Una veintena de víctimas se desmarca de las críticas y apoya las unidades didácticas

Fotograma de uno de los documentales que el Gobierno vasco utilizará en las aulas: Axun Lasa, hermana de Joxe Antonio Lasa, y Mari Carmen Hernández, viuda de Jesús Mari Pedrosa./EiTB
Fotograma de uno de los documentales que el Gobierno vasco utilizará en las aulas: Axun Lasa, hermana de Joxe Antonio Lasa, y Mari Carmen Hernández, viuda de Jesús Mari Pedrosa. / EiTB

Los hijos de Korta, de Isaías Carrasco y de Manuel Zamarreño, entre otros damnificados por la violencia de ETA, ven «positiva» la iniciativa 'Herenegun!'

DAVID GUADILLA

Una veintena de víctimas de diferentes violencias han mostrado su apoyo explícito a la unidad didáctica elaborada por el Gobierno vasco para explicar a los escolares la historia de ETA. Entre los firmantes están los hijos de Joxe Mari Korta, asesinado por la banda terrorista en 2000; así como las hijas de Isaías Carrasco, edil del PSE tiroteado en 2008; Manuel Zamarreño, concejal del PP asesinado en 1998; y Fermín Monasterio, taxista de Arrigorriaga al que ETA mató en 1969. Todos ellos han suscrito un manifiesto que considera «positivo» el contenido de 'Herenegun!'. Los principales colectivos de víctimas, por contra, son muy críticos con el contenido del proyecto al considerar que no es lo suficientemente contundente y claro a la hora de explicar el dolor que causó ETA.

Además de por Ibai y Andoitz Korta, Sandra Carrasco, Naiara Zamarreño y Dori Monasterio, el texto también cuenta con el respaldo de Alberto Muñagorri, que perdió una pierna al estallar una bomba en 1982 cuando tenía diez años; Josemi Elosegui, hermano de Francisco, psicólogo de la cárcel de Martutene que también fue asesinado; y Carmen Hernández, viuda de Jose María Pedrosa, concejal del PP en Durango. No se descartan nuevas adhesiones.

El documento considera que 'Herenegun!' es un nuevo paso «necesario» para «deslegitimar la violencia y garantizar que no vuelva a ocurrir nunca más». Todos los firmantes comparten el objetivo principal de trasladar de «forma crítica» la historia de violencia y terrorismo a los más jóvenes.

La aparición de este manifiesto llega en un momento en el que los gobiernos central y vasco, y por extensión el PNV y el PSE, se han conjurado para intentar rebajar la tensión generada durante las últimas semanas. Tras ser presentado el programa, los principales colectivos de víctimas expresaron su malestar, sobre todo por el contenido de cinco vídeos en los que no solo se hablaba de ETA, sino también de la dictadura, de los GAL y de la tortura, entre otras cuestiones.

Según las asociaciones de damnificados por la violencia etarra, el material ayuda a consolidar la teoría «del conflicto» defendida por la izquierda abertzale. La inquietud fue de tal magnitud que obligó a intervenir al lehendakari, que reconoció que la unidad podía ser mejorada con las aportaciones del resto de partidos y colectivos.

Aportaciones de Loza

Hoy mismo está previsto que el Ejecutivo central remita sus consideraciones. En un primer momento, se iban a hacer públicas en una rueda de prensa en la que iban a estar presentes el delegado del Gobierno, Jesús Loza, y la directora de apoyo a las víctimas del terrorismo del Ministerio del Interior, Sonia Ramos. Sin embargo, Loza optó por desconvocar la comparecencia como «medida preventiva» para evitar generar nuevas polémicas. La decisión se adoptó tras conversar con los responsables del ministerio y con Idoia Mendia.

Ayer mismo, el responsable de política institucional del PNV, Koldo Mediavilla, admitió que si hay errores en los planteamientos educativos o en los diferentes soportes, «que se mejoren», aunque aseguró que toda la polémica surgida «no tiene mucho sentido». Desde ambas partes se reconoce que hay puntos de encuentro y que no conviene aumentar la crispación y provocar el enfrentamiento entre las víctimas del terrorismo etarra. En un tono muy diferente se expresó el PP vasco, que a través de su cuenta en Twitter subrayó que el hecho de que Loza quiera presentar sus aportaciones por escrito demuestra que los socialistas tienen «miedo» a «perder sus sillones».