La Catedral corona al Cardiff

El encuentro entre el Cardiff y el Gloucester restultó vibrante y los jugadores lucharon con ahínco por el triunfo./Borja Agudo, Luis Ángel Gómez y agencias
El encuentro entre el Cardiff y el Gloucester restultó vibrante y los jugadores lucharon con ahínco por el triunfo. / Borja Agudo, Luis Ángel Gómez y agencias

El Gloucester inglés tenía el partido controlado en la primera parte, pero la reacción galesa dio la vuelta al marcador y despertó a las gradas

JAVIER MUÑOZ

El silbato de Jèrome Garcès, usa el mismo desde hace quince años, se escuchó a las 21.00 horas en el estadio de San Mamés. A este árbitro francés, originario de Pau y exempleado de una empresa aeronáutica, le cupo anoche el honor de pitar el primer partido de la élite del rugby que ha conocido La Catedral, la final de la Challenge Cup, un torneo equivalente a la Europa League de fútbol. Y para el recuerdo quedará que el primer equipo que se llevó un título del balón ovalado en La Catedral fue el Cardiff de Gales, que se impuso al Gloucester inglés en un choque decantado al principio hacia los segundos, que con su juego agresivo descompusieron a la que se suponía una gran defensa rival. Pero la reacción del Cardiff en el tramo final del choque les dio una emocionante victoria por la mínima que encendió las gradas.

El choque fue un suculento aperitivo de cara la final de esta tarde, la que enfrentará por la Champions Cup al Leinster de Dublín y al Racing de París. Fueron los niños del Universitario Bilbao, que cumple medio siglo de vida, quienes se encargaron de extender sobre el césped las banderas de los clubes, que en el caso del Gloucester, club conocido como Cherry and White, no dejaban de ser los colores del Athletic, incluido el pantalón negro. Y entre los comentaristas acondicionados en la tribuna, uno de excepción fue el exinternacional de Inglaterra Lawrence Dallaglio. Nada podía empañar lo que era un acontecimiento: la primera vez que el nuevo San Mamés dejaba aparcado el fútbol para acoger un juego diferente. Y con dos equipos que, después de todo, el próximo año jugarán la Champions Cup, el torneo más importante en el rugby europeo de clubes

El partido comenzó con Gloucester más obligado a hacer su condición de favorito y a desquitarse de haber perdido la final de la Challenge el año pasado en Edimburgo ante el Stade Français. Pero el marcador lo abrió un tempranero golpe de castigo del apertura del Cardiff, Jarrod Evans, cuyo equipo había llegado a Bilbao con menos presión psicológica. Sin embargo, esa comodidad pronto se truncó. Los galeses sufrieron una baja relevante al retirarse lesionado el tercera Josh Navidi. Un mal presagio. El juego de delantera de los ingleses se impuso con un ensayo de Trinder y la posterior transformación. El Cardiff acortó distancias, pero el potencial táctico del Gloucester se hizo notar y los dos equipos acabaron peleando en terreno galés.

Un jugador del Gloucester trata de evitar el ensayo de un rival.
Un jugador del Gloucester trata de evitar el ensayo de un rival.

Buscar el ataque

Los de Cardiff habían llegado a Bilbao presumiendo de solvencia defensiva, pero a la media hora sufrían para contener a los rojiblancos, dirigidos por un entrenador sudafricano, Johan Ackermann, que realmente piensa como uno neozelandés, buscando el ataque. Sus jugadores tarde o temprano empujaban a sus rivales a su línea de veintidós. Eran ingredientes suficientes para que la hinchada inglesa se dejara notar, pero San Mamés se quedó un poco grande para ella. Tal vez se sintió lejos de su estadio de Kingsholm, para 16.000 espectadores y donde pasa por ser muy caliente. Aún así a los seguidores del Gloucester se los escuchó con nitidez tras el ensayo que el segundo centro Mark Atkinson anotó a poco de acabar el primer tiempo. Fue un zarpazo rematado por otro golpe de castigo que dejó un 6-20 a favor del XV inglés. El marcador hacía justicia realmente a lo que se había visto.

Los Cherry and White se estaban imponiendo con un rugby muy ofensivo y moviendo el balón de un lado otro, lo que impedía al zaguero del Cardiff, Gareth Anscombe, desarrollar su juego y aliviar a sus compañeros, que era lo que había prometido la víspera a los periodistas. Los constantes vaivenes del Gloucester, agresivos y arriesgados, acababan descosiendo la defensa galesa y echando por tierra la fama que la precedía

Todo parecía bastante decidido a la vuelta del descanso, pero el segundo tiempo insufló aire al Cardiff, que anotó tres ensayos y dio por completo la vuelta al partido (23-20). El Gloucester respondió con una jugada de delantera, metiendo a sus rivales en la zona de ensayo y adelantándose de nuevo, y así el partido parecía volver al esquema del primer tiempo, aunque con el Cardiff a tiro de ensayo y transformación (23-30). No se rindieron los galeses y cerca estuvieron de ensayar en dos ocasiones. Fue entonces cuando al Gloucester le llegó la hora de sufrir la intensa presión del Cardiff a falta de siete minutos, y los cánticos galeses se escucharon por fin en San Mamés.

Explosión de júbilo

Una explosión de júbilo sacudió el estadio con un ensayo fruto del ahínco del Cardiff y que Anscombe no pudo transformar. Sólo entonces las gradas despertaron, y aún más cuando el zaguero puso a su equipo en ventaja transformando un golpe de castigo (31-30). Llegó el emocionante final. Y el primer trofeo de rugby de San Mamés se fue al País de Gales.

 

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