Unidos por la lucha obrera y el amor

Mari Cruz Vicente y Santi Bengoa, en la sede de Comisiones Obreras en Bilbao, el pasado viernes. / Luis Ángel Gómez

Mari Cruz Vicente y Santi Bengoa han compartido 40 años de sindicato y vida. En 1987 ella le empujó a liderar CC OO en Euskadi; ahora él le anima a dar el salto a Madrid

Ana Barandiaran
ANA BARANDIARAN

En las vidas de Mari Cruz Vicente y Santiago Bengoa es imposible separar el plano personal del sindical, su compromiso con los derechos de los trabajadores y el suyo propio. Se conocieron y enamoraron ya trabajando en Comisiones Obreras, a principios de los años 80 del pasado siglo, cuando ambos eran veinteañeros, en plena Transición. Su historia de amor se construyó a la vez que el sindicato se organizaba tras salir de la clandestinidad. Han ido ocupando diferentes puestos en la estructura de la central. Él fue secretario general de Euskadi entre 1988 y 2000 y en la actualidad está jubilado. Ella ha desempeñado también importantes responsabilidades y ahora, con 60 años, ha asumido un nuevo desafío: ha aceptado irse a Madrid, a la ejecutiva confederal de Unai Sordo, como 'número dos', aunque no le gusta nada ese apelativo. «Seré encargada de Acción Sindical», matiza, un cargo en el que sustituirá a la repentinamente fallecida Mercedes González, la primera mujer que llegó a ese puesto en la dirección nacional de CC OO.

Recorrer con Bengoa y Vicente su relación y trayectoria es un repaso a la historia sindical española de las últimas cuatro décadas. Para los inicios hay que remontarse a esa época convulsa de los años 70, cuando el país intentaba salir de las tinieblas de la dictadura, con gran ilusión por conquistar derechos y libertades largamente reprimidos. Todo estaba por hacer. Al evocar esa etapa, el recuerdo de los dos se va directamente a los trágicos sucesos del 3 marzo de 1976. No es de extrañar teniendo en cuenta la conmoción que causó la matanza en Vitoria, su ciudad. Aquel día de huelga general la policía disparó contra los trabajadores reunidos en la Iglesia San Francisco de Asís y cinco resultaron muertos.

«Hubo un antes y un después. Fue espantoso. Recuerdo que sólo se oían las sirenas y a la gente gritando 'asesinos' desde sus casas a oscuras». Santi lo vivió muy cerca. Ya estaba involucrado en el sindicato. En ese momento estaba en Michelin. «La fábrica se quedó fuera, pero participé en las manifestaciones a título personal. En una de febrero nos pusieron morados a golpes. Al final me echaron», rememora. Las condiciones laborales de entonces eran muy duras. «Trabajábamos 48 horas a la semana y con sólo 15 días de vacaciones», señala. Compatibilizaba su empleo en la planta con la tarea de montar la estructura de Comisiones en Euskadi prácticamente desde cero. No hay que olvidar que el sindicato, vinculado al Partido Comunista, no se legalizó hasta 1977.

Mari Cruz, tres años más joven, también tiene grabada en su memoria aquel de 3 de marzo. «Estudiaba interna en las Ursulinas y nos mandaron a casa». Tenía 18 años. Tras acabar el Bachillerato se puso a trabajar en la fábrica de planchas Krainel (hoy BSH). Ya apuntaba maneras, porque nada más terminar su primera jornada laboral se afilió a Comisiones Obreras. Aunque para entonces ya tenía el carné del Partido Comunista, al que estuvo afiliada hasta hace unos años.

Santiago Bengoa

Datos personales.
Nació en Olaeta-Aramayona el 24 de julio de 1955.
Trayectoria.
Estuvo 12 años al frente de Comisiones Obreras de Euskadi. Sustituyó en 1988 al primer secretario general del sindicato, Tomás Tueros. Después fue reelegido dos veces.
Actualidad.
Tras abandonar la Secretaría general en 2000, volvió a la empresa, a Sidenor. Hace dos años, en 2016, se jubiló con un contrato de relevo.

Mari Cruz Vicente

Datos personales.
Nacida en Arabayona (Salamanca) en 1958. Cuando era muy niña su familia se trasladó a Vitoria.
Trayectoria.
Desempeñó desde 1983 distintos cargos en el sindicato. En 1991 asumió la dirección de CC OO en Álava, una responsabilidad que mantuvo hasta 2013. Entonces pasó a la ejecutiva de Euskadi.
Actualidad.
Le acaban de nombrar secretaria nacional de Acción Sindical, lo que le ha obligado a trasladarse a Madrid.

El enamoramiento

Sus vidas se enlazaron en 1981. Cómo no, en el sindicato. Lo cuenta ella que, según reconoce, fue la que lo tuvo más claro desde el principio. Quería estar con él. «En esa época, por las tardes, íbamos al sindicato (en Vitoria) para ocuparnos de la asesoría. Había muchísimo que hacer. La gente no sabía ni lo que era un convenio. Santi, a la vuelta de la mili, también venía por las tardes y coincidíamos. Había pegada de carteles, asambleas... Currábamos mucho y no terminábamos hasta la noche. Pero luego tomábamos algo y así surgió. Tuve que empujarle un poco».

