Ruta para iniciarse en el peregrinaje a Santiago

Unos peregrinos se dirigen hacia la localidad de Carrión de los Condes, en el paso del Camino de Santiago por Palencia./ANTONIO QUINTERO
Unos peregrinos se dirigen hacia la localidad de Carrión de los Condes, en el paso del Camino de Santiago por Palencia. / ANTONIO QUINTERO

Un recorrido de 90 kilómetros repartidos en tres etapas, desde Burgos a Carrión de los Condes

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

El llamado Camino francés a Santiago de Compostela tiene unos 775 kilómetros repartidos en 31 etapas. Se puede completar en menos, aunque es una hazaña reservada sólo a caminantes aguerridos. Como recorrerlo de una tirada está al alcance de muy pocas personas lo habitual es hacerlo por partes: Roncesvalles-Logroño; Logroño-Burgos; etc., pero los aspirantes de peregrinos sin tiempo ni ganas de embarcarse en aventuras tienen una tercera opción. Aprovechar un fin de semana o un puente para recorrer un corto trayecto, tres etapas pongamos el caso, y tratar de sumergirnos en el espíritu de los viajeros medievales que recorrían el norte de España hacia Santiago de Compostela para visitar la tumba del santo.

Hemos elegido el tramo entre Burgos y Carrión de los Condes, en Palencia, por proximidad, facilidad de transporte y belleza del recorrido. Son 90 kilómetros repartidos en tres etapas: Burgos-Hontanas (32 km); Hontanas-Boadilla del Camino (29,5 km) y Boadilla-Carrión de los Condes (28 km). Con todo, no deja de ser una distancia respetable que se puede cubrir con esfuerzo y un mínimo de preparación.

Burgos-Hontanas (32 km)

Amanece en Burgos y hace frío. Los peregrinos rebullen en los albergues. Terminan de desayunar, se ajustan las mochilas y se ponen en marcha. En solitario o en grupos afluyen a la plaza de San Fernando Rey. La Catedral está cerrada (abre a la 9.00). Proceden de todos los países del mundo aunque alemanes y británicos son mayoría. También hay japoneses y coreanos. Algunos vienen de Roncesvalles y se les nota en el rostro y en los andares; otros empiezan hoy el Camino de Santiago.

Tras cruzar el arco de Santa María, una de las doce puertas que tuvo Burgos, echamos a andar por la orilla del Arlanzón, un paseo urbano sombreado por tilos y chopos hasta Las Huelgas y el Hospital de Rey. El Hospital fundado por Alfonso VIII hacia el año 1200 nos da una idea de la importancia de Burgos en la Edad Media. Allí eran atendidos pobres y peregrinos. Aseguran que fue el hospital medieval con mejores prestaciones asistenciales del Camino. También hay un par de asadores y un bar tempranero.

Terminan la capital y el asfalto y seguimos por una parcelaria que frecuentan tractores y ciclistas, que nos adelantan con el ritual «¡Buen Camino!». Los peregrinos aprovechan para descansar bajo la sombra de los sauces en la fuente y cruce de Los Guindales. Pasamos bajo la autopista y por la orilla del Arlanzón entramos en Tardajos (10 km, dominado por la iglesia de la Asunción, gótica y fortificada, sobre un alto. En el pueblo hay fuente, panadería y carnicería.

El camino serpentea por Tierra de Campos.
El camino serpentea por Tierra de Campos. / MAURICIO MARTÍN

Los peregrinos hacen un alto. Algunos buscan albergue, otros toman un refrigerio en el bar El Camino, que goza de renombre, o comen en el restaurante Los Pececitos. Carretera adelante está Rabé de las Calzadas, quizá el nombre de un judío. Es un pueblo pequeño con dos alojamientos: el hostal La Fuente de Rabé y el albergue Libéranos Domine, que abre todo el año. Es la última oportunidad de echar un trago.

Una larga rampa sube hasta los altos de Montepardo, una amplia meseta desarbolada, sembrada de trigo y cebada hasta donde alcanza la vista. Ocho kilómetros venteados que llevan hasta el valle del río Hormazuela. Allí se encuentra Hornillos (20 km) con sus casas centenarias, algunas bien restauradas, alineadas a lo largo de una única calle medieval. En el pueblo hay varios albergues, uno de ellos municipal. Es aldea de curas y en otros tiempos de bodegas, ahora cerradas por la desaparición del viñedo, con tres restaurantes (Casa Manolo y Green Tree y Meeting Point), varios albergues y un colmado.

