CARLOS CASTILLO

Hubo un tiempo en que Halo y Forza Motosport fueron los baluartes de Microsoft Game Studios. Ahora bien, la marcha de Bungie y la irrupción de Playground Games (hoy convertido en estudio insignia) propiciaron un cambio de tornas.

'Halo 5' no supo estar a la altura de la franquicia que reavivó el entusiasmo por los shooters subjetivos, mientras que Forza Horizon consiguió imponerse a las iteraciones principales de la serie, brindándonos los dos mejores títulos de carreras de la presente generación.

Nadie duda de que 343 Industries habrá aprendido la lección y nos regalará un 'Halo: Infinite' capaz de quitar el hipo. Algo similar a lo acontecido con The Coalition y el quinto Gears of War.

En resumidas cuentas, 'Gears 5', nos ha gustado tanto que el Jefe Maestro y la simulación pura de Turn 10 Studios pueden considerarse destronados. Xbox One tiene en los Fénix y el festival Horizon sus nuevas razones de peso; motivos por los que cualquier jugador de pro debería hacerse con la sobremesa de Microsoft.

La campaña de Gears 5 arranca justo donde lo dejó su predecesor, con una Kait Díaz al borde del colapso; dispuesta a escudriñar su pasado para encaminar su futuro. Hablamos de cuatro actos colmados de tiroteos entre parapetos, aunque con cambios significativos de ambientación y planteamiento. Quienes se quejaban (no sin razón) por el estancamiento de la fórmula, tienen aquí razones para el alborozo.

Tras un tutorial ciertamente anodino, el primer acto nos devuelve al Gears of War más pasillero y frenético. La ambientación selvática de los primeros compases sirve a su vez para demostrar el aprovechamiento técnico de One X y los compatibles más potentes, aspecto en el que incidiremos dentro de unos párrafos. También se aventura una mayor incidencia en el plano narrativo, con secuencias cinemáticas más extensas de lo acostumbrado y escenas realmente emotivas, que explican la cesión de protagonismo a la propia Kait.

Sí, Marcus y JD vuelven a estar presentes, pero controlaremos a Díaz durante las tres cuartas partes del juego. Llegados al segundo acto, The Coalition depara su gran sorpresa (quizás el motivo por el que apenas hemos sabido del desarrollo durante el último año): la incursión en el género de mundo abierto. En vez de presentar misiones correlativas, Gears 5 nos suelta en un mapa helado de importantes dimensiones, por el que nos desplazamos a bordo de un esquife (algo así como una moto de nieve propulsada por el viento). Cada capítulo exige alcanzar puntos concretos del escenario, descendiendo del transporte y ubicando la entrada a los niveles propiamente dichos.

Lo anterior se repite en el tercer acto (cambiando la nieve por un desierto plagado de tormentas eléctricas), cuando ratificamos un gran 'pero': estos mundos abiertos carecen de vida; no hay enfrentamientos que valgan al atraversarlos, personajes con los que interactuar o tiendas en las que reponer inventario. Habrá quienes piense en un método artificial para prolongar la vida útil del juego (no por nada se trata de la campaña más extensa de la franquicia, en torno a las 15 horas de duración), y una parte de nosotros está por darles la razón. De hecho, abandonar una fase tradicional y volver a estos mundos yermos supone un contraste demasiado pronunciado, como si pasáramos del frenetismo al sosiego más absoluto.

Con tal de paliarlo, The Coalition ha incluido tareas secundarias de rápida consecución y nimia significancia. Sí, nos obsequiarán con coleccionables, armamento exclusivo y mejoras para el robot que nos acompaña, pero no podemos dejar de verlas como una oportunidad perdida. Gears of War y lo sandbox casan mucho mejor de lo que nunca hubiésemos pensado, sirviendo como ejemplo el poblado que visitamos en el primer capítulo del segundo acto: un escenario copado de personajes, tenderetes y callejuelas por las que perderse. Imaginémoslo multiplicado por diez y con las suficientes cotas de interactividad (combates inclusive); cual 'hub' que conectase las distintas misiones principales. Si tenemos que apostar, Gears 6 se moverá por esos derroteros, conformándose el final de trilogía perfecto.

Pero que el desencanto no lleve a engaños: Gears 5 atesora el diseño de niveles más exquisito hasta la fecha, repletos como están de rutas alternativas y trampas de las que aprovecharnos (o evitar). Véase el terreno helado y quebradizo a los pies del Enjambre: nada provoca mayor placer que ahogar a tres Locust de golpe y porrazo, ahorrándonos una refriega de muchos minutos.

