Francia y Bélgica, sin chistes

Francia y Bélgica, sin chistes
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Llevaba unos años madurando y podemos decir que ya está en sazón. Nos referimos a la selección de Bélgica, que ayer eliminó a Brasil, lo cual, en un Mundial, siempre hay que calificar de magnicidio. Felicidades, pues, a Roberto Martínez y a sus jugadores. Han firmado una gesta y están a dos escalones del título. Dicho esto, seamos sinceros y confesemos que nunca hemos acabado de creer en los belgas. En la década de los ochenta, supimos de su existencia futbolística. Les vimos ser semifinalistas en el Mundial de México, disfrutamos de un gran Anderlecht, de un buen Brujas, admiramos a futbolistas como Pfaff, Gerets, Ceulemans, Nilis, Scifo... Pero la verdad es que nunca nos los tomamos demasiado en serio.

Hasta se nos figuraba un poco petulante que se llamaran así mismos los diablos rojos cuando daban tan poco miedo. Por supuesto, se trataba de prejuicios. Veíamos a Bélgica como un país soso al que sólo parecían unirle los cómics, la cerveza, los mejillones y las patatas fritas. Y entendíamos que los franceses hicieran chistes a su costa. Pero esta generación de jugadores que ahora dirige Roberto Martínez se merece no ya el respeto sino la admiración. Hazard, Courtois, Lukaku, De Bruyne... Aparte de una enorme calidad, de un sentido táctico que ayer brilló en una primera parte magnífica ante Brasil, a estos futbolistas se les nota la ambición en la mirada. Saben que están ante la gran oportunidad de sus vidas. A su manera, recuerdan a los jugadores españoles en Sudáfrica.

Se avecina pues una semifinal extraordinaria porque hay que reconocer que Francia comienza a impresionar. Y no estamos hablando de la calidad de su juego, sino de su solidez. A medida que pasan los partidos, 'les bleus' parecen cada vez más potentes y seguros de sí mismos. Ayer se llevaron a Uruguay por delante con una facilidad insospechada. Es cierto que la baja de Cavani hizo daño a los charrúas, pero la realidad es que no hubo color. Los uruguayos fueron como un barco pirata con una tripulación llena de tipos fieros y patibularios, todos con el cuchillo entre los dientes, dispuestos al abordaje. Imaginen la escena y no negarán lo bien que darían en ese papel de corsarios tipos como el Cebolla Rodríguez, Giménez, Godín, Luis Suárez... Su problema es que los franceses empiezan a parecer el portaaviones Charles de Gaulle. Y les pasaron por encima sin ningún problema.

Deschamps no es santo de mi devoción. Siempre tengo la sensación de que sus equipos podrían jugar al fútbol mucho mejor de lo que lo hacen. Y me irrita que, a la hora de elegir entre dos opciones, una más audaz y otra más precavida, siempre elija esta última. (Ayer, sin ir más lejos, prefirió tirar de Tolisso por la izquierda antes que poner a Lemar). Si fuera por los Deschamps de este mundo, el fútbol no sería lo que es. Eso está claro. Dicho esto, hay que reconocerle al técnico de Bayona que ha sabido imponer un régimen de competencia interna dentro de su selección de lo más benéfico. En Francia, que tiene tanta masa crítica de futbolistas que con los no convocados se podría hacer otra selección magnífica, el que se mueve no sale en la foto.

En eso, Deschamps ha sido valiente. En 'les bleus' hay que ganarse el puesto haciendo méritos y dejándose el pellejo. Hasta Pogba parece mejor pulido, trabajando a conciencia y haciendo las tonterías justas. Yo diría que diría que Francia se mira cada mañana en el espejo de Kanté, un futbolista fascinante que, en algunos partidos, se acerca a la omnipresencia. Siempre que le veo jugar no puede evitar recordar a Claudio Ranieri y su golpe de suerte. Quería un medio centro recuperador para el Leicester y le dijeron que el mayor recuperador de balones de las grandes ligas europeas era un chaval que jugaba en el modesto Caen. No le había vito jugar en la vida. Le fichó y hasta hoy. Campeón de Liga con el Leicester, al año siguiente con el Chelsea y jefe de máquinas de una Francia que se enfrentará ahora a un examen mucho más exigente de los que ha tenido hasta ahora. Bélgica es un rival temible. Seguro que a ningún francés se le ocurre hacer un chiste a su costa antes de la semifinal.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos