El lazo azul cumple 25 años: «Por primera vez la calle no fue de ETA»

Miembros de Gesto por la Paz dan a conocer la iniciativa del lazo azul. /EL CORREO
Miembros de Gesto por la Paz dan a conocer la iniciativa del lazo azul. / EL CORREO

El lazo azul, que nació por el secuestro del empresario Julio Iglesias Zamora, cumple 25 años

LORENA GIL

«Buscábamos un símbolo sencillo, algo a lo que la gente se sumara con facilidad y que incluso pudieran hacer en su casa. Lo importante era ofrecer una respuesta permanente y continuada ante una vulneración de los derechos humanos tan grave como era el secuestro a manos de ETA del empresario Julio Iglesias Zamora», explica Jesús Herrero, miembro de la ya extinta Gesto por la Paz. Y así nació el lazo azul. Diez centímetros de tela con la forma de una 'A', de askatu (libertad), que hizo despertar a miles de personas y cogió por sorpresa al entramado de la banda terrorista, que vio tambalear su hegemonía en la calle.

- ¿Se esperaban una respuesta ciudadana de tal magnitud?

- No nos planteábamos cuál iba a ser la repercusión. El lazo azul sirvió para mostrar lo que estaba ocurriendo. Se vieron muchos lazos dentro y fuera de Euskadi. Fue un paso individual y, cuando se daba, ya no había vuelta atrás.

Gesto organizó un encierro en su sede de la capital vizcaína. «La gente permanecía allí 24 horas», recuerda Herrero. Elaboraban lazos para tratar de dar salida a la demanda, que no era poca. De hecho, la coordinadora pacifista tuvo que pedir imperdibles y tela a Barcelona porque se había agotado en las mercerías de Bilbao. «Incluso nos llamaron desde las residencias para decirnos que si les mandábamos tela, ellos nos hacían los lazos», evoca.

El detonante fue el secuestro del industrial Julio Iglesias Zamora debido a su negativa a pagar el mal llamado 'impuesto revolucionario'. Fue abordado por un comando etarra cuando se dirigía desde su casa a la empresa Ikusi, situada a las afueras de San Sebastián. Permaneció retenido entre el 5 de julio y el 29 de octubre de 1993. La banda lo había intentado antes con su tío Ángel, pero los terroristas cambiaron de objetivo «al no ofrecer plenas garantías de llevarlo a cabo con éxito». «Me han dado donde sabían que más me iba a doler», declaró tras conocer que ETA fue a por su sobrino.

Iglesias Zamora en una manifestación por el secuestro de Aldaya.
Iglesias Zamora en una manifestación por el secuestro de Aldaya.

La Audiencia Nacional condenó en 1998 a catorce años y ocho meses de prisión a José Luis Erostegi, Javier Ugarte, Jesús María Uribetxebarria y José Miguel Gaztelu por el delito de detención ilegal, con las agravantes de ensañamiento, alevosía y disfraz. Los cuatro etarras alquilaron en 1987 una nave en el barrio de San Andrés de Mondragón. Bajo el suelo construyeron un habitáculo en el que metieron una caseta prefabricada de obra. Para evitar sospechas, según relata la sentencia, hicieron creer que en dicho inmueble se ubicaba un taller de construcción de piezas y herramientas metálicas. En 1992, Julián Achurra Egurola, alias 'Pototo', les ordenó que acondicionaran e insonorizaran el escondite con la finalidad de «realizar, en principio, secuestros a empresarios».

Aquel 5 de julio de 1993, Julio Iglesias Zamora acababa de regresar de su trabajo, cuando en el garaje de casa le abordaron dos de los terroristas. Le inyectaron un somnífero y le introdujeron en un vehículo para, a posteriori, dirigirse hasta el área de servicio de Anceta, en la autopista A-8 dirección a Bilbao. En dicho lugar tenían preparado un camión, en el que trasladaron a su víctima hasta el zulo. Las dimensiones del habitáculo, según se detalla en el fallo judicial, eran de 1,80 metros de altura por 1,80 de largo y 1,50 de ancho. En su interior había una silla de camping, una mesa plegable, un colchón de goma espuma y dos bidones para sus necesidades fisiológicas. Allí permaneció encerrado Iglesias Zamora 117 días. En 2002 la Audiencia Nacional condenó a 14 años de cárcel a 'Pototo' por ordenar su secuestro.