Llevamos 20 kilómetros de marcha y los peregrinos miden sus fuerzas. Algunos paran, especialmente los asiáticos porque Hontanas, nuestro objetivo está a 12 kilómetros, con una cuesta de salida y un interminable un llaneo por el páramo. El último tramo es exigente, pero bello, porque atardece y las mieses se mueven onduladas por el viento. Nubes dispersas cruzan el cielo azul de Castilla. Llaneamos seguidos por el trino de los pájaros. En un recodo (junto al letrero) están el albergue y fuente de San Bol. Lo regentan unos italianos. Cruza la BU-P-4041 en medio de ninguna parte y una hora después, sin avisar aparece la torre de la iglesia de La Inmaculada. Hemos llegado a Hontanas y seguimos la Calle Real hasta el albergue (32 km).

Hontanas-Boadilla (29,5 km)

Hontanas es un pueblo precioso, Conjunto Histórico Artístico desde 1999. Sus pocas casas se apiñan alrededor de la iglesia de la Inmaculada Concepción, donde los sábados y domingos hay misa plurilingüe oficiada por dos sacerdotes. Está concurrida. Hay varios albergues -el más moderno es el Yepes-, e innumerables peregrinos, la hora de cenar es un babel de idiomas. Además, estar alojado no garantiza un asiento en la mesa, por lo que hay que reservar. Después de la cena nos examinamos los pies. Apuntan las ampollas y los dolores articulares. Nos embadurnamos de linimento y a la cama. A la mañana nos aguardan un desayuno tempranero y una batalla por los 'croissant' con los japoneses.

Recomendaciones

Credencial del peregrino
Obligatorio. Se adquiere en las Asociaciones del Amigos del Camino y en diferentes puntos del Camino. En algunos albergues lo exigen. También lo piden en restaurantes con menú del peregrino.
Reserva de albergues
Prudente. Estamos en la época de mayor afluencia de peregrinos. A pesar de que el número de albergues es grande hay finales de etapa donde hay riesgo de quedarse en la calle; dormir en un pajar o el pórtico de la iglesia. En los municipales es necesario el saco de dormir.
Alimentación
No hay que llevar nada especial. En la mayoría de los pueblos hay un bar o una tienda donde tomar un refrigerio.
Ropa y calzado
La mochila no debe pesar más de 10 kilos. Ropa cómoda, mudas y ¡ojo¡ una toalla. También un chubasquero ligero. Zapatillas de trekking o botas ligeras.
Botiquín
Tiritas, parches y desinfectante salvo los habituados a caminar largas distancias sobre asfalto o por pistas de grava. Una ampolla nos puede arruinar el Camino.

El asfalto deja pronto lugar al sendero por una media ladera cubierta de hierbas aromáticas. Luego vuelta al asfalto, a una carretera sombreada por enormes fresnos que pasa junto a las ruinas del convento de San Antón. Fue fundado en 1146 por Alfonso VII y alojó a los monjes antonianos. Allí trataban a los enfermos de un mal mortal llamado 'fuego de San Antón', causado por un hongo del centeno, que se remediaba con pan de trigo. Junto a las ruinas hay un ruidoso bar y muchos hacen un alto.

La última villa burgalesa en el Camino (Castrojeriz, 9 km) se alarga a la sombra del castillo romano, luego godo y castellano. De entrada topamos con dos albergues y la magnífica colegiata de la Virgen del Manzano, gótica, ahora museo. Visita y sello por un euro. Los albergues, las iglesias y las buenas casas son numerosas en Castrojeriz. El Municipal ocupa la iglesia de San Juan, restaurada. También hay banco, bares, restaurantes, supermercado y farmacia donde hacer acopio de parches y linimentos.

En la parada para repostar encontramos restaurantes (El Fuero; El Mesón, La Casa del Cordón, La Posada) que ofrecen el menú del peregrino. Tentador pero desaconsejado porque dos kilómetros después media la cuesta de Mostelares y la subida al Teso es un hito en el Camino. Comienza nada más cruzar el río Odrilla por un puente de madera y es corta, pero exigente de verdad: 1,3 km con una pendiente máxima del 11%. Llegamos con el aliento entrecortado. Arriba, a 915 metros de altura hay un hito, una bandera de oraciones budista y un buzón con un libro de visitantes. La mayoría de las entradas son ripios y cursiladas. Un cobertizo resguarda del viento, que sopla y fuerte.

La vista es magnífica y abarca la Tierra de Campos, en otro tiempo el granero de Castilla. Surca el altiplano ahora verde y florido una línea blanca e interminable. Ni un árbol en kilómetros. La parcelaria termina en la fuente del Piojo, con su chorro menguante y árboles escuálidos. Ya en la carretera, la vista se dirige hacia la lejana chopera del Pisuerga. Dejamos el desvío a Itero del Castillo, que aún es Burgos, y caminamos hacia el río. Antes del puente está la antigua ermita de San Nicolás, edificio románico restaurado y ahora albergue. Abre en temporada alta gestionado por voluntarios italianos de San Giacomo. A un paso está el puente de Fitero o de la Mula, que comunica Burgos con Palencia. El original lo construyó Alfonso VI El Bravo en 1072.

