Espacios propios para tomar fuerza

Un grupo de chicas del Araski durante el encuentro del pasado fin de semana en Durana./H. madariaga
Un grupo de chicas del Araski durante el encuentro del pasado fin de semana en Durana. / H. madariaga

Los campus dirigidos a chicas normalizan el deporte y dan la oportunidad de que practiquen en las mismas condiciones que los chicos

OLATZ ALONSO

Como cada verano, los deportistas más jovenes cuentan con una amplia oferta para practicar la disciplina que más les gusta y los más aventureros tienen la oportunidad de acercarse a deportes que aún no conocen gracias a los campus de verano. Poco a poco, dentro de esas posibilidades, las propuestas enfocadas exclusivamente al deporte femenino aumentan y el éxito de las inscripciones certifica que el deporte atrae a niñas y niños por igual. Por ejemplo, el campus del Araski celebra este verano su séptima edición, el Deportivo Alavés y la Fundación Vital estrenan sendas semanas de actividades centradas en el fútbol femenino y el club de waterpolo Lautada ha organizado su primer campus dirigido a chicas. Todos con el objetivo de que puedan practicar y mejorar sus aptitudes en las mismas condiciones que los chicos.

En los espacios mixtos, normalmente los mejores recursos tienden a estar dirigidos a los grupos masculinos. Joseba Redondo, coordinador del campus del Araski, reconoce que «siempre» ha vivido esa realidad. «Los mejores entrenadores e instalaciones suelen ser para los chicos; las chicas quedan en un segundo plano», expone. De ahí la apuesta por un campus femenino, «para dar las mismas oportunidades». En esa línea, ha impulsado la Fundación Vital su primera actividad de fútbol femenino. La presidenta de la Fundación, Josune Albizu, considera que es momento de «hacer hincapié y volcarse con el deporte femenino porque no tienen las mismas opciones».

Estos campos, además, ofrecen la posibilidad de adaptar los ejercicios a las necesidades de las chicas. «Si analizamos los aspectos ténicos, tácticos y fisiológicos, vemos claramente que las necesidades de una jugadora son muy diferentes a los de un jugador de la misma edad», explica Dafne Triviño, coordinadora de la estructura femenina del Alavés, que este verano ha incorporado una sección destinada a niñas en su concentración internacional. «De esta forma, podemos trabajar en función de lo que nos requieren las participantes y así les aportamos un plus de calidad mayor», ejemplifica.

«Nuevos equipos»

El club Lautada también ha puesto en marcha su primer campus femenino de waterpolo desde esa perspectiva de adecuarse a la realidad de las deportistas. «Habíamos organizado nueve mixtos, pero veíamos que las niñas no terminaban de estar a gusto, dejaban de venir antes de que se acabase la semana», recuerda Félix Ruiz, vicepresidente del club. Ante esta situación, el Lautada ha optado por organizar uno dirigido exclusivamente a las chicas «para que conozcan el waterpolo en un entorno en el que puedan estar más cómodas». «Es importante generarles estos espacios para que puedan entrar en contacto con otras disciplinas», considera Ruiz, cuyo club aspira a «sacar equipos de base femeninos».

Pero estas actividades no solo afectan al tema deportivo. Generan también un efecto social, al normalizar la práctica femenina. «Las niñas ganan confianza y ven la importancia que tienen en el deporte. Nosotros, por ejemplo, trabajamos con las jugadoras del primer equipo, que pueden ser más referentes para ellas», ilustra Redondo acerca del caso del Araski.

El campus de la Fundación Vital también persigue ofrecer una visión más amplia de lo que es el deporte. «Aspiramos a que las chicas puedan plantearse que este mundo puede ser un camino profesional, ya sea como deportistas, entrenadoras, árbitras o directivas», defiende Albizu. Un primer paso para formar futuras campeonas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos