Trump lleva la bronca a Biarritz

El presidente de Estados Unidos insulta al anfitrión al anunciar que impondrá aranceles al vino francés

PAULA ROSASBiarritz (Francia)

Como viene siendo habitual, Donald Trump entró este sábado en la cumbre del G7 como un elefante en una cacharrería y consiguió marcar la agenda del primer día del encuentro. La polémica la sembró incluso antes de subir al avión que le llevaría hasta Biarritz, al dinamitar los pocos puentes que le quedaban con China en su peligrosa guerra comercial que parece abocada a arrastrar a la economía internacional hasta la recesión y, al insultar al anfitrión antes incluso de entrar en su casa, asegurando que impondría aranceles al vino francés «como nunca antes hayan visto». Es el estilo de la casa, que Emmanuel Macron conoce bien y que ayer trató de aplacar invitándole a un almuerzo improvisado, a solas y antes de recibir a ningún otro dirigente.

El Grupo de los Siete inició anoche oficialmente la cumbre con una cena informal de trabajo en el faro de Biarritz, un bello paraje que no consiguió ocultar las profundas divergencias que desgarran el grupo. Los dirigentes habían ido llegando a lo largo del día a esta ciudad balneario de la costa vascofrancesa, donde pasarán el fin de semana tratando cara a cara sobre los temas previstos en la agenda, como la lucha contra la desigualdad, y los que ocuparán los titulares, como el 'brexit', la guerra comercial o los incendios de la selva amazónica. Las divergencias son profundas y el presidente francés quiso comenzar reuniéndose con sus principales socios para preparar un frente común antes del comienzo oficial del encuentro entre los dirigentes.

Tensiones comerciales

Tras el almuerzo pacificador con Trump, del que el Elíseo dijo luego que ambos mandatarios habían encontrado «elementos de convergencia» sobre asuntos como el comercio, Irán y los incendios de la Amazonía, Macron se entrevistó con su gran aliada en Europa, Angela Merkel, y posteriormente con los europeos miembros del G-7, el británico Boris Johnson, el italiano Giuseppe Conte, la propia Merkel y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

De los encuentros apenas se filtró ninguna información pero, pese a la crispación, Macron quiso ayer poner un punto conciliador a los diferentes asuntos candentes que planean sobre la cumbre. Al fin y al cabo es el anfitrión. En un discurso televisado, aseguró que las tensiones comerciales «perjudican a todo el mundo», y que lo que se espera de todos ellos en la cumbre es que «sepamos coordinarnos y actuar juntos con utilidad». El francés quiso además ayer hacer un ejercicio de pedagogía para explicar a los franceses los asuntos en juego que se tratarán durante la cumbre. En muchas partes del mundo, no solo en Francia, ha dejado de entenderse para qué sirve un encuentro así, con un grupo de potencias que ya solo representan el 40% del PIB mundial y en el que, teniendo en cuenta los criterios fundacionales del G-7, países como Italia deberían dejar paso a otras economías más potentes como China o la India.

Mucho menos diplomático estuvo el presidente del Consejo de Europa, Donald Tusk, que dio una rueda de prensa por la mañana en la que atizó a todos por igual. A Boris Johnson por el 'brexit', a Trump por la guerra comercial y al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, por los fuegos de la selva amazónica. Rusia también recibió lo suyo.

Uno de los asuntos que sin duda marcarán el G-7 es el Brexit. Tanto Londres como los socios europeos ya notan el aliento de la cercana fecha de salida en la nuca y pierden oportunidad para intentar responsabilizar al otro de que finalmente no se llegue a un acuerdo y se abra el abismo, es decir, que el Reino Unido acabe saliendo abruptamente de los Veintisiete. Este sábado Tusk dijo que la UE estaba dispuesta a escuchar las propuestas del gobierno británico «siempre que sean operativas, realistas y aceptables para todos los Estados miembros, incluido Irlanda». Pero también incluyó una pulla, y recomendó a Boris Johnson que no acabe siendo conocido como «Míster No Acuerdo». Al británico le faltó tiempo para contestar y respondió con la misma fórmula nada más salir de su avión tras aterrizar en Biarritz. Pidió a Donald Tusk que se aplicara el cuento para no acabar siendo él el recordado como «Míster No Acuerdo».

Destrucción del Amazonas

Tusk, que fue quien más titulares dio la jornada de este sábado, también advirtió a Donald Trump que, aunque la Unión Europea no busca la confrontación, está dispuesta a responder con la misma medida para defender los intereses europeos, entre ellos los vinos franceses. Las amenazas del estadounidense a los caldos galos vienen en represalia por la tasa del 3% que Francia quiere imponer a los gigantes de internet, en su gran mayoría estadounidenses.

El acuerdo con Mercosur también se coló en las discusiones, después de que Macron asegurara que se oponía a la firma del acuerdo entre la Unión Europea y este grupo de países del sur después de que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, «mintiera» sobre sus compromisos medioambientales. Este sábado Tusk apoyó públicamente a Macron y dijo que la ratificación del acuerdo resultaba difícil «mientras el presidente brasileño permite la destrucción de los espacios verdes del planeta».