La familia vitoriana de Rubalcaba

Alfredo Rubalcaba, de la mano de su mujer, Pilar Goya./FP
Alfredo Rubalcaba, de la mano de su mujer, Pilar Goya. / FP

El político socialista estaba unido a la capital alavesa por su esposa, la científica de renombre Pilar Goya Laza

Nerea Pérez de Nanclares
NEREA PÉREZ DE NANCLARES

En 2011, Pilar Goya, entonces directora del Instituto de Química Médica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) comentaba a algunos compañeros que se retiraba del cargo que había ocupado los últimos seis años. Le quedaban otros dos para agotar el mandato. Lo anunció poco antes de las vacaciones de agosto. Su dimisión pasó tan inadvertida como ella, la desconocida mujer que aparecía sentada junto a Felipe González en las imágenes que retrataron la Conferencia Política del PSOE de ese año.

Oficiaba su marido, Alfredo Pérez Rubalcaba, al que abrazó también públicamente el 9 de julio cuando fue proclamado candidato para tratar de retener La Moncloa en manos socialistas. Pilar Goya Laza (Vitoria, 1951) jamás se había «mezclado» con la actividad política. Pero los sondeos apretaban y en Ferraz había quien pensaba que esta «excelente científica» y «de gran humanidad y humildad» podría aportar luz a la imagen de Rubalcaba. Ella logró vencer sus reticencias personales y profesionales para apoyar a su marido desde la primera fila de los actos centrales de la campaña de aquel 20-N.

Alfredo y Pilar se casaron hace 40 años. Ella nació y vivió sus primeros años en Vitoria, con sus abuelos maternos. Sus padres tuvieron que desplazarse a Estados Unidos por motivos laborales. Creció con el apellido de los conocidos confiteros Goya y la simpatía de los Laza. Se educó entre ingenieros industriales; gente curiosa, emprendedora y cultivada. La familia se trasladó a Madrid y la adolescente Pilar brilló en el instituto británico donde estudió el bachillerato. En la Complutense se doctoró y enamoró del político socialista.

Directora de varias tesis doctorales y profesora de investigación, nunca ha descuidado la docencia. Y eso siempre se ha notado cuando se enfrentaba a los micrófonos. Fue vicepresidenta primera de Save The Children y, aunque no ha sido madre, Pilar siempre ha estado volcada en la defensa de los derechos del niño.