Las nuevas normas del juego

Las nuevas normas del juego
e. c.

El fútbol afronta cambios en la reglamentación que, sin suponer novedades drásticas, matizan algunos mecanismos del partido

Iñigo Miñón
IÑIGO MIÑÓN

El fútbol nació 1863, en la Taverna Freemasons' de Londres, regido por un sencillo reglamento de catorce normas. Sin juez. Fiel a su origen como deporte de caballeros, inicialmente eran los dos capitanes quienes solventaban cualquier discusión. Fue a partir de 1891, tras la aparición de los penaltis, cuando el árbitro, hasta entonces un cronometrador en la banda, se convirtió en una figura con el poder de tomar decisiones inapelables.

Hoy hay cuatro colegiados en el campo y otros dos -o más, según la competición- en la sala de videoarbitraje. El fútbol evoluciona. La normativa, también. Las reglas cambian cada temporada, aunque sea unos matices, en busca de una mayor justicia y, a priori, en beneficio del espectáculo. Este curso no es la excepción. No son novedades drásticas, no tocan la esencia del juego como puede hacerlo el VAR, pero deben ser registradas por los protagonistas, aficionados incluidos, para ahorrarse protestas a destiempo.

Tratan de evitar artimañas para perder tiempo, por ejemplo. Desde ahora, el jugador sustituido debe abandonar el terreno de juego por la línea más cercana, ya no tiene que hacerlo por el centro del campo, salvo que el árbitro le indique otra cosa por motivos de seguridad, como evitar la zona de la afición contraria más radical. Esta norma quiere acabar con los retrasos a la hora de hacer los cambios, con ese futbolista que se va a la parte más lejana del rectángulo de juego cuando sabe que le ha llegado la hora del relevo, una situación que, en ocasiones, además, derivaba en protestas, trifulcas...

Tampoco se volverá a ver el clásico obstáculo humano en la barrera, el jugador incrustado en la muralla contraria con el fin de entorpecer a portero y defensas. Los atacantes deberán situarse a una distancia mínima de un metro de una barrera de tres o más piezas. Y a dos del lugar en el que se hace un saque de banda. Menos trabas para poner la pelota en circulación. También en el saque de portería: el balón estará en juego cuando sea golpeado y se mueva claramente, ya no tiene que salir del área -los atacantes deben estar fuera de esa zona hasta que esté en juego-.

Involuntariedad de la mano

Hay cambios más visuales, como que los miembros del cuerpo técnico puedan ser amonestados con tarjeta, amarilla o roja, cuando hasta ahora eran sancionados verbalmente. Si no se puede identificar al infractor, se sancionará al de mayor rango -generalmente el primer entrenador-. Retrasar la puesta en juego del rival o usar dispositivos electrónicos no autorizados serán motivos de expulsión. Dentro del campo, las protestas o insultos se penalizarán con tiro libre indirecto.

En el balón a tierra, la pelota será para el portero si el juego se detiene en el área, o para un futbolista del último equipo en tocarla si es fuera. Además, el partido se para si el esférico toca en el árbitro y un equipo inicia un ataque prometedor o cambia la posesión. Con normas más 'anecdóticas', como amonestar a un jugador que celebre un gol de manera antirreglamentaria aunque el tanto sea anulado, que el cancerbero pueda coger el balón si en una cesión falla en el intento de hacerlo con el pie o que, después de dos décadas, vuelve la opción de que el ganador del sorteo inicial pueda elegir entre el saque y el campo.

Después están las manos y su involuntariedad, abierta a interpretación. No se considera infracción si el balón viene rebotado -salvo gol a favor-, si el brazo está pegado al cuerpo sin ocupar un espacio antinatural o si en una caída está entre el cuerpo y el punto de apoyo.

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