Los caseríos abren sus puertas

Unai Bilbao, del caserío Etxerriaga, posa junto a sus padres y su hija./MAIKA SALGUERO
Unai Bilbao, del caserío Etxerriaga, posa junto a sus padres y su hija. / MAIKA SALGUERO

36 explotaciones agrarias explican los pormenores de las actividades del campo y reivindican el compromiso con la tierra y la tradición

ELENA SIERRA

La expresión 'explotación familiar', en casa de Gorka Irazabal, no hace referencia solo a que la tierra la trabajan en familia, que es a lo que se refiere la etiqueta. En su casa hacen bromas con otra acepción, la literal: explotar a la familia. El hijo fue quien decidió trabajar las casi tres hectáreas de huerta, los invernaderos y los frutales, y los padres echan una mano en todo lo que pueden, y además son los que se apuntan a ir de feria en mercado para vender, en el puesto de Goreko, todo lo que el campo puede dar cada temporada. Al aita fue a quien se le ocurrió el nombre de la marca: de Gorka y de ecológico, pues Goreko. Las instalaciones de este productor de Gamiz-Fika se han sumado este año a la iniciativa de ENBA, la organización agraria de los baserritarras profesionales de Euskadi, 'Ongi etorri baserrira!'.

Visitas a caseríos

Cuándo
5 y 6 de julio.
Información
ongietorribaserrira.com. La web incluye los teléfonos y las coordenadas GPS de los caseríos participantes en el programa de visitas.

Vuelve a ser el primer fin de semana de julio, el viernes 5 y el sábado 6, y a falta de algo más de una semana ya hay visitas completas. Es el caso de Goreko, pero su historia muy bien sirve para ilustrar lo que hacen los baserritarras... y lo que ENBA quiere mostrar a los potenciales consumidores, que no es otra cosa que el trabajo bien hecho que llena nuestras neveras.

La de Gorka es una de las explotaciones vizcaínas que van sumándose a estas jornadas de puertas abiertas que comenzaron siendo solo guipuzcoanas. En la primera edición, en 2014, solo hubo ocho caseríos dispuestos a recibir visitas (90 personas se apuntaron entonces). El año pasado, sin embargo, fueron ya 29, ocho vizcaínos, y pasaron por ellos casi 700 interesados en ver cómo se producen la carne, los lácteos, las frutas y verduras, el txakoli y la sidra, la miel. Hay un poco de todo. Este año, explican desde ENBA, de los 36 baserris listos para contar sus historias, más de una docena son vizcaínos y el resto, guipuzcoanos. De productos variados y muchos, eco, como Goreko.

Gorka Irazabal sostiene una caja con verdura recogida en sus invernaderos de Gamiz Fika.
Gorka Irazabal sostiene una caja con verdura recogida en sus invernaderos de Gamiz Fika. / BORJA AGUDO

Gorka tiene 35 años y hace diez decidió apostar (casi) todo al cultivo de productos ecológicos. Ni caro, ni imposible, ni para gente con pasta… Quería demostrar que se puede, y es lo que va a contarles a los visitantes que se pasen por sus dominios el sábado. También va a explicarles que es muy duro, difícil, que exige saber de todo –«desde agricultura a finanzas, pasando por biología y marketing»– y que cada nueva temporada es un reto porque aunque la tierra es la misma, todo lo demás puede ser distinto. Que si insectos, que si climatología, que si la amenaza del cambio climático, del campo hay que estar pendiente siempre y encontrar respuestas con rapidez.

La vergüenza

«Esta es una de las explotaciones ecológicas más grandes del sector en Bizkaia y en Gipuzkoa y he ganado unos cuantos premios», dice orgulloso Irazabal. No es para menos. Y no quiere ocultarlo. Eso, asegura, es reconocer el valor que tiene lo que hace, que no es otra cosa que dar de comer a la gente, pero da de comer poniendo en conocimiento de los interesados de dónde viene un tomate o una berza, cómo se ha cultivado, por qué cuesta lo que cuesta y por qué hay épocas del año en que no crece. Todo esto es lo que buscaba ENBA cuando hace seis años comenzó a convencer a los productores de que había que abrir las puertas de las ganaderías de carne y de las huertas, de los lugares en los que se hacen el queso y la miel, de los campos en los que picotean las gallinas y los pollos.

A Gorka al principio le avergonzaba decir que trabajaba la tierra. «Es que la gente suele pensar que es lo que haces cuando no se te da bien nada más», asegura. Pero hace tiempo que superó esta etapa, como muchos de sus colegas. Él, que no tenía ninguna relación con el sector ni una tradición familiar que seguir, apostó por la agricultura ecológica porque es consciente de la importancia que tiene cultivar la comida con respeto.

Iratxe Martínez y su ama Teresa, en su granja de gallinas.
Iratxe Martínez y su ama Teresa, en su granja de gallinas. / PANKRA NIETO

Unai Bilbao y su familia sí tenían una relación previa con la tierra. En el caserío Etxerriaga, en Amorebieta (en el barrio de Boroa), los abuelos ya cuidaban sus manzanos y hacían sidra y hace ocho años los nietos decidieron volver a hacerlo. «Somos una explotación joven y nacimos para continuar con la tradición». Elaboran una bebida «muy natural, es un zumo de manzana fermentado, sin azúcar, sin añadidos, antioxidante. Es muy suave, de sabor y olor equilibrados», describe su producto. Trabajan también la horticultura, acaban de empezar con el txakoli y de paso pasean de pueblo en pueblo, por las ferias, su txozna de talo. Seguro que a más de un lector le suena. «Antes lo hacíamos de vez en cuando, pero enseguida nos dimos cuenta de que a la gente le gustaba comerse un talo en la feria y ahora vamos a todas las importantes».

En las visitas de Etxerriaga, baserri del siglo XVIII acostumbrado ya a mostrarse al público, se suele hacer cata de sidra, talo con productos de la casa y selección de lo que va creciendo en la huerta. Se trata de que la gente toque, vea, huela, entienda cómo funciona el ciclo. Y ahora en verano, insiste Unai Bilbao, es la mejor época para hacerlo. «Ver las campas recién cortadas, y en las viñas las uvas, las manzanas ya en las ramas, las alubias en la vaina, las calabazas y los calabacines en la huerta... Es ahora cuando está en auge y lo ves todo en la naturaleza», describe. Será así hasta primeros de septiembre.

De todo un poco

Cierto es que en el campo hay más seres vivos, en los baserris lo saben bien. Ahí andan las vacas, como las de la ganadería Fidel Abans, en Dima, donde crían ganado de carne de la raza Limusina, con Label, aunque su actividad principal es la venta para vida y los concursos. Otra de las explotaciones vizcaínas que participa de la iniciativa también trabaja 'limusinas'; es Landako Errota, en Mungia. En el caserío Momoitio (Garai), las protagonistas son las gallinas, que corretean al aire libre y dan huevo ecológico con todos sus certificados y etiquetas, y en el mungiarra de Artandi los pollos Lumagorri, que se crían en las casetas y praderas que rodean el caserío de Arantxa Oñaederra. En Berriz, Aiarbi tiene vacas lecheras y, en Loiu, los de Abaroa se dedican a las abejas y elaboran miel y polen fresco congelado.

Arkaitz Biritxinaga, junto a las vacas lecheras de su granja en Berriz.
Arkaitz Biritxinaga, junto a las vacas lecheras de su granja en Berriz. / IGNACIO PÉREZ

Y volviendo al reino vegetal, en Iurreta, San Marko se dedica al cultivo de flores aromáticas, frutos del bosque y plantas que comercializa bajo la marca Ortuberri, mientras que en el caserío Basterra cuentan con el certificado de gestión sostenible de sus plantaciones de pino; aquí, la visita al bosque va seguida de la de las instalaciones de Maderas Agirre para ver los diversos usos de que se le da a esa materia. En Loiu, Gaztanatxu trabaja la huerta y la viña de forma artesanal, y en Arrieta (cerca de Fruiz, aunque alguno haya que lo sitúa en Gipuzkoa) la producción agroecológica de verduras y hortalizas se hace en Biortzartxu. Todas las visitas vizcaínas son el sábado excepto la de La Gilda del Norte, que cultiva guindilla de Ibarra en sus terrenos de Lezama –y la sirve en el local del centro de Bilbao de nombre Gildatoki–.

Entre las citas de esta edición de 'Ongi etorri baserrira!' hay también pan de caserío, ovejas con sus quesos y cuajadas, txakolis con años de existencia. Los productores vascos están preparados para contar lo que hacen, responder a las preguntas de sus invitados y hasta darles a probar algunas de sus elaboraciones.