Víctimas en la diana

El homenaje a un etarra que asesinó a Buesa y su escolta, suspendido tras una denuncia ante la Fiscalía, pone en evidencia a la izquierda abertzale

Víctimas en la diana
Reuters
EL CORREO

La inercia de décadas al servicio militante del terrorismo persiste en algunos sectores de la izquierda abertzale, en los que aún anida la tentación de glorificar como héroes a los verdugos más abyectos. Los homenajes públicos a pistoleros de ETA retratan a una parte de la sociedad que sigue narcotizada por la violencia. Como si nada hubiesen alterado los casi siete años transcurridos desde el anuncio del cese definitivo de sus acciones por parte de una banda terrorista que, derrotada por el Estado de Derecho, se ha visto forzada a escenificar su desarme y proclamar su disolución. Todo ello, sin haber conseguido ni una sola de las reivindicaciones en cuyo nombre asesinó a más de 850 personas e hizo sufrir a Euskadi una pesadilla de medio siglo. La marcha a favor de los presos de ETA que formaba parte del programa de fiestas de Judimendi, en Vitoria, constituía una nueva afrenta a las víctimas. Entre ellas, el exvicelehendakari Fernando Buesa y su escolta Jorge Díez, asesinados en febrero de 2000. Uno de los reclusos condenados por este doble crimen, Diego Ugarte, iba a ser homejeado en una 'kalejira' prevista para mañana en el calendario festivo y es ensalzado por su «compromiso» y «lucha» en la revista de la asociación de vecinos del barrio. La notificación de la convocatoria de ese acto a la Fiscalía por parte del Ayuntamiento de Vitoria, al considerar que se trata de una «clara apología del terrorismo», ha empujado a rectificar a la asociación vecinal, que ha suspendido la manifestación, paralizado el buzoneo de la revista, retirado el polémico artículo de su edición digital y pedido disculpas a quienes se hayan sentido «molestos o heridos». Es de esperar que su rápida marcha atrás no sea solo fruto de la posible retirada de las subvenciones municipales a esa entidad, sino de una profunda reflexión moral. Y el reconocimiento de un craso error. La apuesta de la izquierda abertzale por una convivencia normalizada carecerá de la más mínima credibilidad mientras no rompa amarras de verdad con su pasado. Mientras no frene en seco cualquier intento, como el de Judimendi, de pisotear la memoria de las víctimas. Mientras no haga la pedagogía necesaria para que sus bases comprendan que rendir tributo a unos asesinos constituye un cruel intento de justificar la ignominia; un inadmisible pretensión de reivindicar las páginas más negras del terrorismo etarra, que nunca debió existir.