Una joven cántabra en el atentado de Nueva Zelanda: «Solo pensaba en correr»

Beatriz Corniero, en una foto tomada en Nueva Zelanda/
Beatriz Corniero, en una foto tomada en Nueva Zelanda

Beatriz Corniero, de 24 años, se encontraba a seis minutos de una de las mezquitas de Christchurch en el momento del tiroteo que acabó con la vida de 49 personas

ANA DEL CASTILLO

La cántabra Beatriz Corniero recuerda perfectamente la cara desencajada del hombre que le advirtió del atentado. «Se comportaba de manera extraña, muy preocupado y alterado. Cuando me nombró la palabra lockdown (bloqueo de seguridad) comprendí que algo malo estaba pasando y solo pensé en correr». La joven, de 24 años, se encuentra de vacaciones desde el pasado 4 de marzo en Christchurch (Nueva Zelanda), donde 49 personas han sido asesinadas en dos ataques terroristas.

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Viajaba en caravana por la costa este de la isla con cinco amigos, también españoles, rumbo al centro de la ciudad, donde se ubican las dos mezquitas atacadas, Al Noor y Lindwood. Pero afortunadamente decidieron parar a comer algo antes. «Aparcamos en un parque, a diez minutos de una de las mezquitas, cercano a un polideportivo que vimos abierto. Me sorprendió que cuando quise ir al servicio todas las puertas estaban cerradas y no había nadie en la calle. Llamé insistentemente y apareció un hombre, él fue quien me dijo que si entraba al pabellón no podía volver a salir, que había habido un tiroteo muy cerca de donde nos encontrábamos», explica Corniero.

En ese mismo momento, esta joven de Santander corrió como pudo hacia el vehículo donde se encontraban sus amigos, sacó el teléfono móvil y buscó en internet alguna información que consiguiera tranquilizarla, pero nada más lejos de la realidad. «Las noticias decían que había un coche bomba. Miré la dirección y pedí que la buscaran en Google Maps. Lo teníamos a seis minutos. Empezamos a ponernos aún más nerviosos, no sabíamos si entrar en el pabellón o irnos», explica al otro lado del teléfono. Cuando hace las declaraciones a este periódico han pasado diez horas desde el atentado. Todavía le tiemblan las piernas y la voz.

«Acabé llorando»

Optaron por la segunda opción, la de no entrar en el recinto deportivo y huir del lugar. «La gente conducía muy rápido y de forma algo alocada, nos adelantaban por los arcenes. Así que paramos en un lago y allí empecé a temblar y acabé llorando. Es indescriptible lo que uno siente en este estado. Cuando el señor del polideportivo me dijo aquellas palabras (There is a lockdown there has been a shooting not far away, near here) me bloqueé, mi cerebro no era capaz de escuchar más. Sentí un miedo que no sé explicar, no me creo que haya podido estar tan cerca de algo tan escalofriante».

Tras el atentado en Christchurch, la tercera ciudad del país, la policía cerró los accesos al centro y llamó a la población a permanecer en sus casas. Corniero y sus amigos, que cogen un vuelo mañana a las cinco y media de la tarde con destino a Bondi Beach (Sídney), donde pasarán aún unos días hasta regresar a España, se resguardan en un hostal cercano al lago. «Empecé a notar algo raro, todo el mundo nos miraba como si fuéramos sospechosos, nos analizaban y nos hacían sentir incómodos».