Pactómetro: dos fórmulas para gobernar España

Adolfo Lorente
ADOLFO LORENTE

El fuego cruzado de campaña se convertirá en fuegos de artificio a partir de ahora. Arranca la dictadura de la aritmética. El objetivo es sumar 176 escaños, la cifra mágica que permitirá a Pedro Sánchez gobernar con cierta tranquilidad, poder tener los Presupuestos que no pudo sacar y le empujaron a convocar elecciones anticipadas. 176. ¿Cómo? La última palabra la tendrá el PSOE, pero conviene no olvidar que una cosa es ser investido presidente y otra bien diferente poder gobernar España. Sánchez lo sabe bien. Los mismos que le auparon hasta La Moncloa 'gratis et amore' en una histórica moción de censura fueron quienes le dejaron caer a las primeras de cambio. El independentismo catalán vuelve a ser clave. Las urnas han dejado dos fórmulas realistas para sumar 176. La que más suma, es la de PSOE y Cs, pero los de Albert Rivera siguen defendiendo el 'no es no'. Y la otra es un tótum revolútum de siglas, con Unidas Podemos, el PNV y ERC.

PSOE - CS

La compleja reedición del 'Pacto del Abrazo'

Es la suma que más suma, la fórmula de gobierno que sobre el papel menos quebraderos de cabeza supondría. Entre los dos suman 180. No dependen de nadie más. Ni del nacionalismo ni del independentismo, como viene siendo habitual en las últimas legislaturas. Unidas Podemos sabe que es factible y por eso ha venido advirtiendo de que es la fórmula que «quiere el Ibex 35». En Bruselas, además, se vería con muy buenos ojos al ser dos formaciones europeístas que darían a la cuarta potencia del euro una gran estabilidad política en momentos de turbulencias para el club. Pero no. O mucho cambian las cosas, o imaginarse un gobierno entre el PSOE y Ciudadanos a tenor de las declaraciones de sus líderes es poco menos que un imposible.

Echar a Sánchez es una emergencia nacional. Es un peligro tener a un presidente que miente, a alguien que es capaz de dar a Torra las llaves de Espala. Me parece indigno». La contundencia de los ataques de Albert Rivera hacia Sánchez ha sorprendido a muchos. No sólo le ha vetado y establecido un cordón sanitario en torno a su figura, sino que ofreció desde el minuto cero un acuerdo de gobierno al PP, dejando todo el centro al PSOE. En Cs estaban convencidos en que el 'sorpasso' a los populares era más que posible y casi lo consiguen. Se han quedado a un suspiro, de ahí que no se moverán ni un milímetro hasta la celebración de las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo. En Madrid, sin ir más lejos, son la nueva referencia.

No hay que retroceder tanto para toparse con el llamado 'Pacto del Abrazo', suscrito por Sánchez y Rivera el 24 de febrero de 2016 para investir presidente al líder del PSOE tras pactar «200 medidas por el cambio». Entonces, apenas sumaban 130 de los 350 escaños, y el 2 de marzo de aquel año, el Congreso frustró el primer intento de formar un gobierno de centro izquierda.

Desde el PSOE siempre han abonado esta posibilidad, pero no fue hasta el último de los dos debates, celebrado el martes, cuando Sánchez lo descartó por primera vez: «No está en mism planes pactar con un partido que ha puesto un cordón sanitario al PSOE», zanjó para responder a los continuos requerimientos de aclaración exigidos por Iglesias. Hoy, comienza un nuevo partido. Si al final el riesgo de bloqueo puede llevar al país a celebrar otras elecciones, la presión va a ser máxima para que ambos partidos se entiendan.

PSOE-UP + PNV + ERC

En manos del independentismo

Durante varios momentos de la noche, el PSOE vio cómo sus 123 escaños podían sumar 176 sin tener que recurrir al independentismo catalán ni a los votos de EH Bildu. Lo lograba gracias a un tótum revolútum de siglas integrado por Unidas Podemos (42), PNV (6), Coalición Canaria (2), Compromís (1), el PRC cántabro (1) y Coalición por Melilla (1). Al final, se cayeron los melillenses y esta compleja suma dio 175, lo que obligará a recurrir a formaciones como ERC, JxCat o EH Bildu para poder gobernar.

En Moncloa, Pedro Sánchez aprendió que ser investido presidente no es sinónimo de poder gobernar. El independentismo catalán le eligió como mal menor frente a Mariano Rajoy y el indepentismo catalán, a las primeras de cambio, bajó su pulgar porque sin referéndum de autodeterminación no había nada que hacer. Es su línea roja, su razón de ser. De ahí que en los últimos días de la campaña, Sánchez se desgañitó asegurando que «nunca pactó con ellos» y que «no es no», que no habrá referéndum. «No quiero que descanse la estabilidad ni la gobernabilidad de este país en manos de las fuerzas independentistas. Sus líderes no son de fiar», zanjó en la recta final de campaña.

¿Significan estas duras palabras que no pactará con Esquerra o Junts per Catalunya? La política es el arte de hacer factible lo imposible, así que no conviene descartar nada. El secesionismo catalán necesita ser influyente en Madrid para poder mantener su rol de caballo de Troya del Estado, 'cambiándolo' desde dentro. Con este Congreso, podrá seguir haciéndolo si el PSOE se presta a ello. Si Sánchez se presenta a una investidura, es más que posible que reedite su mandato como presidente del Gobierno sin la menor contraprestación. Otra cosa es cuánto durará este mandato ya que la gobernabilidad, en este caso, podría ser un infierno.

Aceptar los votos de ERC pese a no ser requeridos puede converirse en un regalo envenenado para el PSOE, que en los últimos meses ha sufrido un ataque frontal desde el centro derecha por hacerlo. El ambiente es irrespirable. Además, hay que tener en cuenta que en esta nueva legislatura, el partido de Oriol Junqueras ha suscrito un acuerdo de colaboración con EH Bildu para trabajar en favor de la independencia. Si van en el mismo 'pack', la presión sobre Sánchez para no aceptar el apoyo de Arnaldo Otegi sería enorme.