Entre regadíos, pegados a la orilla del río entramos en Itero de la Vega (20,5 km.). Primer pueblo de Palencia en el Camino con el albergue Puente Fitero en la entrada. Amplio, con bar y restaurante. Hay varios más, entre ellos el Municipal. La iglesia de San Pedro y un vistoso rollo son lo más destacado del pueblo. Itero es un buen final de etapa para ver amanecer con una copa en la mano. Los culpables están en la Cervecería Tuya, un nido de rockeros con música en directo. Pero vamos más lejos, a Boadilla del Camino por ocho eternos kilómetros de parcelaria. Las piernas se vuelven de piedra al pasar el canal del Pisuerga cuando desde un altillo se divisan el pueblo, lejos, rodeado de una arboleda y los palomares.

Entramos exhaustos a Boadilla (29,5 km), donde nos reciben un aljibe romano y un albergue (Potzu). Hay más alrededor de la plaza de la iglesia de la Asunción donde destaca un magnífico rollo gótico (siglo XV). Dicen que es el más bello de Castilla. Hay que cenar en el albergue, donde también nos sellarán el pasaporte.

Boadilla-Carrión de los Condes (26,5 km)

Última jornada del Camino. Salimos temprano. Ya pasan los grupos de peregrinos que recorren largas distancias y los 'bicicleteros'. Tras ellos llegamos al Canal de Castilla, una gran obra de ingeniería del siglo XVIII concebida para transportar el cereal castellano hasta el Cantábrico. El ferrocarril lo dejó en desuso en 1959 y ahora sirve para el riego. Caminamos por su orilla y apreciamos que el agua corre turbia y llena de algas. Los patos se esconden en los carrizales, se escucha el croar de ranas y aparecen los primeros mosquitos. Las esclusas del canal están en la entrada de Frómista (la romana Frumenta). Sellamos en la Oficina de Turismo (5,5 km).

La villa es conocida por la magnífica iglesia románica de San Martín (siglo XI, visitable, entrada 1 euro). Es tan perfecta que parece una catedral en miniatura. Además de San Martín en Frómista se debe echar un vistazo a la iglesia de San Pedro, de estilo gótico y una soberbia portada renacentista. También la estatua de San Telmo, patrón de los navegantes que curiosamente nació en secano.

Algunos de los peregrinos se quedan. Unos para descansar, otros porque abandonan. Además de banco, tiendas, restaurantes, albergues y hoteles, Frómista es parada del autobús a Palencia y Burgos. No es nuestro caso. Tras comprobar el estado de los pies, que empiezan a doler, reanudamos la marcha para cruzar la Tierra de Campos, con sus palomares, sus campos de cereal y sus pueblos extendidos. Entramos en Población (9,5 km), donde destaca la iglesia gótica de Santa María en el alto, que perteneció a la Orden de los caballeros de San Juan de Jerusalén. Hay un bar y un magnífico albergue: Amanecer.

En Población comienza el andadero o camino lateral que no abandonaremos hasta Carrión. Siguen Revenga, Villarmenteros con bar y Villalcázar de Sirga (20,5 km), donde la iglesia templaria de Santa María La Blanca obliga a hacer un alto. Es románica del siglo XII (entrada: 1 euro). Ponen sello. Es un templo magnífico que llama la atención por sus dimensiones y da la idea del poderío económico de la Orden. En la portada sur está el Pantocrátor rodeado de los evangelistas y apóstoles. En Villalcázar hay albergue, hostal, bar, tienda y un centro de información sobre los palomares. También venden miel.

Seis kilómetros después aparece Carrión, final del peregrinaje (26,5 km), que nos recibe con los silos de trigo. Vamos calle arriba hasta el casco viejo, que estuvo amurallado, y encontraremos el monumento al peregrino, una parada de taxis y la oficina de turismo. Unos metros más arriba está la iglesia de Santa María del Camino (románica) y junto a ella el albergue municipal, atendido por monjas eficientes y políglotas, que permiten utilizar las instalaciones y depositar la mochila por un donativo.

En la calle Adolfo Suárez está la iglesia de Santiago, construida en el siglo XII por el maestro Fruchel. Lo más destacable del templo es el pantocrátor de su fachada occidental (año 1160), una de las mejores del románico español. Ahora es museo (2 euros, sello). A la hora del comer optaremos entre La Corte, el Pontón y el asador El Dob lón. El billete de autobús para Burgos los expenden en la cafetería España. Nos duelen los pies y estamos derrengados. Hace tres días que salimos de Burgos para recorrer 90 kilómetros por Castilla. Cerveza en mano, mientras esperamos al bus un reguero de turistas entra en Carrión. Una imagen que se repite desde el siglo XII, en el apogeo del Camino.

 

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