Pago de un rescate

Tiempo después de su puesta en libertad -los terroristas le abandonaron en el alto de Arrate, en Eibar-, se habló que la familia pagó como rescate entre 500 y 800 millones de pesetas. Uno de los datos que se tiene sobre la cantidad que se pudo entregar a la banda se obtuvo en noviembre de 1994, cuando la Policía francesa desmanteló una fábrica de explosivos subterránea en una casa situada en Mouguerre. En su interior, los agentes hallaron 148 millones de pesetas (casi un millón de euros), procedentes, al parecer, de uno de los plazos que abonaron los allegados de Iglesias Zamora.

A lo largo del secuestro de Julio Iglesias Zamora, Gesto por la Paz impulsó la creación del lazo azul y todo un calendario de movilizaciones. Incluso participó en la creación de la Plataforma pro-liberación del empresario. Personas de todos los ámbitos de la sociedad -desde deportistas, cantantes, políticos e intelectuales- «asumieron una responsabilidad activa como pocas veces había ocurrido hasta entonces». Los poco más de 300 trabajadores de la empresa Ikusi se volcaron con la campaña del lazo azul. Sólo en los primeros 49 días de cautiverio de Iglesias Zamora, repartieron 110.000 distintivos. El 11 de septiembre de 1993 más de 80.000 personas recorrieron las calles de San Sebastián para pedir la liberación de Iglesias Zamora. Para la historia quedará el cartel amarillo con dos trazos azules obra de Agustín Ibarrola.

Carteles de la izquierda abertzale.
Carteles de la izquierda abertzale.

Llevar esa 'A' prendida de la solapa fue un gesto de responsabilidad, pero también de valentía. Desde el entramado de ETA se reaccionó con dureza contra quienes se sumaron a esta iniciativa. «Por primera vez la calle no fue de ellos. Nos llamaban 'españo-lazos' e incluso fracasaron en su intento de crear un lazo verde», evoca el periodista José María Calleja. Entonces presentador del 'Teleberri' en ETB, no dudó en salir en antena con el lazo azul en la solapa. «Creía que tenía que hacer aquello, y lo hice», se reafirma. «No pensé en las consecuencias, ni aunque la gente más cercana me decía que me iban a matar». Las presiones internas no se hicieron esperar. «Llegabas a trabajar y te encontrabas un papel en el teclado del ordenador que ponía: 'Kalleja, con 'k', qué pocos días te quedan con vida», revela. No cedió. Poco antes de las elecciones municipales de 1995 se distribuyeron imágenes del periodista -llevaba ya por entonces escolta- bajo el titular 'Los asesinos llevan lazo azul'. Finalmente, el director general de EiTB, Iñaki Zarraoa (PNV), le destituyó. «Dijo que le planteaba problemas en su entorno», apunta Calleja. El primer partido en celebrarlo fue Herri Batasuna.

De Aldaya a Blanco

Julio Iglesias Zamora fue liberado el 29 de octubre de 1993. «Mi secuestro ha sido un chantaje a la empresa y a toda la sociedad vasca», afirmó entonces el ingeniero. En una comparecencia pública, acompañado de su mujer y sus tres hijos, Iglesias calificó de «torturadores» a los terroristas que le vigilaban y de «ataúd pintado de blanco» el habitáculo en el que estuvo recluido. Pero la campaña de secuestros de ETA no había hecho más que empezar. Los ciudadanos volverían a prenderse el lazo azul para reclamar la libertad de José María Aldaya, José Antonio Ortega Lara, Cosme Delclaux y Miguel Ángel Blanco.

El 1 de junio de 2013, Gesto por la Paz echó la persiana tras 28 años intentando remover conciencias. La coordinadora invitó a varias decenas de personas comprometidas con su trayectoria contra la violencia a compartir una pequeña celebración privada. En ese recogido grupo se encontraba Iglesias Zamora. Su testimonio no estaba previsto, pero él quiso agradecer a Gesto su lucha pacifista y el apoyo que supuso para su familia la campaña del lazo azul. «Lo llevaré toda la vida bajo la piel», les dedicó.