Al cabo de tres meses ya estaban viviendo juntos. No se casaron hasta diez años después y sólo por el juzgado. «A mi madre, que era muy religiosa, le costó asumirlo. Encima tenía una tía monja que le machacaba con que estábamos en pecado», cuenta Santi. «Y en el propio Partido Comunista había quien lo veía muy mal», añade Mari Cruz.

Pasando páginas en su álbum de fotos, otro momento clave es 1987. Fue cuando Santi Bengoa presentó su candidatura para suceder al histórico Tomás Tueros, uno de los fundadores de Comisiones Obreras en Euskadi y secretario general desde su constitución en 1978. Era un momento de crisis interna. También en Madrid se produjo el relevo de Marcelino Camacho por Antonio Gutiérrez, uno de los que animaron a Bengoa a dar un paso adelante para renovar la central e independizarla de sus vínculos con los partidos políticos. Aunque el impulso definitivo vino de Mari Cruz. «Yo contribuí muy activamente para que se presentara. Me costó convencerle porque no le gustaba el protagonismo».

Se decidió y estuvo 12 años, tres mandatos. Hasta el 2000. Mientras, Mari Cruz fue ocupando distintos cargos, porque desde muy pronto se liberó para volcarse totalmente en el sindicato. En 1991, embarazada de su hija, asumió la dirección de la central en Álava.

«Atacar a los sindicalistas viene de lejos. A mí me acusaron de comprarme un piso en la Costa del Sol» Santiago Bengoa

La convivencia

- ¿No ha habido roces al compartir sindicato y familia?

- (Mari Cruz) Yo creo que la clave en nuestro caso ha sido que cada uno ha tenido su espacio. Eso lo hemos cuidado muchísimo. Y luego, tras ser padres, hemos tenido muy claro que había que compartir cuidados. Lógicamente, cuando Santi estaba en Bilbao y yo en Vitoria, a mí me tocaba un papel mayor en casa. Aunque con sólo cuatro meses ya llevamos a nuestra hija a la escuela. Hemos hecho uso de unos servicios públicos que defendemos.

Ahora cambian las tornas. Es ella la que va dar un paso adelante al marcharse a Madrid para ser la secretaria nacional de Acción Sindical. Unai Sordo, que ahora recurre a Mari Cruz para la ejecutiva confederal, ya la fichó para desempeñar esa labor en la estructura de Euskadi en 2013 y en el último congreso volvió a ser elegida para el cargo.

«La clave en nuestro caso ha sido respetar el espacio de cada uno y compartir las tareas en casa» Mari Cruz Vicente

«Cuando se lo conté a mi hija me dijo que era una insensata. Que yo no estaba acostumbrada a vivir en una ciudad como Madrid y que ya tenía 60 años», se ríe. Ella se siente con energía. Cree que se abre una etapa interesante para recuperar derechos laborales. Santi le apoya. «Me dijo que era un buen broche para mi carrera sindical».

Él está jubilado desde hace ya dos años. En cuanto abandonó la Secretaría general en el 2000, volvió a la empresa, a Sidenor en Vitoria. Tenía 45 años y se incorporó directamente a la línea de producción. «Los primeros años estuve montando cajas de laminación, que te llenabas de grasa. Luego pasé a formación».

Ambos defienden con ardor el papel de los sindicatos para lograr una mayor justicia social. Ven con gran esperanza que haya relevo generacional dentro de Comisiones y no dudan de que también habrá nuevas parejas. «Esto une mucho. La prueba es que no somos los únicos. Está también Loli (la actual secretaria general de Euskadi) con el responsable de Industria y muchos más. Se meten muchas horas y claro...»

El sindicalismo «Si no te organizas, no hay derechos»

El movimiento sindical ha cambiado mucho desde que ellos se incorporaron a él allá por la década de los años 70. Entonces era una época difícil, aunque también cargada de romanticismo. Se estaba saliendo de una dictadura y había mucha ilusión por iniciar una etapa nueva, con las libertades y derechos que ya se disfrutaban en otros países vecinos. Ahora el papel de los sindicatos está mucho más cuestionado. De hecho, los movimientos más importantes que han llevado a la gente a la calle en los últimos tiempos -el de los pensionistas y el de la mujer- han surgido al margen de las centrales.

Santiago Bengoa asegura que lo de cuestionar a los sindicatos viene de lejos. Es una estrategia tradicional de «la contraparte». «Recuerdo que cuando los sucesos del 3 de marzo de 1976, el sindicato vertical franquista sacó un panfleto acusándonos a una pobre señora y a mí de habernos comprado un apartamento en la Costa del Sol. Yo no sabía ni dónde estaba eso entonces».

