Reencuentro improbable

No supimos alegrarnos juntos de la derrota de ETA y cada vez parece más lejana una deseable memoria compartida

El lehendakari, Iñigo Urkullu. /Efe
El lehendakari, Iñigo Urkullu. / Efe
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

No, este año tampoco. Instituciones y partidos van a volver a celebrar el Día de la Memoria en el País Vasco por separado, con actos distintos y en días diferentes.

Les contaba hace unos meses la sima que poco a poco iba abriéndose entre el Instituto de la Memoria Gogora, dependiente del Gobierno Urkullu, dirigido por el contestado Jonan Fernández y la exparlamentaria abertzale Aintzane Ezenarro, y el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, que controla la Administración central. Pues bien esa sima, discreta pero real, va a volver a ponerse de manifiesto en las próximas horas.

Gogora anunció hace ya días que celebraría la efeméride mañana en el Palacio Miramar de San Sebastián. Allí estarán el Gabinete Urkullu y la mayoría de los partidos, excepto el PP. El Centro Memorial que dirige el periodista Florencio Domínguez va a hacerlo hoy mismo en la Subdelegación del Gobierno central en Álava.

Desde el primer momento, el Memorial informó que el suyo sería un acto sin discursos de políticos, centrado en dar la palabra a víctimas del terrorismo de ETA, a personas que lo sufrieron, lo persiguieron o le plantaron cara. Gogora no ha querido ser menos y a última hora ha decidido que en su celebración también tomarán la palabra por primera vez víctimas. De ETA, los GAL y abusos policiales.

Hace ya siete años, cuando ETA anunció oficialmente su disolución derrotada por la democracia y sin lograr ni uno solo de sus objetivos políticos, no fuimos capaces de celebrar juntos el fin de la pesadilla terrorista. Por suspicacias comprensibles. Pero, sobre todo, por el interés partidario de sectores políticos y mediáticos de la derecha y la derecha extrema.

Hoy se repiten las invitaciones a conseguir una memoria compartida. Por las víctimas, por respeto a su memoria. Y para que quienes intentaron imponernos su dictadura mediante la bomba, el tiro en la nuca y la extorsión no ganen tampoco la batalla de la memoria. Y no hagan creer a las nuevas generaciones que aquí hubo dos bandos en conflicto cuando lo que hubo fue una sangrienta tentativa de limpieza étnica.

La unidad didáctica preparada por el equipo de Jonan Fernández para llevar la historia de ETA a los colegios ha vuelto a poner de manifiesto la cruda realidad: cada vez parece más inalcanzable ese relato compartido de la tragedia que ha vivido este país.

La mayoría de las víctimas, PSE y PP alzaron su voz contra los, de nuevo, equidistantes videos preparados por Fernández. El lehendakari Urkullu, su superior y quien le nombró, terció en la polémica e invitó a los críticos a hacer sus aportaciones.

Sonó a intento sincero por apaciguar los ánimos. Pero de inmediato Iñigo Iturrate, uno de los cargos jeltzales de más peso y más próximos al presidente del EBB, Andoni Ortuzar, cargaba contra los disidentes, tildaba su reacción de «histérica» y acusaba a sus moderadísimos socios del PSE de «falta de lealtad».

Me encantaría equivocarme, pero cada día parece más evidente que estamos ante un reencuentro improbable. La batalla por la memoria va a seguir, y por mucho tiempo. Y no solo con dos frentes, el de los demócratas y el de quienes jalearon a los asesinos. Las diferencias entre el PNV y el PP son de calado, pero cruje demasiado el puente PNV-PSE. Excelentes noticias para la izquierda abertzale. Muy malas para el resto.

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