La otra piedra angular de la campaña es Jack, el autómata que mencionábamos más arriba. Cuenta con un sistema de progresión (a base de recolectar componentes ocultos) para el desarrollo de distintas habilidades: paralizar al enemigo, volverlo momentáneamente de nuestro bando... Todas ellas pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte en los niveles de dificultad más avanzados, lo que añade cierto componente estratégico (y efectismo) a los combates. También habremos de usar las llamadas habilidades 'de apoyo': un pulso electromagnético para detectar conductos escondidos o enemigos apostados; estimulantes indispensables para atravesar áreas inundadas de gas o en llamas; un práctico escudo defensivo y hasta el poder de la invisibilidad, por si tenemos que atravesar zonas especialmente fortificadas. Los escasos puzles que aguardan se sirven de éstas y de la capacidad de Jack para lanzar bombas eléctricas, activar interruptores o recoger ítems a distancia. Sin lugar a dudas, el robot insufla aire fresco a la jugabilidad, por lo que ansiamos tenerlo de vuelta en la próxima entrega.

Pero volviendo al desarrollo de la campaña, el cuarto acto consolida dos últimos aciertos: los emocionantes enfrentamientos contra jefe finales y el énfasis en la psique de los personajes (la relación entre Marcus y su hijo, atormentado durante la aventura, evoluciona finalmente). Una pena que la trama quede abierta a más no poder, pero es lo que tienen los capítulos de transición.

Acabada la campaña, podemos completarla en cooperativo con otros dos amigos (uno de ellos controlando a Jack) o recurrir a la otra 'pata' de la franquicia: el multijugador. No entraremos a evaluar su rendimiento pues habrá que esperar semanas hasta que la comunidad y los servidores se asienten, pero sí aplaudiremos el exitoso modo 'Horda', donde sobrevivir a 50 oleadas de enemigos en compañía de cuatro usuarios. La gran novedad radica en las tipologías de personaje (atacante, explorador, tanque, de apoyo e ingeniero), cada cual con sus habilidades 'definitivas' y 'pasiva'.

Conformar nuestro escuadrón con cabeza también será determinante en las partidas de 'Enfrentamiento': rápidas ('Arcade', 'Clásica' o 'Cooperativa contra IA') y clasificatorias ('Rey del a Colina', 'Duelo por Equipos', 'Escalada' y 'Guardián'), a lo largo de 12 mapas iniciales.

Efectivamente hay opciones para todos los gustos, pero ninguna como el inédito modo 'Escape': tres jugadores colaboran para escapar de una instalación al borde del colapso, por lo que además de a los Locust haremos frente al crono. La victoria supone cartas de habilidad y recompensas exclusivas. Además, podemos crear mapas propios en el sencillo editor incorporado, compartiéndolos a posteriori con la comunidad.

Los planes The Coalition hablan de actualizaciones semanales en forma de modalidades, personajes y escenarios, así que no se nos ocurre mejor motivo para renovar vuestra suscripción a Xbox Live.

Concluyendo con el apartado técnico, Gears 5 es seguramente el juego más apabullante que hayamos disfrutado en consola alguna. El detalle y nitidez de las texturas; la expresividad facial y modelado de los personajes; los efectos de partículas y muy especialmente la iluminación nos han dejado sin habla. A menudo se dice que el uso del Alto Rango Dinámico (HDR) en juegos está desaprovechado; que empeora los acabados. Aquí, como ya ocurriese en Gears 4, todo lo contrario. Avanzar por un escenario en penumbra y vernos cegados por una explosión o el impacto de un rayo es inigualable.

El contrapunto vuelven a ponerlo los segmentos de mundo abierto, que por necesidad sacrifican el gusto por los matices y arrojan algunas estampas indignas del conjunto. Mejor acelerar el esquife y pasarlos de largo, disfrutando de entornos tan variados como instalaciones aeroespaciales, urbes derruidas, laboratorios subterráneos, tundras heladas, desiertos de arena rojiza y frondosos embalses.

Ahora imaginad todo lo anterior acompasado por un doblaje de altura, unos efectos atronados en Dolby Atmos y una banda sonora realmente épica. Ramin Djawadi ('Juego de Tronos') ha sabido realzar unas cinemáticas de por sí emotivas.

Nuestra valoración

Gears of War 5 se aúpa directamente al podio de Xbox One como la gran exclusiva que sus jugadores llevaban tiempo pidiendo. Lo hace por un diseño de niveles espléndido; nuevos topes en lo audiovisual y la jugabilidad frenética a que estamos acostumbrados (con interesantes avances también en el plano multijugador).

Más mérito si cabe que lo consiga pese a una implementación no del todo afortunada del género de mundo abierto, lo que podría corregirse en el ya seguro 'Gears 6'. De escuchar a prensa y usuarios, The Coalition parirá entonces EL SHOOTER EN TERCERA PERSONA, con mayúsculas.