futuro imperfecto

El fundador del World Economic Forum, Klaus Schwab, atiende una conferencia. /REUTERS/Denis Balibouse
El fundador del World Economic Forum, Klaus Schwab, atiende una conferencia. / REUTERS/Denis Balibouse
GUILLERMO DORRONSORO

Entre el 22 y 25 de enero de este año 2019, el World Economic Forum vuelve a convocar a líderes políticos y empresariales en la pequeña aldea suiza de Davos. Desde su primera edición en 1991, este Foro se ha convertido en la referencia de la globalización, y sus análisis y predicciones son quizá las más influyentes para las grandes firmas, que en algunos casos acumulan más poder económico que muchos países.

Llevan años debatiendo sobre el presente y el futuro del empleo, y sobre las implicaciones que tiene ese futuro sobre la educación de las personas que deben afrontarlo, y sobre el mantenimiento del estado del bienestar. En general son tecno-optimistas, y nos cuentan que los robots no destruyen empleo, sino que lo transforman (a mejor, dicen ellos).

Sus predicciones coinciden con lo que nos van contando las estadísticas, los empleos estables, de duración indefinida, a jornada completa y en un lugar de trabajo fijo, van siendo sustituidos por esquemas de relación más flexibles (o más precarios, algunos prefieren este término). Alguno de sus informes, por ejemplo, llega a anunciar que en 2027 más de la mitad de los trabajadores en USA serán free-lance, es decir, trabajarán a tiempo parcial para varias empresas a la vez, con contratos asociados a la duración de proyectos y no tendrán un contrato laboral estable (lo que venimos a llamar autónomos, que ahora en España andan por el 16% del total de los trabajadores).

Por supuesto, Davos sugiere que es mejor no resistirse a este proceso, sino acogerlo con naturalidad, y empezar a pensar en cómo organizar nuestras vidas y nuestra educación en ese nuevo escenario laboral.

Nací en un mundo en el que la mayoría de los empleos eran con una misma empresa y para toda la vida. He crecido viendo como ese «para toda la vida» lo era cada vez para menos personas, y la mayoría afrontamos con normalidad la vida profesional sabiendo que no es probable que una misma empresa nos ofrezca un trabajo estable desde que acabamos los estudios hasta que nos jubilamos (aunque algunos todavía lo consiguen, y en la administración pública sigue siendo a día de hoy la norma).

Parece que antes de terminar mi recorrido laboral, nos toca asistir a la llegada de un siguiente nivel de complejidad e incertidumbre en el que muchas personas ni siquiera podrán esperar que una empresa les contrate a tiempo completo. Irá desapareciendo «la empresa a la que vas a trabajar», y tendremos que aprender a buscarnos la vida de formas más diversas…

Cuando pienso en ello, dudo si como sociedad nos interesa entrar en ese mundo de relaciones volátiles, empresas que usen a las personas como nosotros usamos los kleenex. Veo que puede ser más eficiente para la economía, pero no estoy seguro que a las personas nos vaya a traer más felicidad.

Puede ser que me esté ya haciendo mayor, y cada vez me den más pereza los cambios. O puede ser también que tengamos que recordar a los líderes de Davos, que la economía era para ayudarnos a vivir mejor, y a veces parece que se ha dado la vuelta, y ahora las personas somos las que servimos para que la economía funcione mejor.

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