El PNV fuerza la retirada de su candidato en Irún para salvar el pacto con el PSE

La líder del PSE, Idoia Mendia, saluda en el Parlamento vasco a Iñigo Urkullu y Josu Erkoreka ante la mirada de José Antonio Pastor, detrás. A la izquierda, el concejal del PNV de Irún Xabier Iridoy.#:: blanca castillo / diario vasco/
La líder del PSE, Idoia Mendia, saluda en el Parlamento vasco a Iñigo Urkullu y Josu Erkoreka ante la mirada de José Antonio Pastor, detrás. A la izquierda, el concejal del PNV de Irún Xabier Iridoy.#:: blanca castillo / diario vasco

Egibar justifica el paso atrás por «responsabilidad» ante el «chantaje» de los socialistas y la posible «desestabilización» de las instituciones

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Y en apenas unas horas, las aguas volvieron a su cauce. Bastó con que el PSE dejara claro en público y en privado que estaba dispuesto a bloquear la firma del acuerdo global con el PNV si los jeltzales insistían en disputar la makila en Irún al actual alcalde socialista para que el EBB forzase por fin la retirada del 'rebelde' Xabier Iridoy, que hasta ahora se le había resistido. La organización municipal jeltzale de la localidad fronteriza dio su brazo a torcer el viernes por la noche, horas después de que la ejecutiva de los socialistas vascos y su 'hombre fuerte' en el Gobierno de Iñigo Urkullu, Iñaki Arriola, advirtieran de que si no se garantizaba respeto mutuo a la lista más votada las negociaciones no pasarían de la «línea de salida». En la madrugada de ayer, un whatsapp de Andoni Ortuzar a Idoia Mendia contenía la tormenta.

Ambos socios admiten que la situación era crítica y el «nerviosismo» había cundido de verdad ante lo ajustado de los plazos y la posibilidad cierta de que se llegara al próximo sábado, la jornada prevista para la constitución de los ayuntamientos, sin un acuerdo firmado. «Estaban en juego demasiadas cosas, no tenía sentido», apuntan fuentes del PNV, que desde el inicio confiaba en apagar el incendio porque las consecuencias de dejar que se propagara podrían haber sido drásticas. Para empezar, llegar sin la red de seguridad del pacto al 15-J suponía dejar en el aire un puñado de alcaldías -seis en Gipuzkoa, entre ellas algunas muy significativas como Pasaia y Andoain- que sin una acción coordinada entre jeltzales y socialistas podrían haber quedado en manos de la izquierda abertzale. Pero no solo eso: la posibilidad de que EH Bildu y Podemos decidieran apoyar a Iridoy en Irún, lo que habría descabalgado de la alcaldía al socialista José Antonio Santano, para erosionar la coalición PNV-PSE en puertas de la investidura de Pedro Sánchez, y algo más adelante, de las próximas autonómicas vascas, ponía los pelos de punta a los jeltzales.

«Estaban en juego demasiadas cosas», admiten en el PNV, donde había cundido el nerviosismo Apagar el incendio

Sin alternativa real a la entente que ha funcionado ya en diputaciones y ayuntamientos y también en Ajuria Enea, ambos parecían condenados a buscar salidas para contener la crisis y el EBB, en particular, obligado a frenar a su candidato en Irún y forzar a la ejecutiva guipuzcoana de Joseba Egibar a meterle en vereda. Ya lo había advertido el burukide Koldo Mediavilla el fin de semana pasado: la política de pactos es competencia última del EBB y, como tal, las organizaciones locales debían acatar la decisión marco de la ejecutiva nacional, fuese la de Irún «o la de Zaramaga». Pero el aviso había caído en saco roto e Iridoy, expulsado la pasada legislatura por Santano del equipo de gobierno entre acusaciones de corrupción, no solo mantenía su paso al frente sino que había iniciado ya contactos con los grupos locales de EH Bildu y Podemos.

«Desactivar» la bomba

La situación se había convertido en una bomba de relojería. No en vano, Joseba Egibar utilizó ayer la palabra «desactivar» para confirmar que su candidato se batía en retirada, presionado por la dirección. Eso sí, procurando que el peso del convulso episodio recayese sobre el PSE. De hecho, tanto el PNV de Irún como Egibar utilizaron un argumentario muy similar para explicar la decisión de retirar la candidatura de Iridoy. Lo hacen por «responsabilidad», apuntaron, ante el «chantaje» del PSE de no firmar el pacto, lo que suponía, añadieron, una «amenaza» de «desestabilización institucional» y abría la puerta a que los socialistas pudieran «utilizar» esa posible excepción «de manera torticera». En la tertulia parlamentaria de Radio Euskadi, el presidente del GBB insistió en que la comisión de seguimiento del pacto PNV-PSE señaló en la pasada legislatura a Santano como responsable de la ruptura del pacto por verter «acusaciones calumniosas» contra Iridoy e incluso le acusó de querer extender «un velo de sospecha» sobre su candidato y sus presuntos intereses particulares en materia urbanística con el ánimo de «destruirle».

No firmar el pacto antes del 15-J habría dejado en el aire seis alcaldías que podría haber conservado EH Bildu Las consecuencias

Ambas ejecutivas se verán a partir de mañana para cerrar definitivamente el pacto, similar al de 2015 Situación «desbloqueada»

Los socialistas evitaron, en cambio, bajar al barro y dieron muestras de que dan por «encauzada» la polémica y, en consecuencia, las negociaciones. El portavoz parlamentario del PSE, José Antonio Pastor, consideró una «buena noticia» la retirada de la candidatura de Iridoy «en función de un criterio de respeto a la lista más votada con carácter general». En su opinión, el planteamiento socialista de «jugar limpio» con el socio sin abrir la puerta a «excepciones» era el único posible porque, en el caso de haber dado por buenos 'borrones' en un acuerdo con vocación de ser global, los problemas se habrían extendido. «Habría dado pie a que en otros municipios, como Barakaldo, donde las relaciones con el PNV no han sido fáciles, se pudiera hacer lo mismo», apuntó. En el mismo sentido se pronunció el líder de los socialistas guipuzcoanos, Eneko Andueza, que dio por «desbloqueada» la crisis y apuntó que ahora es posible «empezar a hablar». También negó que el PSE haya buscado un chantaje, sino que, según defendió, ha mantenido una posición firme para frenar la «deslealtad» y la «agresión» que suponía el desafío de los jeltzales.

Pese a todo, la sangre no llegará al río. Las fuentes consultadas preveían contactos telefónicos a lo largo del fin de semana entre las ejecutivas de PNV y PSE, que podrían reunirse ya mañana para dar un impulso definitivo al documento, que en principio no será muy distinto al que ambos suscribieron en 2015. Los socialistas necesitan además someter, por imperativo estatutario, al refrendo de las bases el acuerdo final, lo que exige acelerar al máximo las conversaciones para que la 'foto de familia' pueda escenificarse antes del sábado.