Un gigantesco trasatlántico da un nuevo susto en los canales de Venecia

Imagen extraída del vídeo del incidente difundido por el artista y escritor local Roberto Ferrucci. / E.C.

Un crucero con 3.000 turistas pierde el control y está a punto de chocar contra uno de los muelles aledaños a la histórica plaza de San Marcos

ANJE RIBERA

Los auspicios más negros sobrevuelan Venecia. La ciudad italiana de los canales corre serio riesgo de desaparecer. No por sus históricos males, como la peligrosa elevación del nivel del mar causado por el calentamiento global y el consiguiente hundimiento del suelo del centro histórico, si no porque esta urbe medieval sin igual, declarada patrimonio de la humanidad, se está convirtiendo en Las Vegas del Adriático. La Serenísima lleva años siendo engullida por el turismo masivo que lleva camino de convertirla en una parque temático disneynizado.

El último golpe de gracia lo podrían dar los monstruos de más de 55.000 toneladas que remontan el canal de la Giudecca vomitando cada año hasta 30 millones de viajeros. Uno de ellos, el 'Costa Deliziosa', de 300 metros de eslora y capaz de transportar a 3.000 turistas, le dio el domingo un nuevo susto a Venecia. El gigantesco crucero estuvo a punto de chocar contra un muelle cercano a la famosa plaza de San Marcos.

Ocurrió a últimas horas del día durante las maniobras que realizaba para enforcar la salida de la laguna. La tragedia se rozó en medio de una tormenta de lluvia y fuertes vientos cuando era arrastrado por remolcadores y perdió el control. El pánico se apoderó de su pasaje, pero sobre todo de los ocupantes de un yate de 50 metros que estuvo a punto de ser embestido por el gigante de los mares, de la misma compañía que el malogrado 'Costa Corcordia'. Los ocupantes de la pequeña embarcación tuvieron que abandonarla y salir corriendo por los muelles.

El incidente se registró un mes después de que otro crucero mastodóntico -el 'MSC Opera'- chocara contra la dársena y un ferry de transporte de viajeros -el 'River Countness'- que cruza diariamente el canal, provocando cuando heridos leves. Al final, los remolcadores pudieron recuperar el buen curso del 'Costa Deliziosa', pero la controversia en torno a los daños que estos trasatlánticos infligen a la joya de la arquitectura bizantina y a su frágil ecosistema sumó un nuevo episodio. Los ecologistas acusan a los cruceros de contribuir a la erosión de los cimientos de la ciudad, que se inunda con regularidad por las mareas que provocan estas naves.

Un plan fantasma

El Gobierno italiano ya adoptó en noviembre de 2017 un plan de desarrollo de la laguna para apoyar la actividad lucrativa de los cruceros, aunque modificando su recorrido. El objetivo es que con la construcción de una nueva terminal marítima se impida que los grandes barcos ya atraviesen el canal de la Giudecca, que bordea la plaza San Marcos. Pero todo parece haber quedado en un mero espejismo. «Ya ordené una inspección para controlar lo que ocurrió en Venecia», reaccionó este lunes el ministro de Transporte e Infraestructuras italiano Danilo Toninelli en su página Facebook. Toninelli, miembro del partido Movimiento 5 Estrellas, que comparte el Gabinete con la Liga de Matteo Salvini, «podría pasar a la historia como el 'ministro de los desastres' que paralizó uno de los ministerios más estratégicos para el crecimiento del país», dice Roberto Morassut, responsable de Infraestructura del Partido Demócrata (PD, centro izquierda), la principal fuerza de oposición.

Todo apunta que, bien sea por la acción del turismo masivo o por el cambio climático, la ciudad romántica por excelencia quedará sumergida bajo las aguas. El último informe de Naciones Unidas pone un trágico plazo. A Venecia le quedan, como máximo, sesenta años de vida.

La clave

30
millones de turistas visitan cada año la perla del Adriático. Hace cuarenta años apenas dos millones acudían atraídos por sus encantos.
Cuatro heridos.
Hace un mes otra nave de gran tamaño embestió a un ferry y colicionó contra una dársena del canal.
Desaparición.
Naciones Unidas alerta de que la joya del Adriático puede ser engullida por el mar antes de sesenta años.