Una comida copiosa acompañada del estrés de una discusión puede desencadenar un infarto

Una comida copiosa acompañada del estrés de una discusión puede desencadenar un infarto

En Navidad aumentan las muertes cardiovasculares. Esto tiene que ver con los excesos de comida y alcohol, y con el estrés de las discusiones.

¿Es tan malo hartarse a comer en las celebraciones navideñas, aunque sean sólo tres o cuatro veces cada año? «Cuando se come en exceso sometemos a nuestro cuerpo a un sobreesfuerzo y se produce una digestión más pesada y lenta, y aumentan los riesgos. Por ejemplo, si consumimos un exceso de azúcar podemos producir una descompensación glucémica; por otro lado, un exceso de grasa puede producir un cólico biliar; o, por citar sólo algunos, una comida demasiado abundante puede producir una subida excesiva de triglicéridos que desencadenen una pancreatitis», explica la doctora Nerea Gil, endocrinóloga de IMQ.

Pero hay más riesgos, los psicosociales, que es aconsejable contemplar de cara a las comidas de Navidad. «Sí, en Navidad aumentan las muertes cardiovasculares. Esto tiene que ver con los excesos en la ingesta de comida y alcohol, y con el estrés de las discusiones familiares que se producen en algunos hogares». Tal y como recuerda la experta, «desde luego, una comida copiosa acompañada del estrés de una discusión puede desencadenar un infarto en personas de riesgo».

Con respecto a las personas mayores y los niños, dos colectivos que pueden ver incrementado su riesgo de atragantamiento durante estas celebraciones, la experta recomienda evitar los frutos secos y los polvorones, puesto que, por sus propias características, pueden dar problemas durante su ingesta. No obstante, «todos en la familia deberían seguir las mismas recomendaciones de dieta. Con niños pequeños quizá lo más sencillo es un pescado al horno y unos entrantes. Para personas mayores, si tienen problemas de masticación, una sopa o crema de verduras puede ser una buena opción, aunque otros, con disfagia, puede que requieran otras texturas».

Por otro lado, cuando se tienen invitados en las celebraciones gastronómicas navideñas, «no está de más preguntarles por posibles intolerancias o alergias alimentarias». Ante cualquier problema, lo primero es llamar al 112. Luego, por ejemplo, en caso de atragantamiento, «si la persona puede toser, hay que animarle a que tosa, ya que es la mejor manera de expulsar un cuerpo extraño. Si no consigue expulsarlo, hay que hacer la maniobra de Heimlich: colocándose detrás de la persona, se rodea el cuerpo con los brazos y se presiona con una mano sobre la otra en la boca del estómago. Golpes secos, de abajo hacia arriba y hacia atrás», expone la experta.

Lo peor de los alimentos navideños son los dulces

En lo relativo a la elección de los menús de Navidad, la endocrinóloga de IMQ advierte de que «lo peor de los alimentos navideños son los dulces. El turrón y los polvorones suponen una carga muy importante de calorías y, sobre todo, de azúcares. Además son alimentos que, a diferencia de la carne o el pescado, no sacian en exceso, por lo que es más fácil abusar de ellos».

La experta recomienda «controlar las calorías en general, evitar poner muchos entrantes y, como plato principal, intentar escoger pescado o carne pero evitando salsas. El marisco puede ser una buena opción navideña salvo que tengamos que evitarlo por hiperuricemia» (tener alto el ácido úrico). Otro de los factores importantes a vigilar es el alcohol, «que nos aporta muchas calorías vacías, es decir, sin ningún tipo de nutrientes».

Algo saludable…

La doctora Nerea Gil plantea un ejemplo de un menú navideño saludable: «de primero, sopa, caldo o algo de marisco; como plato principal, un pescado al horno acompañado de verduritas; y de postre, un sorbete de limón, un poco de helado o yogur, para facilitar la digestión».

También da algunos consejos que pueden ayudar tanto antes como después de las comidas o cenas navideñas. Por ejemplo, «es una buena opción tomar un caldo antes de las comidas ya que produce sensación de saciedad y nos aporta pocas calorías. Se puede hacer un caldo con verduras y algo de carne o pollo y dejarlo enfriar. Una vez frío, se quita la capa más superficial, que es donde se acumula la grasa».

Por otro lado, darse un paseo, moverse o bailar suavemente un poco después de una comida copiosa puede ayudar a la digestión y a quemar calorías. También se puede optar por una comida equilibrada, horas después de un atracón, para intentar compensar los excesos, «con algo ligero, como una crema de verduras, una tortilla francesa, una sopa, unas verduras a la plancha, etcétera».

¿Dietas? Nada de nada

En cuanto a las personas que se plantean huir de los excesos de las comidas navideñas refugiándose en menús basados en dietas, la Dra. Gil, endocrinóloga de IMQ, no recomienda «hacer dietas cetogénicas (como la Atkins), es decir, basadas fundamentalmente en proteínas y al margen de otros nutrientes, ya que en ciertos casos pueden desencadenar problemas renales o hepáticos».

Tampoco recomienda los menús basados en una dieta disociada y advierte sobre las creencias erróneas de las dietas ‘détox’ o depurativas: «las dietas ‘detox’ no existen. Nuestro cuerpo se 'desintoxica' solo a través del hígado y los riñones. Así que el concepto de ‘detox’ no es correcto».

En el País Vasco, talos y soconuscos

En el País Vasco es toda una tradición, cada 21 de diciembre, celebrar la festividad de santo Tomás comiendo talos con chorizo, acompañados de sidra o txacoli, de los que se sirven varios miles en una sola jornada. Ante esto, la endocrinóloga de IMQ recomienda «como con casi todo, moderación, ya que el chorizo posee muchas grasas saturadas, que son poco saludables».

Con respecto al soconusco, el turrón típico de Bilbao, la experta recuerda que «es igual de calórico que el resto de los turrones; por lo tanto, se debe consumir también con moderación, debido a su gran cantidad de azúcar».