El amigo invisible de Villarramiel

A Iris le dejaron el billete en la cesta de su bici./Antonio Quintero
A Iris le dejaron el billete en la cesta de su bici. / Antonio Quintero

Una quincena de vecinos de este pequeño pueblo de Palencia reciben sobres anónimos con billetes de 20 y 50 euros

MARCO ALONSO

Facturas. Eso es lo que uno espera encontrar cuando abre el buzón de casa. Pero en la localidad palentina de Villarramiel, en plena Tierra de Campos, han descubierto algo mucho más agradable que cartas del banco cuando han ido a revisar la correspondencia en los últimos días. Y es que una persona desconocida ha metido billetes en sobres y los ha repartido por varias direcciones. Sus 800 habitantes están viviendo con perplejidad desde hace una semana la irrupción de este desprendido y anónimo benefactor, que se ha convertido en el protagonista de todas las conversaciones.

Todos los vecinos que han sido agasajados con este inesperado aguinaldo lo han recibido de la misma forma: un pequeño sobre marrón escondía en su interior el dinero, que en unos casos era un billete de 50 euros y, en otros, se añadía otra 'pedrea' de 20. A algunos les han llegado hasta dos de estos sobres sorpresa. La condición para ser beneficiario no parece responder a ningún patrón. Las entregas se producen tanto de noche como a la luz del día.

Entre los agraciados hay una amalgama de jóvenes, gente de mediana edad, mayores, trabajadores y pensionistas que solo tienen una cosa en común: «No tengo ni la más remota idea de quién ha podido hacerme semejante regalo», repite uno tras otro.

La alcaldesa de Villarramiel, Nuria Simón, ya no se sorprende ante las consultas de sus vecinos que le reclaman instrucciones. ¿Qué hago con el dinero? ¿Me lo quedo? Algunos han contrastado en las dos oficinas bancarias de la villa la validez de sus billetes. Son tan de fiar como si los acabara de acuñar la Fábrica de Moneda y Timbre. Pero alguno, receloso ante este golpe de fortuna, ha optado por donar su sobre a la Iglesia.

La regidora, tan desconcertada como los demás, lanza una hipótesis que comparten todos en el pueblo: «Estamos ante un Robin Hood que quiere ayudar a los vecinos». Pasa por alto el detalle de que el famoso forajido de Sherwood robaba primero a los ricos antes de compartir el botín con los pobres.

Bendición del cielo

Iris Enríquez ve en este extraño suceso un acto de justicia divina. «Esto ha sido el Señor (levanta la vista al cielo), que sabe que aquí hay mucha gente que lo necesita y ha mandado a alguien a repartir bendiciones». Su marido se muestra mucho más escéptico. «Ha tenido que ser alguien que no está bien de la cabeza, porque esto no lo hace nadie en su sano juicio. Lo primero que hice fue llamar a los guardias... Aunque si llega a tratarse de un millón de euros no habría dicho nada», explica con humor.

Aunque no hay aparente delito en esta conducta tan anómala, no fue el único que la puso en conocimiento de la Guardia Civil. A diferencia del resto de afortunados, Iris encontró su aguinaldo en la cesta de su bicicleta, junto a un mensaje en el que se podía leer la palabra 'Princesa' y dos corazones dibujados. ¿Un admirador secreto?

Iris no ha gastado el dinero que le ha llovido del cielo, por si el anónimo benefactor recapacita y se arrepiente de su gesto, pero no todos los agraciados han reaccionado de la misma forma. Su vecina María Luisa Mas ha querido repartir los 50 euros que le metieron bajo la puerta de su casa con sus familiares más cercanos.

Los encontró a las ocho de la tarde cuando regresó de jugar la partida en el Casino. «Solo echo la lotería en Navidad, porque no me da para más. Nunca me ha tocado en diciembre y me ha tocado ahora, en marzo.Se lo voy a dar a mis hijos y a mi nieta para que tomen una cerveza a mi cuenta», recalca.

Iris y María Luisa son las únicas de los 15 elegidos por este 'amigo invisible' que han recibido un mensaje en el sobre junto al dinero. En el de María Luisa se podía leer: 'La reina de la casa'. Pero también ha habido un par de vecinas que se ha llevado un chasco al encontrar su sobre sepia... pero vacío. Dicen en Villarramiel que el ritmo de las entregas se ha incrementado. Un motivo más para esperar con ansia los luminosos amaneceres de esta generosa primavera adelantada en la Meseta.