Soraya Sáenz de Santamaría: Una ganadora en apuros

Soraya Sáenz de Santamaría. /EFE
Soraya Sáenz de Santamaría. / EFE

Su triunfo en las primarias no le garantiza las riendas del partido, ya que los 'cospedalistas' podrían respaldar a Casado

RAMÓN GORRIARÁN

Muchos en el PP pensaron que Soraya Sáenz de Santamaría se iría con Mariano Rajoy. No le atribuían ambición política y creyeron que sus planes eran retomar su carrera de abogada del Estado. Era una presunción razonable, porque su interés por los asuntos del partido había sido nulo en los últimos años. Pero no, en cuanto vio que el gran favorito, Alberto Núñez Feijóo, rehusaba, ella saltó al albero.

Se rodeó de su equipo, los 'sorayos', con alguna incorporación de última hora y diseñó una campaña presidencial, pero no para liderar el partido, sino para intentar regresar a La Moncloa. Ayer cubrió el inicio de la ruta, pero ni mucho menos lo tendrá fácil para alcanzar su objetivo, dadas las alianzas en su contra que se pueden tejer en el congreso extraordinario del 20 y 21 de julio.

Sáenz de Santamaría se presentó como la candidata del PP que podía derrotar al socialista Pedro Sánchez. Las primarias solo eran un trampolín hacia la Presidencia del Gobierno. Es la favorita de los votantes del PP, y habría arrasado si las primarias fueran abiertas a los simpatizantes del partido. Pero como solo son para los militantes, y además pata negra, tuvo que dar un barniz de partido a su discurso. Dueña de una extraordinaria confianza en sí misma, no se arredró para ningunear a Sánchez con un toque farandulero -«soy como Chenoa, cuando él va, yo ya vuelvo»- o recurrir a la farmacia: «Para dolor de cabeza el que le vamos a dar a Pedro Sánchez. No va a haber paracetamol en el mundo».

Todo servía para hacerse con el beneplácito de las bases después de años de desdén hacia todo lo referido al partido. Tenía que borrar un pasado reciente más de tecnócrata que de política. Sus desmarques de los episodios de corrupción en el PP fueron clamorosos. Nunca echó una mano para capear la tormenta. Siempre se refugió en el respeto a las investigaciones judiciales y en que desde el Consejo de Ministros no se comentaban los asuntos del partido.

LA CLAVE

Se presentó a las primarias más para intentar volveral Gobierno que para liderar el partido

Becaria independiente

Y eso que tiene detrás una trayectoria orgánica notable. Se plantó en La Moncloa en 2000 con un brillante currículum cuando el equipo de Rajoy buscaba una asesora jurídica. Cautivó al fallecido Francisco Villar, entonces mano derecha del líder del PP, y se transformó en una eficiente becaria sin carné de partido. Lo debió hacer muy bien porque Rajoy la incluyó en las listas de Madrid para las elecciones de 2004, aunque fuera en un oscuro puesto 18. Antes se tuvo que afiliar. No logró escaño, pero la renuncia de Rodrigo Rato para irse al FMI corrió el escalafón y llegó al Congreso.

Ese mismo año fue promocionada a secretaria de Política Autonómica del PP y se bregó en los debates del Estatuto de Cataluña. Méritos que le llevaron en 2008, para sorpresa casi general, a ser designada portavoz en el Congreso. Tres años después vino la Vicepresidencia del Gobierno y su encierro en el despacho, del que ha salido, según la definición de su íntimo rival José Manuel García Margallo, con el sambenito de «viuda de la Moncloa».

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