Los dos tienen muy claro que la lucha sindical en defensa de los trabajadores está plenamente vigente, por mucho que hayan cambiado las relaciones laborales en los últimos tiempos. «No hay más que ver lo que ha pasado en esta crisis. Las rentas del trabajo han ido perdiendo peso en la riqueza frente al capital. La lucha por un reparto más justo es necesaria», reclama Bengoa.

En el mismo sentido, Mari Cruz advierte de que la nueva economía colaborativa, esa que ha alumbrado nuevos oficios como los 'riders' (repartidores a domicilio), es un «foco de explotación laboral». En su opinión, la única forma de hacerle frente pasa por organizarse. «Si no hay organización, no hay derechos», afirma tajante. Bengoa matiza que en la lucha sindical también hay que analizar la situación de cada empresa, porque el objetivo debe ser siempre «fortalecer el empleo y no cargarnos las empresas».

En cuanto al escepticismo que a veces despierta la labor sindical, Mari Cruz responde desafiante: «Que vengan conmigo un día y ya verán cómo se trabaja».

La política «Ya no somos del partido comunista»

El sindicato Comisiones Obreras estuvo en sus orígenes vinculado al Partido Comunista de España (PCE). Lo habitual en esa época era estar afiliado a ambas organizaciones -lo mismo ocurría con UGT y el PSOE- y tanto Mari Cruz como Santi entraban dentro de esa norma. Eran del partido y del sindicato.

Pero si bien siempre han permanecido vinculados a Comisiones Obreras, no ha ocurrido lo mismo con el PCE. El primero en desmarcarse fue Bengoa. «Me di de baja porque no compartía en absoluto la participación de Izquierda Unida en el Pacto de Lizarra», explica. Aquel acuerdo, sellado en septiembre de 1998, tenía por objeto abrir una negociación para el cese del terrorismo de ETA y fue firmado por todas las fuerzas nacionalistas y por Izquierda Unida-Ezker Batua, además de por todos los sindicatos también nacionalistas.

Mari Cruz se mantuvo algunos años más, pero también le llegó el desencanto. En su caso fue al enterarse de los tejemanejes de Izquierda Unida para entrar en la Diputación de Álava. «Se estaban negociando prebendas personales y eso no me gustó nada».

En los inicios, sin embargo, sí que estaban muy comprometidos con el partido. «El PCE buscaba la reconciliación nacional, la constitución de un sistema democrático y social potente», señala Bengoa. «El establecimiento de las libertades y más igualdad en el reparto de la riqueza», añade Vicente.

Aunque al principio lo defendían con ardor, el partido también ocasionó alguna que otra disputa conyugal. «Cuando se produjo la ruptura del PCE, una parte nos fuimos a Izquierda Unida y otros al PTE, encabezado por Carrillo. Santi estaba un poco en el limbo, más escorado al otro bando. Eso hizo que nos insultáramos un poco», se ríe ahora Mari Cruz.

La mujer «Tenemos una hija feminista radical»

Cuando sale a colación su hija, la pregunta es obligada. ¿Está afiliada a Comisiones Obreras? Con estos padres uno casi espera que la niña nazca con el carné bajo el brazo. Sin embargo, «todavía no», responde Mari Cruz, poniendo el acento en el adverbio. O sea, que tiene esperanzas de que más adelante entre en el sindicato. Según explica, aún no ha tenido suficiente relación con el mundo laboral. «Ha estudiado teatro y educación social y hace poco empezó con las prácticas. Pero tiene muchas inquietudes sociales. Se declara feminista radical».

Ella también se reivindica como muy feminista, aunque de una época muy diferente. «Entonces había que pelear por todo porque no estaban reconocidos ni los derechos más básicos; el derecho al trabajo, a la eliminación de la dote, al divorcio, al aborto, a los anticonceptivos...».

Es consciente, dice, de que todavía queda camino por recorrer para la igualdad y que hay que mantener la lucha para consolidar derechos. Pero también defiende que es mucho lo logrado. «Y lo hemos conseguido las mujeres en todos estos años».

La evidencia de que aún falta terreno por conquistar es que nunca ha habido una mujer al frente de Comisiones Obreras a escala nacional. ¿Cuándo llegará la primera? Mari Cruz asegura que se ha avanzado muchísimo. «La estructura del sindicato ha evolucionado. Antes había muy pocas mujeres en los órganos de dirección y ahora, en la ejecutiva confederal, la presencia femenina es mayor», apunta. También alega que los sectores tradicionalmente más organizados desde el punto de vista sindical -la industria, principalmente- han estado, y siguen estando, muy dominados por hombres.

Ella ya va a marcar una nueva etapa en este sentido al tomar el testigo de Mercedes González, la primera mujer en asumir el exigente cargo de responsable de Acción Sindical en la ejecutiva confederal de Comisiones. Pero sin haber llegado a cumplir un año en el puesto falleció por una enfermedad que acabó con su vida de forma fulminante.

Mari Cruz ha aceptado el desafío de cubrir su hueco.

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