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El revés más duro para el lehendakari

Urkullu toma conciencia de estar a merced del interés común de la oposición

El revés más duro para el lehendakari
blanca sáenz de castillo
Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Si de algún halo invisible le gusta rodearse a Iñigo Urkullu, aunque no presuma de ello, es del de la ejemplaridad y la rectitud. El personaje del lehendakari, que se superpone a la persona, es el de un político serio y templado, poco amigo de escándalos y de aspavientos, mucho más hormiga que cigarra y deliberadamente previsible en tiempos de desahogos en 140 caracteres. De hecho, esta semana se tuvo que refrenar para no expresar su enfado por las dudas que Carles Puigdemont había sembrado sobre la veracidad de su testimonio en el juicio del 'procés', pese a estar convencido de que insinuó que era un mentiroso para evitar quedar como un líder timorato y superado por las circunstancias en su pugna con Oriol Junqueras. Pero hete aquí que lo que de verdad preocupaba a Urkullu esta semana, pese a las apariencias, no eran las 'boutades' del fugado de Waterloo. Lo que le quitaba el sueño era la dimisión forzosa, decidida por ambos la semana pasada, de uno de los puntales de su Gobierno, Jon Darpón.